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Michel Temer dice que sigue siendo el rey

martes 23 de mayo de 2017, 10:00h

Alonso Moleiro (ALN).- En medio de acusaciones de corrupción y solicitudes de renuncia, el presidente de Brasil tiene una cuenta en las redes en la que desarrolla una compleja labor: acusar a sus adversarios de orquestar un plan para deponerlo, y ofrecer la sensación de que todo marcha de lo más normal.

En el Twitter de Temer no puede verse lo que dicen sus críticos / Flickr: PMDB Nacional
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En el Twitter de Temer no puede verse lo que dicen sus críticos / Flickr: PMDB Nacional

En el pináculo de una severa tormenta política que lo mantiene arrinconado en el ejercicio de gobierno, en la cuenta de Twitter del presidente de Brasil, Michel Temer, se escuchan los ecos de una proclama: aún estoy de pie. Todavía, hasta nuevo aviso, soy el presidente de Brasil.

Un recordatorio que parece lanzado a sus enemigos y a los indiferentes, pero que a ratos parece tener un cariz personal; en clave de ayuda-memoria. El presidente soy yo.

Temer arribó al Palacio de Planalto, en Brasilia, luego de un comentado proceso parlamentario, el famoso “impeachment”, que forzó la renuncia de su antecesora y adversaria, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), luego de una secuencia de escándalos de corrupción que estremecieron el debate interno de este país, y que salpicaron, también, a Luiz Inácio Lula da Silva, aquel obrero amigable que encarnaba el milagro económico brasileño.

Un recordatorio que parece lanzado a sus enemigos y a los indiferentes: El presidente soy yo

En su arribo al gobierno, como muchos lo previeron, Temer parece haber traído consigo su propio portafolio de escándalos. Su mandato, sin dudas constitucional, porta un objetivo aroma de inestabilidad.

Tal circunstancia lo tiene contra la pared, con una investigación judicial en su contra por corrupción, y el asedio, de forma implícita, se siente en sus redes. No puede oírse ni verse lo que de él están diciendo sus críticos, que, entre otras cosas, le piden, también, como a Rousseff, que salga del gobierno.

Pero igual la presencia de ellos se palpa. Varios observadores y agencias de noticias, al corriente de las circunstancias, apuntaban en su momento el complejo panorama que, por esta misma causa, iba a conformar su interinato en la Presidencia.

Así las cosas, desde el 18 de mayo, Temer colgaba en su cuenta certificada un pronunciamiento en el cual se defendía ardorosamente de las acusaciones hechas en su contra, y contratacaba acusando a sus adversarios de orquestar un plan para perjudicar la economía de Brasil.

El discurso fue desglosado en cinco o seis tuits, y carga consigo el estribillo: “No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey”. Temer no renuncia: prefiere que lo destituyan.

“Digo con toda seguridad que permaneceré frente al Gobierno” (20 de mayo).



Dos días antes, probablemente buscando contexto, Temer acusaba recibo del obsequio de un ejemplar de la Biblia, de manos del pastor Samuel Cámara.

Mientras capea las tormentas, Temer, como otros presidentes en situación de asedio, emite en Twitter pronunciamientos cotidianos, que afiancen la idea de que se encuentra al mando, gobernando en rutina, y que lo colocan ante la paradójica circunstancia de tener que estar denunciando un complot en su contra mientras se empeña en demostrar que todo está perfectamente normal.

Un cierto parecido con su colega antecesor, Fernando Collor de Mello, evidencia, a veces, Michel Temer. Han sido presidencias que están escuchando la palabra “renuncia” desde sus días de gestación.

Temer ha sido un mandatario que llegó trepado en una plataforma política que presentaba desperfectos. Sus enemigos parecían estarlo esperando para investigarle la vida, y devolver, de nuevo, la pelota al Partido de los Trabajadores, algunos de cuyos dirigentes más esclarecidos, después de todo, también cargan consigo graves señalamientos de corrupción.

Alonso Moleiro

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