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Nicolás Maduro comienza la persecución contra la logia militar de Hugo Chávez

miércoles 14 de marzo de 2018, 11:52h
Pedro Benítez (ALN).- En un contexto de rumores y de intranquilidad militar crece la lista de antiguos jerarcas del chavismo perseguidos por Nicolás Maduro. Ahora le toca a un destacado miembro de la logia militar que participó en el intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 contra Carlos Andrés Pérez. Se trata del exministro del Interior, general Miguel Rodríguez Torres, último jefe de los servicios de inteligencia de Hugo Chávez y el primero de la Presidencia de Maduro.
Maduro continúa la arremetida contra el chavismo disidente / Foto: nicolasmaduro.org
Maduro continúa la arremetida contra el chavismo disidente / Foto: nicolasmaduro.org

La ruptura entre el presidente Nicolás Maduro y la logia militar que acompañó a Hugo Chávez en la aventura golpista del 4 de febrero de 1992 es ya casi total.

En horas de la tarde de este martes fue detenido por funcionarios de la policía política (Sebin) el mayor general retirado Miguel Rodríguez Torres, último jefe de los servicios de inteligencia de Hugo Chávez y el primero de la Presidencia de Maduro. Con este fue ministro Interior y Justicia hasta octubre de 2014.

Junto con la fiscal destituida por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Luisa Ortega Díaz, fue clave en la dura represión contra la ola de protestas estudiantiles de 2014. En aquella ocasión se le hicieron graves acusaciones por violaciones a los derechos humanos.

Pero dados los acontecimientos que se desarrollan puertas adentro del régimen, más importante es destacar que Rodríguez Torres ha sido parte de la denominada logia militar del 4 de febrero (4-F), el grupo de militares que rodearon a Chávez desde los inicios de su labor conspirativa dentro del Ejército venezolano en los años 80 del siglo pasado.

La ruptura entre Nicolás Maduro y la logia militar que acompañó a Hugo Chávez en la aventura golpista del 4 de febrero de 1992 es ya casi total

La noche del 3 al 4 de febrero de 1992, en la intentona golpista contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, Rodríguez Torres era capitán del Ejército y dirigió la operación militar contra La Casona, residencia familiar de los presidentes venezolanos, donde en ese momento se encontraban la esposa, una hija y otros parientes cercanos del mandatario.

Posteriormente, luego de compartir cárcel con Hugo Chávez y demás compañeros golpistas, se benefició del indulto del expresidente Rafael Caldera en 1994, reintegrándose a la institución militar.

Luego de ser relegado por unos años, su carrera de armas tomó nuevamente vuelo con la elección de Chávez como presidente en 1998, convirtiéndose en un miembro de su círculo de confianza, encargándose dos veces de los servicios de inteligencia política, primero de la Disip y luego como creador del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin)​. Cargo que tenía cuando Maduro sucedió a Chávez en 2013. El mismo organismo que ahora le ha privado de la libertad.

De un bajo perfil, se dio a conocer a la mayoría del público venezolano por pronunciar las palabras de despedida en nombre de sus compañeros de armas en el sepelio de Chávez, en el llamado Cuartel de la Montaña, en marzo de 2013.

Es decir, el general Miguel Rodríguez Torres ha sido un hombre del régimen. Además mantiene hondas vinculaciones con el Ejército; por ejemplo, comparte la promoción 1984 con el ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino López y con el exgobernador del estado Carabobo (en el centro del país) Francisco Ameliach, miembro también de la logia del 4-F y muy cercano a Diosdado Cabello, expresidente de la Asamblea Nacional.

“Conjuras y complots”

Ahora Rodríguez Torres es acusado por el gobierno de Maduro de estar incurso “en acciones contra la paz y la tranquilidad pública y en conjuras y complots que perseguían la intención de atentar contra la unidad monolítica de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana” (Leer más: La crisis económica provoca ruido de sables en Venezuela).

Esto en un contexto de rumores, de intranquilidad militar y apresamiento por parte de la policía política de 60 oficiales sometidos a investigación, cuatro de ellos comandantes de batallones con poder de fuego. De este grupo uno fue asistente personal de Rodríguez Torres en el Ministerio del Interior.

Por lo visto la persecución de Maduro contra su exministro no es por el arrastre popular en las bases chavistas, sino por influencia entre los militares, auténticos pilares del régimen.

Las desavenencias entre el ala civil y militar del chavismo, aunque de vieja data, suelen ser subestimadas por la oposición venezolana. Pero esa fractura se hace cada vez más evidente.

