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Y Evo Morales terminó enganchándose al poder eterno

miércoles 29 de noviembre de 2017, 18:00h

Leticia Núñez (ALN).- Allá por 2015, el presidente de Bolivia dijo que si perdía en las urnas no insistiría en la reelección. Perdió. Pero no se fue. Ni tiene pensado hacerlo. Todo lo contrario: este miércoles ha conseguido que el Tribunal Constitucional le permita optar a un cuarto mandato. Hay Evo Morales para rato.

Evo Morales podrá participar en las elecciones de 2019 tras un cambio constitucional / Flickr: UNNIS Viena
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Evo Morales podrá participar en las elecciones de 2019 tras un cambio constitucional / Flickr: UNNIS Viena

La reelección presidencial es un asunto que reaparece periódicamente en el debate político en los países de América Latina. Este miércoles lo ha hecho en Bolivia, donde Evo Morales ya tiene vía libre para ser reelegido tantas veces como quiera. Casi 12 años en el poder no parecen ser suficientes para un mandatario con un buen desempeño en el terreno económico -Bolivia lideró en 2016 el crecimiento en Suramérica con un alza del PIB de 4,3%- y que podría haber optado por retirarse con todos los honores.

Expertos consultados por ALnavío consideran que esa gestión en economía podría quedar empañada por una mancha llamada tentación autoritaria. “En América Latina tenemos un problema de salud democrática por esa ambición”, sostiene Ilka Treminio, directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Costa Rica.

Aquel sindicalista humilde que llegó a la Presidencia en 2006 sin poder contener las lágrimas no sólo ha cambiado muchas cosas en Bolivia. También ha cambiado él. De niño fue pastor de llamas. Después se convirtió en dirigente cocalero. Precisamente cada fin de año sigue rindiendo cuentas a los productores de hojas de coca, como cuenta BBC Mundo. Y ahora se encamina a superar el récord de permanencia en el poder en el país.

Récord que en el caso de Morales se ha fraguado en diversos pasos hasta llegar al fallo que el Tribunal Constitucional emitió este miércoles dando vía libre a la reelección indefinida, como en Venezuela y Nicaragua. En el camino quedan tanto la prohibición recogida en la Carta Magna boliviana de que una persona pueda gobernar más de dos periodos consecutivos como el referéndum que el mandatario perdió en 2016 en el que intentó anular esa limitación.

De esta forma, Morales (y el resto de gobernadores y alcaldes) podrá participar en los comicios de 2019. Sería su cuarto mandato. Ya nada se lo impide. Mientras todos los líderes de la oposición hablan, sin excepción, de “golpe de Estado” y advierten que esto convertiría a Bolivia “en una nueva Venezuela”, el Constitucional, en cambio, ve “preferente” la aplicación de los “derechos políticos” por encima de lo que la propia Carta Magna establece al respecto. La aprobación fue, además, por unanimidad y con la ausencia de un solo magistrado.

Antes de este fallo, Morales había intentado habilitarse para una nueva candidatura presidencial mediante un referendo constitucional. Sin embargo, aquella iniciativa fracasó. El 23 de febrero de 2016, el 51,3% de los bolivianos dijo ‘no’ a las intenciones de Morales.

Pese a que antes de aquella consulta el mandatario había asegurado que si perdía en las urnas no insistiría en buscar la reelección, después cambió de idea. Fue entonces cuando decidió optar por la consulta al Tribunal Constitucional.

En septiembre de este año, diputados y senadores del partido oficialista presentaron un recurso en el que argumentaban que los “derechos políticos” reconocidos por Bolivia en la Convención Americana sobre Derechos Humanos debían priorizarse por encima de los límites a los mandatos consecutivos establecidos en la Constitución.

