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Cómo gestionan mal el agua Costa Rica, Paraguay, Brasil y Bolivia

Daniel Gómez (ALN).- En Costa Rica abunda el agua pero son incapaces de suplir las carencias de los agricultores y empresarios en periodos de sequía. Paraguay y Brasil, dos potencias hidroeléctricas a nivel mundial, sufren problemas de escasez por una mala gestión. Y Bolivia esperó a sufrir una de las mayores crisis hídricas de su historia para tomar conciencia de que el agua es un asunto de Estado.

La gestión del agua preocupa en Latinoamérica. Hay infraestructuras deficientes, problemas de acceso y conflictos entre sectores. Por ejemplo, en Costa Rica abunda el agua, pero las épocas de sequía siempre son sinónimo de problemas. En Brasil la energía hidroeléctrica significa más de 80% de la producción nacional pero los embalses generan conflictos con los agricultores. Bolivia tuvo que sufrir una de las mayores sequías de su historia para declarar el agua como un asunto de Estado. Y Paraguay, país con recursos hídricos de sobra para ser autosuficiente, no consigue serlo porque falta un plan nacional.

Los retos de estos cuatro países fueron expuestos en el tercer foro Diálogos del Agua celebrado este lunes en la Casa de América de Madrid. En representación de Costa Rica habló Edgar Gutiérrez, ministro de Ambiente y Energía. El país centroamericano se encuentra en el trópico, lo cual lo expone a abundantes tormentas y huracanes, pero también a pronunciados periodos de sequía -de hasta tres años- debido al fenómeno meteorológico de El Niño.

Aquí aparecen las dificultades. No en materia de consumo: “99% de los costarricenses tiene acceso a agua potable”, pero sí en cuestiones de uso para actividades agrícolas y turísticas.

Precisa el ministro que: “El conflicto no surge porque no tengamos agua. Surge porque el recurso se hace escaso”. Y esto es así por dos motivos. Primero, por las infraestructuras. Apunta que estas tienen “un rezago de entre 20 y 30 años” y en lo que se refiere a tecnologías de saneamiento, “un problema de 5.000 millones de dólares”. El segundo conflicto surge de la siguiente interrogante: “¿Para qué queremos el agua cuando es escasa? ¿Para regar el campo o para llenar piscinas?”.

En ambos casos, la solución pasa por “la gobernanza”, sostiene Gutiérrez. Por un lado, el Estado tiene que invertir para mejorar la calidad del alcantarillado y los acueductos para que no haya problemas de saneamiento, y por otro, las autoridades costarricenses deben definir con exactitud qué porción del agua le corresponde a cada quién para que sepa administrarse en épocas de sequía.

No basta con ser una potencia hidroeléctrica

“La gobernanza” también es la solución a los problemas de Paraguay. Su potencial hídrico -es uno de los principales productores de energía hidroeléctrica a nivel mundial- debería bastarle para suplir las carencias de la población. No obstante, la cobertura del agua y del saneamiento aún sigue siendo un reto para el Estado.

Dice Claudia Crosa, directora de Agua Potable y Saneamiento de Paraguay, que “falta un liderazgo fuerte”. Y eso ocurre porque “no existe un plan nacional del agua”. De ahí los problemas de coordinación en la gestoría sectorial a los que alude Crosa.

“Hay que saber qué protagonismo tiene cada uno. Por una gran ausencia del Estado los privados asumieron muchos roles. Tenemos 4.000 prestadores de agua potable en Paraguay que hay que regular. Hay porcentajes muy bajos de agua potable y de acceso, así como una deficiencia de 5.850 millones de dólares a corto plazo”, subraya.

Paraguay y Brasil son socios en la represa Itaipú / Foto: Gobierno de Paraguay

Como solución, Crosa pide “una fuerte inversión pública”. Y sentencia: “No tratamos bien nuestros recursos. Vemos la necesidad de un remplazo de fuentes de agua que realmente pueda suplir la necesidad del agua. Necesitamos volver a la planificación estratégica sectorial. Es nuestro desafío principal”.

Al igual que Paraguay, Brasil es uno de los grandes productores de energía hidroeléctrica a nivel mundial. Ambos son socios en la represa de Itaipú, ubicada en la frontera sobre el río Paraná. Este embalse ostenta el récord de ser “la mayor productora de energía del planeta” al producir 103.098.366 megavatios/hora en 2016. Y Brasil, al que Paraguay, sufre problemas de escasez entre su población por una mala gestión del agua.

Para frenar estas deficiencias, Vicente Andreu, presidente de la Agencia Nacional del Agua de Brasil, plantea una medida que bien podría ser válida para cualquier país: “Integración, tiene que haber integración entre sectores y usuarios para establecer una perspectiva más completa”. Sin embargo, sobre el escenario brasileño, el país más extenso de Latinoamérica, la palabra integración cobra aún más relevancia: “Es necesario tener una gobernanza entre las provincias responsables del agua”, subraya.

La otra propuesta de Andreu tiene que ver con las hidroeléctricas. “El usuario energético es muy importante en Brasil, pero provoca problemas”. Problemas que tienen que ver con los modelos de operación de los embalses, muy ineficientes. “Hace falta una nueva relación del agua con el medioambiente”, concluye.

La gran sequía de Bolivia

El último caso es el de Bolivia. A finales de 2016 el país vivió una de las peores sequías de su historia. Llegó a tal extremo que el Gobierno calificó la situación de “emergencia nacional”. Aquello fue un punto de inflexión que obligó a las autoridades bolivianas a considerar el agua como un asunto de Estado.

Carlos Ortuño, ministro de Medio Ambiente y Agua de Bolivia, vivió todo aquello y ahora anda inmerso en la estructuración de un plan para garantizar la seguridad hídrica. “El reto más complejo es primero construir una política pública y las capacidades de enfrentarla desde un punto de vista integral. Que aborde los sectores locales, regionales y estatales”.

La sequía llegó a tal extremo que el Gobierno calificó la situación de “emergencia nacional"

El ministro también alude a la necesidad de plataformas para visualizar las necesidades de los ciudadanos. “En el caso boliviano necesita tener en cuenta los usos tradicionales de nuestros indígenas, lo que hace más compleja la construcción participativa”.

Ortuño añade que lo primero es la estabilidad. “Hace falta equilibrio para garantizar el servicio básico. Bolivia tiene la necesidad de establecer elementos de comunicación intersectorial, que no existen, e invertir para mejorar la calidad de las infraestructuras”. Luego vienen los desafíos de desarrollo. “En el país avanzamos hacia las energías renovables, y nuestro potencial hídrico es el mismo que el de otros países tropicales. Necesitamos llegar a un acuerdo con la empresa para responder a las necesidades de todos”, concluye.

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