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La periodista que quiere gobernar Chile con una experiencia de sólo 8 meses en política

jueves 16 de noviembre de 2017, 15:00h

Leticia Núñez (ALN).- Beatriz Sánchez arrancó su andadura en el mundo de la política el día que anunció que sería candidata en las elecciones presidenciales de este domingo. Las encuestas la sitúan en tercer lugar, por detrás del favorito Sebastián Piñera y de Alejandro Guillier, uno de los seis aspirantes de izquierdas al Palacio de La Moneda. Sánchez pretende impulsar la nacionalización de empresas, acabar con el sistema privado de pensiones e incorporar los temas de género a la agenda nacional.

Sánchez quiere subir los impuestos a las empresas que explotan los recursos naturales / Twitter: @elfrente_amplio
Sánchez quiere subir los impuestos a las empresas que explotan los recursos naturales / Twitter: @elfrente_amplio

Hasta hace ocho meses, Beatriz Sánchez no estaba vinculada a la política. Es más, su experiencia en este ámbito comenzó el 21 de marzo, día en el que anunció que estaba dispuesta a asumir la candidatura del Frente Amplio para gobernar Chile. La trayectoria profesional de esta periodista había transcurrido en el mundo de la radio y la televisión. Trabajó en algunas de las principales cadenas informativas del país y en 2014 fue premiada como la “Mejor Periodista Televisiva”. Ni siquiera quienes trabajaron con Sánchez pensaron que emprendería una aventura hacia el Palacio de La Moneda para intentar convertirse en la sustituta de Michelle Bachelet.

“Jamás en la vida la imaginé de candidata”, contó al periódico La Tercera uno de sus excompañeros. “No me lo habría imaginado”, dijo otro, que ve muy difícil que Sánchez pueda volver al periodismo. “Probablemente se tendría que reinventar desde una posición más editorial o seguir en política. La Bea tomó un riesgo y lo tomó asumiendo todas las consecuencias”.

Sí, Sánchez cambió de piel. Dice la propia candidata en su programa que tras años “de ser testigo de las profundas desigualdades que sufre Chile, de ver a los ciudadanos siendo tratados como simples consumidores”, decidió arriesgarse y tomar este “gran desafío y demostrar al país que no es necesario ser parte del 1%, ni tener un apellido vinoso [aristocrático] o haber salido de un colegio de élite para llegar a la Presidencia”.

“Ha mostrado la frescura de los nuevos candidatos, pero le falta experiencia”

Tras ser elegida en las primarias del Frente Amplio, en las que se midió con el sociólogo Alberto Mayol, comenzó a subir en las encuestas. La ilusión se apoderó del partido. No obstante, a finales de octubre les llegó una gran decepción: un sondeo del Centro de Estudios Públicos de Chile (CEP) situó la intención de voto de Sánchez en 8,5% frente a 17,9% de la encuesta anterior.

En el último sondeo antes de los comicios del 19 de noviembre, publicado el 3 de noviembre, ya que la nueva ley electoral prohíbe la difusión de estudios de opinión pública 15 días antes de la cita con las urnas, Sánchez se situó en tercer lugar con un 14% de apoyos, por detrás de Sebastián Piñera (45%) y de Alejandro Guillier (23%).

Cuenta con el respaldo del Movimiento Autonomista, Revolución Democrática, el Partido Humanista, Izquierda Libertaria, Izquierda Autónoma, Poder Ciudadano, el Movimiento Democrático Progresista y el Partido Ecologista Verde. En las pasadas elecciones, votó por Bachelet, de cuyo gobierno ha dicho sentirse decepcionada.

Entre las medidas que pretende impulsar si gana las elecciones, algo improbable a tenor de las encuestas y de la división y el enfrentamiento existente en la izquierda chilena, se encuentra la nacionalización de empresas y poner fin al sistema privado de pensiones.

Sobre el primer aspecto, el programa propone la realización de un estudio de “posibilidades de expropiación”, que apunte a las llamadas empresas estratégicas y de servicios básicos como electricidad y agua potable. En lo que a pensiones respecta, Sánchez apuesta por un sistema “diseñado bajo los principios de la seguridad social” que priorizará reconocer todos los tipos de trabajo, incluidas las labores domésticas. Y es que según una encuesta de Cadem publicada en agosto de 2016, el rechazo de la población hacia el ente privado a cargo de las jubilaciones en Chile alcanzó el 87%.

En relaciones internacionales, Sánchez pone énfasis en lograr una agenda trinacional con Bolivia y Perú, que tenga como objetivo “avanzar en el establecimiento de confianzas mutuas y la reposición de las relaciones diplomáticas con el hermano Estado Plurinacional de Bolivia”.

También quiere garantizar una educación gratuita, despenalizar el aborto y llevar los temas de género a la agenda nacional. Respecto de los pueblos originarios, es partidaria de “un nuevo trato” que reconozca la plurinacionalidad y el derecho a la autodeterminación.

Todo ello bajo el lema “El poder de muchos”, cuyo costo ronda los 13.400 millones de dólares anuales, que pretende financiar en parte con un impuesto del 2% a las fortunas que superen los cinco millones de dólares. Según Sánchez, “el Servicio de Impuestos Internos es más duro con los pequeños empresarios. Queremos potenciar el emprendimiento, hacer más emprendedores, apoyar a la pequeña y mediana empresa, no para estrangular a las grandes, queremos un mejor equilibrio”.

Además de aumentar la contribución de los multimillonarios, pretende reducir algunas partidas de gasto público, como el militar. También propone subir los tributos a las empresas que explotan los recursos naturales del país, principalmente el cobre.

“Mejor candidata que presidenta”

No obstante, el lastre de la inexperiencia parece ser muy pesado. En opinión de Patricio Navia, sociólogo chileno y profesor de Ciencia Política en la Universidad de Nueva York, “Sánchez es mejor candidata que presidenta”. En una entrevista con el diario ALnavío, Navia aseguró que la política “ha mostrado la frescura y la novedad de los nuevos candidatos, pero también le falta experiencia y, por tanto, comete errores que los políticos tradicionales no cometen”.

Un ejemplo de ello fue la visita de Beatriz Sánchez a Valparaíso, bastión del bloque, el pasado 22 de octubre, mismo día en que se jugó el clásico entre el Everton y el Santiago Wanderers. El evento deportivo hizo que el acto político no tuviera el impacto que se esperaba.

Finalmente, el docente señaló que “el discurso de Sánchez es demasiado radical como para que tenga sentido en los chilenos que quieran reformas y no revolución”.

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