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Leer puede ser también un negocio muy lucrativo

jueves 26 de enero de 2017, 15:49h
Elizabeth Fuentes (ALN).- Conseguir la firma de un escritor puede elevar el costo de su biblioteca a precios inimaginables. Desde primeras ediciones hasta poemas ilustrados por Picasso, el precio de la lectura llega incluso a las casas de subastas más famosas del mundo.
ALN: Mariana Zapata
ALN: Mariana Zapata
Si tenía el tiempo y las ganas suficientes, Gabriel García Márquez solía autografiar sus libros pintando una flor, ejercicio que solo regalaba a sus amigas o lectoras en un gesto de galantería poco usual en escritores de su escala. El dibujo, que hacía sin levantar el bolígrafo del papel, era sencillo y siempre el mismo. "Para ..., una flor", solía repetir la dedicatoria acompañada de su firma, un solitario Gabriel en letras grandes y fuertes, como si no necesitara en absoluto agregar sus famosos apellidos.

En minutos, con un solo gesto, García Márquez elevaba el precio de aquel ejemplar a diez o veinte veces su valor, al extremo de que hoy se consiguen algunas ediciones baratas y en mal estado, pero que contienen el dibujo y la firma del escritor, hasta por 200 dólares el ejemplar.

El Che Guevara también se detenía a pensar su dedicatoria como si estuviese escribiendo para la posteridad. Un ejemplar de La guerra de guerrillas -un libro pequeñito, en mal estado, editado clandestinamente en 1961 en honor a Camilo Cienfuegos- fue ofrecido en subasta por Sotheby’s de Nueva York el año pasado, comenzando la puja en 8 mil dólares. "Al general Juan D. Perón, de un oposicionista que está bastante evolucionadito. Con saludos revolucionarios, Che", decía la dedicatoria, toda una joya de colección para los nuevos millonarios socialistas de fortunas recientes con ganas de alardear. Aunque vale aclarar que la subasta se postergó un año más porque esa cifra inicial no sedujo a los compradores.
No firme los libros que compre porque los abarata
Pero si descubrir cuánto encarece un libro la firma de su autor es difícil, sí se sabe que el año de la edición lo catapulta. Basta con recordar el caso de un ejemplar de la primera edición de Cien años de soledad, robado en la Feria del Libro de Bogotá en 2015, uno de los 8.000 ejemplares que se editaron en 1967. Su portada -un arca blanca en cuyo interior crece un árbol- era de muy poco agrado del escritor, hasta que finalmente la cambiaron para la segunda edición de ese mismo año, porque el libro nació batiendo récords. El dueño del ejemplar perdido en Bogotá, Álvaro Castillo, tasó su precio en 25 mil dólares y tuvo la buena suerte de que la obra finalmente apareció. En 2012, un ejemplar similar se había vendido en 5.500 dólares, pero dicen los entendidos que de haber estado firmado pudo duplicar su precio hasta los 12.500 dólares.

Su firma no vale un centavo

La buena noticia es que hoy se consiguen ejemplares similares, algunos en muy mal estado, pero a precios más accesibles. Y si bien en Iber Libros la búsqueda de esa primera edición de García Márquez, firmada y en muy buen estado, arroja una cifra de 20.137 dólares, si se bajan las ambiciones ofrecen ejemplares sin firmar por 7 mil dólares. O si la obra está en muy mal estado y con la firma del propietario que lo vende, la cifra desciende a 2.464 dólares. Y aquí viene una advertencia: no firme los libros que compre porque los abarata.
La flor de García Márquez que acompañaba su firma

Una búsqueda exhaustiva en otras casas, especializadas en libros raros y usados, como Used Book Search y The Antiquarian Booksellers’ Association of America (ABAA), no condujo a ningún resultado para Cien Años de Soledad en su primera edición y firmada por el autor, lo que valoriza aún más la obra.

Menos suerte ha tenido su rival eterno, Mario Vargas Llosa, tan Premio Nobel como el Gabo. Ninguno de sus libros ha generado ni la pasión ni el interés de los coleccionistas. La Casa Verde, primera edición y firmada por el autor, se ofrece en 500 dólares. Otro latinoamericano de peso, Julio Cortázar, tampoco logra más de 750 dólares por Fantomas contra los vampiros multinacionales, firmado, primera edición. Aunque el manuscrito original de su famoso cuento “Casa tomada” se ofrecía el año pasado en 200 mil dólares durante una exhibición de literatura latinoamericana llevada a cabo por el librero John Bronowsky, un coleccionista de la obra de Jorge Luis Borges.

De modo que con toda esta información a cuestas, ir en busca de libros raros, viejos o usados en rastros, ferias y anticuarios puede tener un valor agregado a la simple lectura. Por ejemplo, un clásico de la literatura universal, como el Ulysses de James Joyce, ilustrado por Henri Matisse, alcanza fácilmente los 7 mil dólares si el ejemplar está en buen estado. Pero si lleva la firma de Joyce y Matisse, habría que celebrar porque el descubrimiento significa 30 mil dólares que se le suman a la biblioteca del comprador. O si se trata de Ficciones, de Jorge Luis Borges, ilustrado por el norteamericano Sol LeWitt, edición en inglés, valdría la pena arriesgarse a desembolsar los 600 dólares que exigen en ABAA porque LeWitt es un creador que muestra una interesante línea ascendente en cuanto a la apreciación de su trabajo.

Un libro dedicado por el Che Guevara a Juan Domingo Perón terminó en Sotheby’s

Aunque en el área de libros ilustrados por apellidos del tamaño de Picasso o Dalí, la búsqueda debe incluir a las casas de subastas porque cada libro se considera una obra de arte en sí mismo. Y si está firmado por alguno de los autores, la cifra se dispara. El libro Góngora, por ejemplo, donde Picasso ilustró cada uno de los veinte poemas, alcanzó en Christie’s la suma de 40 mil dólares en 2008. Y La Metamorfosis, de Ovidio, también ilustrada por el genio malagueño, ha logrado superar los 200 mil dólares, mientras que la Divina Comedia, con grabados de Salvador Dalí, elevó la puja en Sotheby’s el año pasado hasta los 11 mil dólares.

De allí que, a riesgo de lucir pedantes, los escritores -como los beisbolistas- se muestran cada vez más reacios a firmar sus trabajos y exigen pocas horas, y precisas, para cumplir con el rito de la firma. Se niegan, pues, a convertir su esfuerzo en una mercancía al mejor postor, en medio de una transacción por la que no obtienen ni un céntimo en las ganancias. Y aquí es donde viene la peor parte porque hacer la cola, salir con el libro firmado y guardarlo en la biblioteca hasta el día en que lleguen las vacas flacas, puede ser un negocio mucho mejor que pasarse la vida en solitario escribiendo atormentado esa obra por la cual nunca obtendrá ni la mitad del dinero que logró aquel avisado o sortario comprador que no hizo más que pagar e irse.

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