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La arquitecta que aprendió finanzas y coronó Silicon Valley sin diseñar ningún edificio

domingo 19 de noviembre de 2017, 09:00h
Daniel Gómez (ALN).- Chantal Cox es responsable de producto en Credit Karma, una de las empresas más pujantes de Estados Unidos. Estudió arquitectura, pero su trayectoria ha transcurrido al margen del oficio. Sin embargo, sí ejerce de arquitecta. No de edificios, sino de datos.

Chantal Cox se licenció como arquitecta en la Escuela de Arquitectura de Versalles, París, en 2011. No ejerció como tal, sino que siguió aprendiendo finanzas, comunicación y tecnología en Madrid, Barcelona y California. Luego se asentó en San Francisco, donde trabajó para eBay. Después escaló hasta una de las startups más pujantes de Silicon Valley y finalmente fundó su propia empresa.

Cox creó Head First en 2015. Esta consultora para startups ya ha trabajado con unas 50 empresas de Estados Unidos, España, Francia, Escocia, Suecia y Suiza. Su objetivo no es otro que el de hacer triunfar estas ideas de negocios, que por lo general resultan un fracaso.

Dice la empresaria al diario ALnavío que Head First entrena a los emprendedores para que las startups sean exitosas. “Lo que hacemos es llevar experiencias a esta gente que no sabe cómo explotar su idea. Les entrenamos para que sean buenos emprendedores y lleven su producto al MVP (Minimum Viable Product)”.

Chantal Cox busca CEO para su consultora Head First / Foto: Casa de América

El MVP, tal como dice su traducción del inglés, es aquel producto mínimo viable que permite a la empresa validar su negocio. “Si casi el 90% de las startups fracasan, nosotros reducimos 20% ese fallo”, asegura Cox.

Como un doctor con su enfermo, Head First hace primero un diagnóstico para luego aplicar la receta. “Identificamos el producto que ofrecen y en función de la madurez del mercado proponemos un plan de entre tres y seis meses. Luego hacemos revisiones semanales, diseñamos estrategias personalizadas y tratamos de situar la idea en la rampa de despegue”.

Una rampa que, como asegura Cox, no aprovechan los emprendedores de Latinoamérica. “Sólo recuerdo trabajar con una empresa de Brasil, del resto de países no recuerdo ninguna más. Una pena”, comenta.

Nuevas responsabilidades en Credit Karma

Pese a las buenas perspectivas de Head First, inmersa en estos momentos en un proceso de renovación, Cox está buscando nuevo CEO: “No tengo tiempo y me gusta hacer las cosas bien”.

No tiene tiempo porque desde julio de 2017 ocupa un cargo de altas responsabilidades: senior product manager de Credit Karma. Esta empresa de Silicon Valley multiplicó por dos sus ingresos y facturó 500 millones de dólares en 2016. Así es como se convirtió en una de las más pujantes del núcleo tecnológico de Estados Unidos.

Credit Karma facturó 500 millones de dólares en 2016 ofreciendo servicios de crédito gratuitos

Detalla Cox que Credit Karma recopila datos de los productos financieros “de todos los grandes bancos de EEUU”. Luego, en su aplicación de internet, que usan más de 70 millones de personas, ofrece un informe de crédito y monitoreo con el que consiguen clientes para las entidades. “Ofrecemos productos bancarios gratuitos, y facturamos este dinero gracias a las comisiones de los bancos. Captamos clientes de alto valor”, señala.

El éxito de las operaciones de Credit Karma descansa en una potente estrategia de big data. No podía ser de otra manera con tal volumen de clientes. Y es precisamente en esta tecnología en la que se concentra Cox. Por un lado, construyendo canales de captación de nuevos usuarios, y por otro, reactivando la interacción de otros ya apuntados a Credit Karma.

Head First funciona como rampa para hacer escalar a las startups / Foto: Cambridge University

Trabaja de arquitecta, pero no con planos, sino con datos.

Por último, Cox, a modo de consejo y valiéndose de la experiencia recopilada, recomienda no lanzarse al big data por una cuestión de moda. “Cuesta mucho dinero, y si inviertes en big data es porque vas a generar valor. Si pones 1.000 millones de dólares y consigues 6.000 millones tiene sentido. Si no, no”, concluye.

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