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Desde Hollywood Edgar Ramírez lucha por Venezuela

Alonso Moleiro (ALN).- La cuenta de Twitter del actor venezolano Edgar Ramírez tiene, por los días que corren, un eje temático fundamental: la crisis política, social y económica que vive su país. Ramírez, de momento, solo tiene ojos y oídos para el pozo profundo donde yace Venezuela. De ahí extrae voces y comparte ejemplos, todos los días, para denunciar y hacer del conocimiento mundial la tiranía de Nicolás Maduro. La gala, la alfombra roja y las entrevistas sobre sus proyectos futuros parecen guardados para después.
Edgar Ramírez asume con todas las letras su posición política / ALN: Mariana Zapata
Edgar Ramírez asume con todas las letras su posición política / ALN: Mariana Zapata

Por estos días, el actor venezolano Edgar Ramírez ofrece, entre su portafolio personal de inquietudes, un aspecto por demás notorio: una indignación indigesta, y una angustia que se ha transformado en una postura crónica, en torno al caótico devenir de su país en medio del desafortunado gobierno de Nicolás Maduro. Este es, a la fecha, el motivo fundamental que domina su ánimo. Como muchos venezolanos -y como muchos artistas- Ramírez canaliza sus intereses y orienta sus esfuerzos divulgativos en las redes para denunciar, y retratar de cuerpo entero, las tropelías de Maduro.

La estrella de la saga Furia de Titanes y de Hands of Stone; ganador del Premio César; nominado a un Globo de Oro y un Emmy, tiene inscrito el nombre de su país en la foto apaisada que domina su cuenta de Twitter con más de 1.270.000 seguidores. Como ha sucedido a otras celebridades del pasado y del presente, a Ramírez le ha tocado conjugar su ascenso artístico con las preocupaciones políticas, las denuncias sobre derechos humanos y los temas desprovistos de estética.

A primera vista, y este es un rasgo que lo enaltece, Ramírez no se envuelve en la leyenda de su éxito personal para sustraerse o protegerse del complejo epicentro emocional venezolano. Lo que evidencia su cuenta es precisamente lo contrario: la amenaza existencial que pende sobre este país lo tiene, como a muchos de sus compatriotas, de cabeza, asumiendo con todas las letras las consecuencias de su posición política.

Desde el 30 de julio, fecha que escogió Nicolás Maduro para llevar adelante su controvertido proceso constituyente, Ramírez tiene un tuit fijado, que se trajo de Instagram, en el cual razona su postura opuesta y alerta a sus seguidores en torno a las verdaderas intenciones de Maduro: consolidar un estado de impunidad dictatorial, forjando una legalidad espuria, que les permita continuar gobernando, sin votos, en procura de sus propios fines.

Un poco más reciente es el que aparece a continuación: un retuit hecho al prestigioso intelectual mexicano Enrique Krauze. Una reflexión sobre las tiranías que también le hace perfecto juego a la situación en Venezuela. También hay algunos retuits colocados a personalidades, intelectuales o activistas conocidos en el debate de Venezuela.

Embajador de Buena Voluntad de Unicef, Ramírez, nacido en la zona andina de Venezuela, tuvo una exitosa y prolífica pasantía por el cine y la televisión de su país, antes de su consolidación internacional.

La cercanía de Ramírez con la tragedia venezolana, sin embargo, no es en absoluto reciente. Edgar Ramírez se ha ido convirtiendo en una de las figuras que han documentado con mayor método y alcance los contenidos de la dictadura madurista. Para eso, ha sabido hacer equipo con otros artistas, actores, compositores y colegas del medio artístico. El día 30 de julio, fecha de la instalación de la Constituyente de Maduro, estuvo muy activo en las redes, denunciando la imposición fraudulenta y haciéndose eco de otras vocerías a través del retuit.

Porque, como les sucede a muchos otros, en todos los tiempos y latitudes, Edgar Ramírez podría hacer uso de su cláusula de estrella internacional para tomar distancia de las tormentas. Concentrarse en su ascenso y en el disfrute de sus logros. Construir un relato en el cual quepa solo el aplaudido historial de su éxito. Pavonearse, legítimamente, con su notoriedad, sus películas, con su reconocimiento y sus amistades. A fin de cuentas, aquello no se lo ha regalado nadie.

Pero no: Ramírez usa las redes, y su alcance en ellas, para llevar el correo en la dirección opuesta: para reportar el sufrimiento de sus compatriotas ante un gobierno forajido, en este, el universo de la gala y la consagración artística de Hollywood. Es una muestra de sensibilidad y nobleza que lo destaca como ciudadano. Para él, también, en estas lides, vale la pena el aplauso prolongado.



Alonso Moleiro

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