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7 de abril de 2020, 6:27:48
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Quim Torra busca la revancha del independentismo catalán en Twitter

Por Alonso Moleiro

Alonso Moleiro (ALN).- La presencia de Quim Torra en el poder es la expresión de la ruptura anímica, cultural y política que se ha producido entre parte de los catalanes y el Estado español. Malquerencias con un sesgo que luce irreversible, y que encuentran en los defensores de la unidad de España el registro de la otra cara de la moneda. La cuenta de Twitter de Torra, el presidente de la Generalitat de Cataluña, es la expresión de la tensa convivencia que mantienen el independentismo y Madrid. Torra debe ser tributario de una legalidad en la cual no cree y es miembro de un Estado que desea trascender.


El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra i Plá, le da continuidad al carácter desafiante, separatista y rupturista que ocupa hoy la máxima investidura catalana dentro del mapa de poder del Reino de España. Las fuerzas independentistas y españolistas mantienen un pulso muy cerrado en Cataluña, con una visible paridad de fuerzas, pero luego de contar los votos y concretar las alianzas legislativas correspondientes, han sido los separatistas quienes han venido ocupando invariablemente la silla del Poder Ejecutivo local en los últimos años.

Los dominios catalanes siguen siendo, entonces, de un tiempo a esta parte, voceros hostiles en la institucionalidad autonómica española. Ejercen un mandato inscrito en un marco nacional en el cual no creen y sienten que deben trascender. Ya no se trata del nacionalismo cordial, amigo de la Corona, de Jordi Pujol: Artur Mas, Carles Puigdemont, y ahora Quim Torra, han transitado un estrecho y empinado camino para hacer realidad sus deseos, en un contexto legal que les tiene prohibido aspirar a la separación, y que ha metido en graves problemas con la justicia a parte importante de la dirigencia del “procés”.

La cuenta de Twitter de Quim Torra está impregnada de la circunstancia que intentamos describir. En sus pronunciamientos se destila la identidad de la “senyera”, la bandera regional. En sus reflexiones queda asentado un sedimento, un distanciamiento, un sesgo antiespañol que luce irreversible. La cuenta está adornada con la vistosa foto del Palau de la Generalitat, la sede del Gobierno, y discurre completamente en catalán, el idioma que revela una declaración de intenciones y traza una línea en torno al debate dentro de España. Para parte importante de los catalanes, Cataluña es un proyecto nacional legítimo, que pervive enfundado en los dominios de un Estado nacional que lo controla.

Torra tiene este tuit fijado, correspondiente al momento en el cual asume su investidura.

(La libertad de Cataluña la hemos ganado. No hemos renunciado a ella, la hemos defendido pacíficamente y radicalmente. Para Cataluña y para la vida. Muchas gracias por la confianza. Abrazos.)

Militante por años de la Unión Democrática de Cataluña, Torra pasó luego a Esquerra Republicana Catalana y más tarde se alistó en el “Reagrupament”, una formación disidente. Es tenido como un independentista ortodoxo, que ha supeditado esta causa a las ubicaciones ideológicas o las lealtades partidistas expresas. De acuerdo a su interpretación, la única batalla pertinente en los dominios de la política local es la que enfrenta a los partidarios de la unidad de España con los independentistas.

(Esta tarde hemos recordado y agradecido en el nombre del pueblo de Cataluña el trabajo de @jcuixart y @jordialapreso. Hoy deberían haber estado con nosotros para defender las instituciones. ¡El 20-S comenzará el levantamiento del pueblo catalán en la lucha por la libertad!)

No volvió a ser la misma la política interna en Cataluña y España una vez que el nacionalismo constitucional, que tradicionalmente ha dominado las preferencias electorales, expresado en Convergencia Democrática, concretara su metamorfosis y emergiera el vigoroso movimiento independentista actual. Aquella sensación dormida, domesticada, disimulada, ha hecho eclosión luego de varios episodios apasionados, que tuvieron en la celebración de la Diada, la fiesta nacional catalana, una de sus espoletas más conocidas.

La caída de las caretas que obligaban a estos dirigentes a guardar las formalidades y la lealtad al Reino de España, el parto gestado por Artur Mas y luego por Carles Puigdemont, ha colocado el debate público en una intrincada circunstancia crónica marcada por la polarización. Con varios de sus compañeros de causa presos, este es el tono de Quim Torra al frente de la Generalitat: el tono de la polarización.

(Las conversaciones entre los jueces que se han conseguido atentan contra los principios básicos de la justicia. Son insultos y muestras de odio a la ciudadanía de mucha gravedad. Demuestran una absoluta falta de imparcialidad que rompe la poca confianza que se mantiene en la justicia española.)

(Exijo la dimisión del presidente del @PoderJudicialEs, que investigue a los autores y en qué causas están implicados, que la Fiscalía depure responsabilidades y liberen a los presos políticos, regresen a los exiliados y anulen las instrucciones en relación con el proceso de la independencia.)

(“Veremos la luz que ilumina el alba sobre el país y recordaremos a aquellos que han caído durante la noche”. Josep Irla, asesinado hoy hace 60 años. Su divisa: paz, justicia y la libertad de Cataluña. Seamos dignos de ellos.)

Bandera, juramentos, fetiches patrios, efemérides, escudos y compromiso. Aquí están la mayoría de las cosas que motivan e inspiran a Torra en las redes. Es la expresión en el Gobierno de un nacionalismo sin disimulos y sin apellidos; la aspiración política de la revancha. Un auténtico proyecto nacionalista, que se diferencia en mucho del existente en otras comunidades autónomas españolas, y que por su carácter devoto, ha sido criticado desde la acera opuesta por su actitud fanática y enemiga de la diferencia. La presencia de Torra en el poder, como antes la de Carles Puigdemont, condensa el desafío de parte importante de la ciudadanía catalana a los designios legalistas de los tribunales españoles y los deseos de Madrid.

(“Acostumbrado a esperar, las marchas se han convertido en hitos. Si a veces me detengo, brama el horizonte. No puedo olvidar las interminables rutas o la eterna canción”. Agustí Bartra. Evangelio del viento.)

(Hoy hace 4 años Escocia vivió su referéndum de independencia, acordado entre Edimburgo y Londres sin ningún drama. En las elecciones ganó el unionismo, pero la victoria fue para todos los escoceses, que gozan del reconocimiento internacional de su derecho a la libre determinación.)

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