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El Zar de PDVSA caído en desgracia contraataca a Nicolás Maduro en Twitter

martes 13 de febrero de 2018, 09:00h
Alonso Moleiro (ALN).- Toda una referencia en el mapa de poder del chavismo hasta hace unos años, Rafael Ramírez, expresidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), está enfrentando graves acusaciones de corrupción por la desaparición de millones de dólares en la era de la escasez de medicinas y comida en Venezuela. Ramírez usa las redes para defenderse: invoca la democracia protagónica, pide elecciones primarias y se hace acompañar del escapulario de Hugo Chávez.
Ramírez fue uno de los hombres más poderosos de la Era Chávez / Foto: Wikipedia
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Ramírez fue uno de los hombres más poderosos de la Era Chávez / Foto: Wikipedia

Como ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez fue uno de los hombres más poderosos de la era dorada chavista. El tiempo en el cual la cesta venezolana de crudos se tasaba en más de 100 dólares por barril. Ramírez fue presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y hombre de confianza personal de Hugo Chávez; un funcionario que administró muchísimo dinero y al cual se le encomendaron misiones delicadas y estratégicas. Con 12 años al frente de la industria, ha sido probablemente el funcionario más poderoso del ámbito petrolero venezolano en toda la historia.

Hoy Ramírez, alguna vez una de las torres de poder dentro del cosmos chavista, ha caído en desgracia. Desde hace algunos meses ha tenido que hacerle frente a serias acusaciones de corrupción, que comprometen su nombre y el de varias personas de su entorno personal, en el manejo fraudulento de millones de dólares.

Los señalamientos partieron, primero, de los sectores de la oposición venezolana. Tiempo después, el propio Nicolás Maduro, usando sus tenazas en el Estado, decidió apropiarse de ellas, usando su nombre para llevar adelante una honda purga política. Al otrora poderosísimo Ramírez se le ha apartado de todos los cargos; se le allanó su residencia en Caracas y se le han planteado juicios legales que pueden comportar graves penas de prisión.

Es bastante notorio el esfuerzo por camuflar, o trocar, las acusaciones en su contra con señalamientos políticos

Su cuenta personal de Twitter se ha convertido, entonces, en una trinchera para su defensa. El espacio en el cual este funcionario ha diseñado el discurso que ha decidido anteponer al de sus acusadores, que en este caso son sus adversarios, y también sus excompañeros.

La foto de Hugo Chávez en un discurso en Naciones Unidas; el avatar con el líder bolivariano levantándole la mano. Ramírez busca el amparo de la memoria de Hugo Chávez y cuelga sus artículos y reflexiones en el portal electrónico Aporrea.com, ubicado en las corrientes del chavismo disidente. Es bastante notorio su esfuerzo por camuflar, o trocar, las acusaciones en su contra con señalamientos políticos que intentan evidenciar las diferencias conceptuales de criterios.

Su cuenta tiene en este momento este tuit fijado, con el cual se abren fuegos en materia de argumentos.

Pero aunque no deja nunca espacio para emprenderla contra sus enemigos originales, ubicados en la oposición -responsables últimos, de acuerdo a la interpretación de los chavistas, de todo lo malo que pueda suceder en Venezuela-, Rafael Ramírez, asediado con acusaciones de la Fiscalía chavista, ha decidido sacar la honda de su maletín para devolverle las acusaciones a Maduro.

Ramírez, como lo ha admitido públicamente, tiene en sus manos información privilegiada e importantes secretos de Estado. Es obvio que no ha tenido que cavar muy hondo para presentar contraargumentos.



La caída de Rafael Ramírez ilustra, como en muchas otras ocasiones anteriores, las indigestiones y tensiones que suelen presentar los procesos revolucionarios signados por el dogmatismo ideológico y el descontrol institucional. Algunos de sus acusadores, como el actual fiscal, Tarek William Saab, fueron cercanos compañeros de causa. Están condensados en aquella famosa frase que reza “la revolución devora a sus hijos”, y que también encarnan otros próceres chavistas, como el exministro de Planificación Jorge Giordani.

Así responde el dirigente chavista a las últimas acusaciones en su contra presentadas por el fiscal, el último capítulo de un amplio volumen de cargos contra su gestión en Petróleos de Venezuela.

El fondo del argumento de Ramírez, como el de muchos disidentes que han estado en su condición, es más o menos el mismo: el de Maduro no es un gobierno genuinamente chavista. Se ha apartado de las enseñanzas del Comandante para emprender una ruta inconfesable, que parece escudar, también, de acuerdo a lo que sugiere, sórdidas historias de corrupción.

Resta esperar a ver si el exministro de Petróleo y Minería se animará a contar a los venezolanos aquellas nefastas historias de Maduro. Aquella intrincada “información privilegiada” que dice poseer, y que puede comprometer, aún más, el prestigio político de sus excompañeros

Alonso Moleiro

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