En febrero de 2016, el 51,3% de los bolivianos dijo ‘no’ a las intenciones de Morales de optar a un nuevo mandato

Hoy es el día en que el Constitucional les ha dado la razón. Al justificar su veredicto, el presidente de la Corte repitió la línea del oficialismo respecto al cambio de la norma electoral. Así, señaló que la habilitación de Morales amplía únicamente un derecho, el suyo, sin quitarle a los demás el derecho de vencer al presidente en las urnas. “Será el pueblo el que finalmente decida”, remató al respecto.

El fallo del Constitucional era esperado por los grupos de oposición. De hecho, desde octubre se organizaron masivas concentraciones en las principales ciudades del país en contra de la reelección. Las dosis de indignación y rechazo de una parte de la población tuvieron como respuesta otras grandes manifestaciones organizadas por el oficialismo en las que pedían la continuidad de Morales.

Los antecedentes de Venezuela y Nicaragua

De esta manera, Bolivia sigue los pasos de Venezuela y Nicaragua, donde ya existe la posibilidad de la reelección indefinida. En el caso venezolano, se aprobó en febrero de 2009 con Hugo Chávez, tras perder un referéndum en 2007. Mientras, en Nicaragua fue ratificada en enero de 2014, lo que permitiría a su actual presidente, Daniel Ortega, continuar de por vida en el cargo. Además, se contempla la posibilidad de que el presidente sea elegido en primera vuelta con mayoría simple de votos.

“Moralmente se repite el caso venezolano. Esta gente carece de escrúpulos, son capaces de ir en contra de lo acordado. No les importa burlarse del pueblo y seguir adelante con sus aspiraciones reeleccionistas”, asegura José Vicente Carrasquero, profesor de Ciencia Política en la Universidad venezolana Simón Bolívar, lamentando que Bolivia, Venezuela y Nicaragua no se sumen al avance de la democracia en América Latina.

En Ecuador, Rafael Correa también soñó con eternizarse en el poder, aunque por ahora no lo ha conseguido

Según Treminio, el del presidente nicaragüense Daniel Ortega “es un caso muy nocivo porque es el equivalente al fenómeno del continuismo”. Dice que son fundamentales los controles de otras instituciones y el propio sistema de partidos, y concluye: “Ya podemos observar que las instituciones no están funcionando. Hay un tránsito de la democracia a un sistema autocrático”.

Sobre Venezuela, la docente destaca que se han celebrado elecciones y que, a diferencia de Ortega en Nicaragua, “el oficialismo ha perdido escaños y no siempre ha estado en posición de ventaja”. No obstante, concluye: “Una vez que se va endureciendo el presidente en el cargo, es muchísimo más difícil que respete la vida institucional”. La directora de Flacso pone como ejemplo el intento por parte del Tribunal Supremo de Justicia de cancelar el pasado marzo las competencias de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición.

Hugo Chávez aprobó la reelección indefinida en Venezuela en 2009 / Flickr: Cancillería de Ecuador

En Ecuador, Rafael Correa también soñó con eternizarse en el poder. De hecho, la Asamblea Nacional, controlada por el oficialismo, aprobó en 2015 una reforma para eliminar la limitación de dos mandatos. Sin embargo, la medida no entrará en vigor hasta 2021, por lo que el expresidente se vio obligado a ceder el testigo a Lenín Moreno. No obstante, guarda la esperanza de regresar al palacio de Carondelet cuanto termine el actual mandato presidencial. Sin embargo, Moreno podría aguarle la fiesta: ha convocado una consulta popular para dar marcha atrás a esa reforma.

Quien sí lo consiguió fue Juan Orlando Hernández en Honduras. A pesar de que el expresidente Manuel Zelaya fue derrocado en 2009 con un golpe de Estado por intentar enmendar la Constitución para permitir la reelección, la Corte Suprema de Justicia ratificó en agosto de 2016 un fallo de su Sala de lo Constitucional que en 2015 tumbó ese obstáculo. Es más, el pasado domingo el país celebró elecciones generales y Hernández fue uno de los candidatos. Aún está por ver si continuará en el cargo, puesto que el recuento de votos permanece estancado en el 70%.

Sea como fuere, Treminio insiste: “Tenemos un problema de salud democrática”.

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