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Cómo ser príncipe saudí y estar encarcelado en el hotel Ritz-Carlton de Riad

Elizabeth Fuentes (ALN).- El fiscal general de Arabia Saudí, Saud Al-Mojeb, reveló que son 208 los detenidos por corrupción pero se niega a ofrecer los nombres de los ricos y famosos que están alojados en el hotel Ritz-Carlton de Riad en calidad de presos. Este hotel cinco estrellas tiene 492 lujosas habitaciones que están ocupadas ahora por príncipes y ministros saudíes, protagonistas y escenografía impecables donde se podría filmar la película del siglo.
208 príncipes y ministros detenidos por corrupción se dan la gran vida en el hotel Ritz-Carlton de Riad / ALN: Mariana Zapata
208 príncipes y ministros detenidos por corrupción se dan la gran vida en el hotel Ritz-Carlton de Riad / ALN: Mariana Zapata

La historia podría dar pie a más de un film donde todos los elementos del complot dramático son suculentos: un hotel de lujo lleno de príncipes y ministros acusados de corrupción, donde sólo faltaría una mujer involucrada para que el asunto también tuviese su dosis de sexo. Para garantizar el éxito en taquilla, nada mejor que poner de protagonista al príncipe Alwaleed bin Talal, considerado el árabe más rico del mundo, dueño de participaciones en Citigroup, Time Warner y Twitter, entre otros y, como ironía máxima, propietario de dos hoteles de lujo -el Savoy de Londres y el Monte Carlo en Mónaco-, similares en ostentación al Ritz-Carlton de Riad que ahora tiene por cárcel.

Para completar el elenco, bastaría con mirar a su más reciente exesposa -la cuarta en su pública vida amorosa-, una princesa hermosísima comparada por la revista Vanity Fair con una miss: “Por su larga cabellera azabache, sus medidas de infarto, su ropa de diseño y sus impresionantes ojos, Ameerah al Taweel bien podría ser una candidata a Miss Mundo”.

La historia de amor de la Bella y el Príncipe está rodeada de chismes, como que se conocieron cuando ella era una colegiala y se enamoraron 10 años después

Esta historia de amor de la Bella y el Príncipe está rodeada de chismes, como que se conocieron cuando ella era una colegiala y se enamoraron 10 años después. O que el príncipe era novio de su hermana pero fue Ameerah quien terminó ganando la joya de la corona. Lo cierto es que la joven, 28 años menor que su famoso ex, se graduó en Business en una universidad de Estados Unidos y es considerada una celebrity en Arabia Saudí debido a sus ideas avanzadas, como por ejemplo haber manejado autos durante sus visitas al exterior o defender la igualdad de las mujeres en la medida en que esto es posible en la región. El matrimonio apenas duró dos años pero, según la prensa árabe, “ambos continuaron siendo buenos amigos”.

En Instagram, la cuenta de fans de Ameerah básicamente publica fotos de ella, de joyas y de relojes. Pero sobre las razones de su divorcio o su vida sentimental en el presente, ni una letra.

Poder, dinero y marketing

La corrupción en Arabia Saudí es sólo parte de la trama de esta historia. Porque si bien el fiscal general Saud Al-Mojeb dijo a la prensa árabe que llevaban tres años investigando y que, hasta hoy, son 208 las “personas llamadas para ser interrogadas” (siete han sido liberadas sin cargo), también agregó que la escala potencial de las prácticas corruptas que se han descubierto es muy grande y que “al menos 100.000 millones de dólares han sido mal utilizados a través de la corrupción sistemática y la malversación de fondos durante varias décadas”.

Encerrados en el Ritz-Carlton (algunas fotos muestran a varios detenidos acostados en el piso), los acusados hasta ahora sólo han sido objeto de suspensión de sus cuentas bancarias. “A fin de garantizar que las personas continúen disfrutando de todos los derechos legales que les otorga la legislación saudí”, dijo el fiscal, y reiteró que la actividad comercial en el reino no se verá afectada por estas investigaciones.Se especula que todo podría ser un golpe publicitario extremo del rey Salman ben Abdulaziz / ALN: Mariana Zapata

Pero detrás de todo el asunto existe, además de la ya calificada como “Guerra de Tronos”, una estrategia del Gobierno árabe para limpiar su imagen como socio económico confiable. De hecho, casi toda la prensa se ocupa de informar sobre proyectos de desarrollo -mencionan 21 sólo en la ciudad de Medina a un costo de más de 7.000 millones de riales- o la adquisición de 142 aviones A380 por 61.000 millones de dólares, todo con miras a hacer creer que la situación del reino es normal.

Una investigación llevada a cabo por Gallup concluyó que 65% de los estadounidenses valoran negativamente a Arabia Saudí -el año pasado era 55%- y que la población en las grandes potencias occidentales cada vez mira con mayor desconfianza al reino. En Estados Unidos 37% tiene una visión favorable, mientras en Francia y Alemania sólo 25% y en Reino Unido 39% . Cifras que, según Eckart Woertz, experto en el Golfo Pérsico del think tank CIDOB, indican que la opinión pública está cada vez más en contra de Arabia Saudí “y esto es muy peligroso para ellos, porque podría complicar las relaciones políticas con sus aliados y hacer más difíciles las ventas de armas”.

Los vendedores de armas podrían estar tras bambalinas moviendo sus hilos de oro para poder seguir haciendo lo suyo

Entonces la jaula de oro en la que tienen encerrados a los príncipes Meteib ben Abdullah, Khaled Tuweijiri, Al Walid Ibrahim, Adel Faqieh y Turki ben Naser, dueño de la sociedad Barcelona Project y del Hotel Juan Carlos I en la capital catalana -entre otros cientos de acusados-, pasaría a formar parte de un golpe publicitario extremo del rey Salman ben Abdulaziz con miras a retomar la confianza de los grandes capitales occidentales. Y aunque suene exagerado -y el ingrediente final del film-, los vendedores de armas, como siempre, estarían detrás de bambalinas moviendo hilos de oro para poder seguir haciendo lo suyo.

Mientras tanto, el príncipe Alwaaled bin Talal, el hombre más rico de Arabia, el filántropo que llegó a decir que donaría toda su fortuna para construir un mundo mejor, seguirá durmiendo en quién sabe cuál habitación del Ritz-Carlton de Riad y comiendo fuerte a las ocho en punto de la noche, como aseguró en alguna entrevista, sin el séquito que le seguía los pasos y mucho menos algún retrato suyo alrededor, como solía estar acostumbrado a ver en su palacio de Riyadh con 420 habitaciones sólo para él.
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