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El Diccionario Panhispánico del Español Jurídico tiene las ambiciones de una gran enciclopedia

Nelson Rivera (ALN).- La obra, que ha sido posible gracias a los esfuerzos de varios centenares de juristas y numerosas instituciones, tiene las ambiciones de una gran enciclopedia. En sus páginas hay una riqueza que sobrepasa al territorio de lo jurídico. Se trata de un bien cultural cuyo alcance compete a los más de 500 millones de hablantes del español en el mundo.
El Rey encabezó la presentación del Diccionario Panhispánico del Español Jurídico, producido en tiempo récord / Foto: RAE
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El Rey encabezó la presentación del Diccionario Panhispánico del Español Jurídico, producido en tiempo récord / Foto: RAE

Difícilmente una reseña dará cuenta de la incalculable relevancia que el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico tiene para el conjunto de Iberoamérica. Por múltiples razones, debe ser una de las publicaciones más importantes en lengua española del año 2017. Para hacerla posible, varios centenares de juristas y numerosas instituciones tuvieron que sumar sus esfuerzos, tanto en España como en América Latina. La obra, además, fue producida en el tiempo récord. El convenio entre la Real Academia de la Lengua y el Consejo General del Poder Judicial se firmó en noviembre de 2014.

Apenas tres años después, el pasado 15 de diciembre, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca -que celebra sus primeros 800 años de historia este 2018-, el rey Felipe VI encabezó el acto de presentación. Rafael Catalá, ministro español de Justicia, recordó que fue en el Cantar del Mio Cid, el texto donde aparece registrada por primera vez la palabra ‘justicia’.

En el núcleo de la obra subyace la preocupación fundamental por el Estado de Derecho. Para hacerlo realidad, para promoverlo y mantenerlo, es condición sine qua non disponer de conceptos precisos y delimitados, que se opongan al “empleo abusivo y subjetivo del lenguaje”, que “puede convertirse en vehículo de la arbitrariedad”, tal como señala Carlos Lesmes Serrano, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, en el prólogo. Porque el lenguaje es determinante en el ámbito jurídico, se requiere de un gran instrumento de uso común en el mundo hispanohablante, que pueda ampliarse y actualizarse en los próximos años y décadas.

Una obra enciclopédica

El Diccionario Panhispánico del Español Jurídico tiene las ambiciones de una gran enciclopedia. El arco de asuntos a los que se refieren sus más de 35.000 entradas no se limita a las denominaciones técnicas -por ejemplo, las definiciones relativas a decenas y decenas de tipologías de Acuerdos que existen en el Derecho o de materias especializadas como Conflictos, Dominios, Estados, Patrimonios, Proyectos o Traslados-. En sus páginas hay una riqueza que sobrepasa al territorio de lo jurídico. Se trata de un bien cultural cuyo alcance compete a los más de 500 millones de hablantes del español en el mundo.

Veamos: hay 46 entradas que comienzan con la palabra “arma”, cuyo despliegue podría interesar a cualquier lector, por la riqueza de variantes que ofrece. Hay fórmulas de uso común, como, por ejemplo, “en tela de juicio”, que dan sustento a prácticas de nuestra lengua cotidiana. La palabra “contrahechura”, proveniente de Costa Rica, describe las imitaciones o reproducciones engañosas, asociadas al delito de falsificación. La palabra “novela” no remite al género literario que todos conocemos, sino a la “ley complementaria de un código”.

En la primera página del tomo 1 encontré una bella palabra, “abacería”, proveniente del siglo XIX, que denomina la tienda donde se vendía, al por menor, aceite, vinagre, legumbres, pescados y otros bienes de consumo corriente. La palabra “pelotazo” que, a priori, podría parecer no más que un coloquialismo, aparece incorporada: “Operación económica que produce una ganancia fácil y rápida”.

Un lujo para los estudiosos

Para los estudiosos del derecho, el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico es, sin lugar a dudas, un festín

El Diccionario Panhispánico del Español Jurídico está conformado por dos tomos, que suman más de 2.200 páginas. Para los estudiosos del derecho es, sin lugar a dudas, un festín. Las numerosísimas expresiones en latín distribuidas a todo lo largo de la obra -utile per inutile non vitiatur, lo útil no se envicia por lo inútil-, se compilan al final en una sección de Máximas y aforismos latinos. Hay desarrollos temáticos sorprendentes, como el que se dedica a los procedimientos, que ocupan más de 65 páginas, en las que se distribuyen 513 entradas.

Un proyecto semejante obliga a reconocer y elogiar a sus responsables. A Santiago Muñoz Machado, en su doble condición de miembro de la Real Academia Española y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, mayor responsable de la producción; a la Real Academia Española, presidida por Darío Villanueva; a la Asociación de Academias de la Lengua Española, a cargo de Francisco Javier Pérez, su Secretario General; al Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial, dirigidos por Carlos Lesmes Serrano; a la Cumbre Judicial Iberoamericana; así como al patrocinio de Telefónica, Santander, Fundación Acuorum, Aquae Fundación y Fundación Mapfre; y a los más de 400 juristas de América Latina y España, corresponde agradecer por este notable logro editorial.

Nelson Rivera

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