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El fin de la luna de miel de Pedro Pablo Kuczynski

jueves 04 de enero de 2018, 09:00h

Alonso Moleiro (ALN).- El presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, afronta un inusitado y tormentoso entorno de cuestionamientos, asedios legislativos y sospechas de corrupción, que han achicado su piso político y comprometen su futuro tras el indulto otorgado a Alberto Fujimori. En Twitter, el mandatario se esmera en evidenciar que tiene el control de la situación y adopta un cierto tono victimizado similar al de otros expresidentes latinoamericanos que han vivido situaciones parecidas.

¿Podrá Kuczynski remontar la cuesta de la crisis que él mismo parece haberse creado? / Flickr: Presidencia de Perú
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¿Podrá Kuczynski remontar la cuesta de la crisis que él mismo parece haberse creado? / Flickr: Presidencia de Perú

Luego de surcar un interregno de Gobierno aparentemente armónico, parado sobre la estabilidad política y económica que disfruta en estos momentos el Perú, el presidente de esta nación, Pedro Pablo Kuczynski, ha desatado los demonios de la ira y la sospecha tras el indulto otorgado al controvertido exmandatario y colega Alberto Fujimori.

Una decisión que ha querido pasar entre sus compatriotas como un gesto de grandeza para reconciliar al país de las tormentas políticas de antaño, pero que ha sido duramente criticada desde muchos sectores opuestos, por ser apreciada como el pago de un favor político. También por llenar los atributos interpretativos sobre el histórico expediente de la impunidad ante la corrupción y los abusos de poder. El propio Mario Vargas Llosa, alguna vez feliz por la victoria electoral de PPK –como se conoce popularmente a Kuczynski-, lo ha llamado “una traición”.

Como suele sucederles a los poderosos, especialmente si son políticos, el actual mandatario del Perú evidencia un esfuerzo para que la lluvia de críticas y las aguas procelosas que surca no queden reflejadas en su cuenta personal de Twitter. De hecho, en las redes sociales no alude en ningún momento al episodio “Fujimori”.

El presidente ofrece un buzón con pronunciamientos espaciados, intercalados cada dos o tres días, en el cual no se responden dicterios o cuestionamientos apasionados, sino que queda reflejada su visión de las cosas en medio de un engañoso entorno que quiere ofrecer una idea de situación controlada.

Un cierto tono victimizado domina su lenguaje. Esto último a pesar de que los escándalos vinculados a los sobornos de la multinacional brasileña Odebrecht también están salpicando, y colocando lunares, sobre lo que alguna vez pareció una auspiciosa Presidencia.

Sin embargo, el tuitero Kuczynski termina evidenciando la ansiedad que vive ante el acoso de críticas del cual es objeto. Algunas de sus equivocaciones han ido alimentando un mar de fondo que podría tener algunos planteamientos institucionales que comprometan su futuro político. La historia de Perú, como la de toda América Latina, tiene episodios parecidos que pueden servir para recrear el dilema que vive.

En Twitter, el presidente peruano va desgajando reflexiones sobre la importancia de un entorno institucional estable y un clima de colaboración entre los poderes públicos. Todo lo que afirma parece querer abonar sobre la suprema intención del interés público. A veces se trata, sencillamente, de generalidades que nadie sería capaz de objetar. Con ello probablemente busca afianzar su imagen de hombre de Estado ante este repentino remolino de ataques. Es una historia ya vista una suficiente cantidad de veces por las graderías políticas peruanas y latinoamericanas. Esto decía antes de que el entramado más grave de ataques a su figura terminara de concretarse.

La cuenta de Kuczynski conoció una parada declarativa particularmente notoria y protuberante el pasado 1 de diciembre de 2017. La secuencia de comentarios es amplia, tomando en cuenta que no se trata de un tuitero demasiado frecuente. El presidente rendía a sus compatriotas parte importante de sus cuentas como hombre público frente a los destinos de Perú. Algunos de los tuits más relevantes son estos.

¿Podrá Kuczynski remontar la cuesta de la crisis que él mismo parece haberse creado? ¿Por qué, se preguntan algunos, gastar pólvora y crédito político en un personaje como Alberto Fujimori? ¿Será cierto todo lo que se afirma del caso Lava Jato?

La respuesta a estas preguntas, probablemente, sobrepasa los límites de su propia voluntad personal. Este parece ser un nuevo ejemplo de las obligaciones adquiridas y los pagos pendientes dentro del circuito de los sórdidos meandros del poder.

Alonso Moleiro

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