Rodríguez Torres fue ministro de Interior hasta octubre de 2014 / Foto: WC

Los civiles como Maduro, el ministro de Educación Elías Jaua y la alcaldesa de Caracas Erika Farías, entre otros, provienen de partidos radicales de extrema izquierda como la Liga Socialista y Bandera Roja. Muy vinculados a Cuba, se sumaron al proyecto político de Chávez en los años 90 del siglo pasado, pero siempre miraron con recelo a los oficiales militares (activos y retirados) que rodeaban a Chávez, como Diosdado Cabello y el propio Rodríguez Torres.

Esta ha sido una aprehensión histórica, originada en los hechos ocurridos en Venezuela en los años 60 del siglo pasado, cuando el Ejército venezolano fue el primero del continente en derrotar la insurrección guerrillera alentada y apoyada por Cuba.

Provenientes de mundos distintos, la izquierda irredenta veía como incómodos compañeros de viaje a esos militares a los que siempre señalaron como guardianes del orden burgués.

Maduro está dando una batalla en varios frentes: contra la oposición política y contra el chavismo. La primera lo puede aplastar electoralmente. La segunda es más peligrosa

Hace una década, de estos grupos surgió la acusación de que dentro del chavismo había una “derecha endógena” que supuestamente encabezaba Diosdado Cabello.

Sin embargo, Chávez se las arregló para mantener a los dos grupos unidos durante casi tres lustros. El 8 de diciembre de 2012 sorprendió al país al ungir como sucesor no a uno de sus “muchachos”, como llamaba al círculo de compañeros de armas, sino a Nicolás Maduro, un civil proveniente de esa extrema izquierda y a quien en Cuba se veía con simpatía.

Eso sí, al heredero lo dejó bien “escoltado” por un poderoso grupo militar al que encargó de guardar su revolución. Pero cuando Maduro se sintió más seguro en el poder empezó a desplazar de los cargos más relevantes a todo aquel que pudiera hacerle sombra. El primero fue el exvicepresidente de Economía, expresidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y exministro de Petróleo, Rafael Ramírez, en 2014; un civil con vinculaciones familiares con la izquierda civil, pero que escaló posiciones con Chávez en su condición de técnico.

Maduro lo relevó de los cargos y la ruptura entre los dos hoy es pública. El presidente se valió de la Fiscalía designada por la ANC para emprender una persecución contra Ramírez y su grupo en la industria petrolera con la excusa (muy fundamentada, por cierto) de combatir la corrupción (Leer más: Cuándo comenzó la pelea entre el Zar de PDVSA y Nicolás Maduro).

Batalla en varios frentes

Al mismo tiempo ha llevado otra operación política para ir restando progresivamente poder a la fracción de militares vinculados a la logia golpista del 4-F. Es decir, Maduro ha ido construyendo el madurismo. Un régimen a la medida.

El objetivo es muy claro: reelegirse presidente a como dé lugar y luego consolidar su poder personal. Eso pasa por quitarse de encima los obstáculos de la oposición política, inhabilitando partidos y candidatos, pero también neutralizando disidencias dentro del campo oficialista, por las buenas o por las malas.

Rafael Ramírez lo resume muy bien: “Quieren imponer una candidatura (la de Maduro) por el miedo y la fuerza”. Esta debe la única afirmación cercana a la verdad que este personaje ha pronunciado.

En el mismo 2014 Maduro sacó también del gobierno a Rodríguez Torres, quien desde entonces se fue alejando progresivamente de él, haciendo cada vez cuestionamientos más abiertos, hasta que el año pasado formó su propio movimiento político como una disidencia dentro del chavismo: el Movimiento Amplio Desafío de Todos.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) férreamente controlado por partidarias de Maduro también inhabilitó a Rodríguez Torres, impidiéndole postularse como candidato presidencial. La semana pasada este se unió al Frente Amplio Libre, una alianza conformada por las más importantes organizaciones civiles del país, los principales partidos políticos opositores y grupos del chavismo disidente que se han unido para oponerse a las condiciones en las que han sido convocadas las elecciones presidenciales del próximo 20 de mayo.

Pero no es allí donde reside la amenaza que Rodríguez Torres representa para el poder de Maduro sino en su influencia en los cuarteles, tal como el Gobierno acaba de reconocer al afirmar que ha develado un movimiento militar para derrocarlo, con ramificaciones en varias de las más importantes unidades militares ubicadas en Caracas.

De ser así Maduro está dando una batalla en varios frentes: contra la oposición política y contra el chavismo. La primera lo puede aplastar electoralmente. La segunda es más peligrosa en lo inmediato por sus ramificaciones en las Fuerzas Armadas.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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