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Un cargamento de whisky francés se abre paso en el mercado mundial

viernes 02 de marzo de 2018, 10:00h
Oscar Medina (ALN).- Aunque en volúmenes todavía no es contendor para el reinado escocés, la producción francesa empieza a llamar la atención de los conocedores por la calidad y variedad. Aprovechando la geografía y el conocimiento de los agricultores del grano y de los destiladores, la pequeña industria del whisky, con sus 57 marcas, se abre paso en el plano internacional.
El whisky francés se abre paso en el plano internacional / ALN: Mariana Zapata
El whisky francés se abre paso en el plano internacional / ALN: Mariana Zapata

En el mapamundi de las bebidas, Alsacia acumula una notable tradición en materia de vinos, cervezas y licores de frutas. Los caldos, de hecho, se han ganado un nombre: Vins d’Alsace. Pero esta pequeña región vecina de Alemania ha venido despuntando por algo que ha sorprendido a muchos fuera de Francia: el whisky.

En Alsacia hay seis destilerías operativas y las botellas muestran orgullosas una indicación de origen. No es la única zona: en realidad se está produciendo whisky en casi todo el territorio francés y hoy suman 52 las casas activas, además de otras que están en desarrollo. Una comparación explica mejor el crecimiento en este sentido: en 2014 eran sólo cinco. Y esta aventura tiene múltiples explicaciones: desde hace muchos años Francia es el segundo mayor consumidor de whisky escocés del planeta con un registro anual de 200 millones de botellas, de modo que la avidez de un público cautivo pudo ser el disparador.

Warenghem es seguramente el jugador más fuerte de Francia: produce 250.000 botellas al año, de las cuales unas 50.000 se exportan al resto de Europa, Estados Unidos, Canadá y Suráfrica

La verdad es que las condiciones estaban dispuestas para hacerlo. “Teníamos todas las bazas en la mano: los alambiques, las barricas de roble, el agua de los Vosgos y la malta de cebada de la fábrica de cervezas vecina. Bastaba lanzarse”, declaró el año pasado Jean Metzger, de la destilería Bertrand ubicada en la comuna alsaciana Uberach: “La calidad del producto terminado depende principalmente de las propiedades de la barrica. Como es lógico en una región vitícola, tenemos acceso a excelentes toneles. Fuimos los primeros que hicimos un whisky 100% alsaciano con una barrica procedente de aquí, de Husseren-les-Châteaux”.

Lo que viene

En 2006 salió a la venta el whisky de Bertrand. Pero la destilería pionera fue Warenghem, ubicada en Lannion –en la Bretaña- que en 1987 lanzó el primer destilado de mezcla francés llamado WB y al año siguiente lo hizo con Armorik, el whisky de malta que hoy comercializa en cinco presentaciones.

Warenghem es seguramente el jugador más fuerte de Francia: produce 250.000 botellas al año, de las cuales unas 50.000 se exportan al resto de Europa, Estados Unidos, Canadá y Suráfrica. La producción representa casi un tercio del total nacional y factura alrededor de 3,7 millones de euros. En Howarth (Alsacia), la destilería Meyer entró al negocio a principios de esta década, en la actualidad vende 40.000 botellas al año con una facturación de 2,3 millones de euros en 2017 y las botellas se encuentran incluso en Latinoamérica. Comparados con los gigantes de Escocia, quizás no es mucho lo que abarcan. Pero esta historia apenas está comenzando.

Las metas futuras son ambiciosas: la Federación estima que para 2020 se produzcan dos millones de botellas y en 2025 la aspiración se ha fijado en torno a los cinco millones

En mayo de 2016 se creó la Federación Francesa de Whisky que representa a 95% de los involucrados en el sector. Casi toda la producción francesa es de destilados de malta: de las 800.000 botellas de whisky comercializadas durante el año 2016, 600.000 eran de single malt.

Las metas futuras son ambiciosas: la Federación estima que para 2020 se produzcan dos millones de botellas y en 2025 la aspiración se ha fijado en torno a los cinco millones.

Algunas estrellas

La Federación incluye entre los datos que hay 57 marcas en el mercado. Y aunque todavía muchas están consideradas artesanales, cumplen con normas estrictas para obtener el calificativo de whisky como, por ejemplo, un mínimo de tres años de reposo en barricas.

Como una guía para orientarse, vale la pena detenerse en la selección de maltas hecha en enero por el sitio The Good Life:

P&M Single Malt 7 años: Envejecido en barricas de roble de 200 años que han contenido los mejores vinos de la isla de Córcega. Expresa todos los aromas del ecosistema corso: hinojo, mirto, tomillo, con notas cítricas que aportan delicadeza. El conjunto es fresco y elegante. Origen: Córcega.

Vilanova Berbie: Este whisky disfruta de una doble maduración que aporta una agradable redondez y una gran amplitud aromática. Vilanova Berbie es fresco en el paladar, con una leve dulzura que recuerda a los Armagnacs más bellos. Origen: Tarn.

Rozelieures Rare Collection: Envejecido en barriles de Sauternes, es estructurado y elegante, con aromas de tabaco y pastel caliente. La turba le aporta soporte aromático y buena densidad, antes de dejar notas ligeramente ahumadas en el final. Origen: Meurthe-et-Moselle.

Kuentz Fin de Partie: Benjamin Kuentz trabaja con muchas destilerías para las ediciones limitadas, con nombres divertidos. Una originalidad que también se encuentra en la degustación de este generoso e intenso whisky, rico y muy aromático. Origen: Lorena.

Armorik Maître de Chai: Una empresa centenaria, la destilería Warenghem es pionera en Francia en la producción de whisky y el origen de la creación del whisky bretón de indicación geográfica protegida (IGP). Esta malta única se ha madurado en barricas de jerez oloroso de primer llenado, lo que le da redondez y suavidad. Origen: Morbihan.

Colección Eddu Dan Ar Braz: La Distillerie des Menhirs ha estado asociada por algunos años con el icónico cantante Dan Ar Braz y ofrece una edición limitada en la cual cada botella está firmada por su nombre. Más allá del guiño, esta nueva edición se distingue por una extraordinaria sedosidad, notas de pastelería, flores de retama y un final dulce y largo. Origen: Finistère.

Bastille 1789 Single Malt: Destilería de coñac, la casa Daucourt se lanzó al whisky francés al comercializar una mezcla y una única malta a nivel internacional. Muy redondo y aromático, con toques de cáscara de naranja, limón confitado y con un final cálido. Origen: Charente.

Domaine des Hautes Glaces Ampelos: Haut-Glacier produce whiskies locales a partir de ingredientes orgánicos. La empresa ofrece una nueva expresión, Ampelos, de la cual sólo circulan 272 botellas. Muy redondo y cálido, con notas de vainilla, albaricoque confitado y almendra, y un final agradable, bastante denso. Origen: Isère.

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