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Las dictaduras de Nicolás Maduro y Raúl Castro llevan la intolerancia a la Cumbre de las Américas

viernes 13 de abril de 2018, 13:30h
Pedro Benítez (ALN).- No son un mismo gobierno, pero actúan como si lo fueran. Los regímenes de Cuba y Venezuela se dejan llevar por sus instintos autoritarios y se ponen en evidencia en la Cumbre de las Américas por la intolerancia. Con ello Raúl Castro le recordará al continente que su gobierno no es parte de la solución sino del problema venezolano.
Nicolás Maduro y Raúl Castro se dejan llevar por sus instintos autoritarios / Foto: Presidencia Venezuela
Nicolás Maduro y Raúl Castro se dejan llevar por sus instintos autoritarios / Foto: Presidencia Venezuela

Luego de haber asegurado que: “Llueva, truene o relampaguee iré a la Cumbre de las Américas a decir la verdad de Venezuela”, el presidente Nicolás Maduro cambió de opinión. La última declaración al respecto fue: “La Cumbre no está entre las prioridades, ahí no hay nada que se vaya a decidir, es una pérdida de tiempo”.

No obstante, por lo ocurrido ayer en la ciudad de Lima, Perú, parece que para él la VIII Cumbre de las Américas sigue siendo un tema de relevancia. No asistirá físicamente pero por lo visto se hará sentir.

Según reportes de periodistas venezolanos unos 200 partidarios del Gobierno han hecho acto de presencia en diversas actividades que tradicionalmente suelen realizarse en estas cumbres presidenciales.

El foro denominado “Diálogo Actores Sociales y Representantes de Alto Nivel”, en el que participaban delegaciones de diversos países de América Latina, fue interrumpido por un grupo de manifestantes que gritaban consignas en contra de Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), y de las sanciones que el Gobierno de Estados Unidos ha impuesto a altos funcionarios del gobierno de Maduro.

Según los reportes en vídeos difundidos por las redes sociales estos activistas del chavismo estaban acompañados por ciudadanos de origen cubano a los que se identificó como miembros de la delegación de ese país. En la versión de los medios cercanos al gobierno de La Habana eran “parte de la sociedad civil cubana”.

En estas actividades participa un numeroso grupo de opositores venezolanos, tanto de ONG defensoras de derechos humanos y críticas del régimen de Maduro, como diputados opositores de la Asamblea Nacional de Venezuela y el alcalde metropolitano de Caracas Antonio Ledezma, hoy en el exilio, y también la disidente cubana Rosa María Payá, hija del fallecido Oswaldo Payá, jefe del Movimiento Cristiano Liberación de Cuba.

Payá leyó un comunicado en medio de los gritos, en el que criticó la violación de derechos humanos y la pobreza que se vive en Cuba y Venezuela.

Es una larga “tradición” que los defensores del régimen castrista hagan acto de presencia en actitudes de hostigamiento verbal e incluso físico en foros públicos donde se presente la disidencia de ese país. Ya ocurrió en la Cumbre de Panamá en abril de 2015 cuando sucedieron choques entre seguidores y detractores del gobierno de Raúl Castro.

En esta ocasión se han repetido escenas similares pero con la novedad de que ha sido por partida doble: defensores de los gobiernos de Cuba y Venezuela actuando conjuntamente en contra de los críticos de sus respectivos regímenes.

En alguna oportunidad el expresidente Hugo Chávez llegó a decir que Cuba y Venezuela eran “un solo gobierno”. Hoy en Lima actúan así dejando una lamentable imagen de intolerancia, porque el hecho es que esos activistas son en realidad funcionarios de los respectivos gobiernos que muestran fuera de sus países una dosis de lo que es su conducta cotidiana contra los opositores internos.Atrás quedó el deshielo de Barack Obama en las relaciones con Cuba / Foto: EFE

Viniendo de Cuba está es una actitud torpe que no sólo pone en evidencia una vez el carácter de sus gobernantes, sino que además los coloca en el centro de la atención del continente como parte del “problema venezolano”.

En la última etapa de la Administración de Barack Obama varios observadores manifestaron la esperanza de que con el deshielo entre esos dos países Cuba pudiera ser una fuerza moderadora en el régimen de Nicolás Maduro. Pero no ha resultado así.

Distintos gobiernos pero el mismo espectáculo

De modo que Maduro no asistirá a la Cumbre de Lima pero ya se está haciendo notar. Hay que preguntarse qué beneficio obtienen Raúl Castro y su sucesor de este espectáculo.

Los valedores internacionales de Maduro, empezando por Castro, van a un terreno en franca minoría. No sólo porque Lima se ha convertido en el centro de la masiva migración de venezolanos a Suramérica (muchos de los cuales ayer hicieron acto de presencia en la plaza San Martín de esa ciudad en una concentración de la oposición venezolana) sino porque además la corriente política en el continente ha cambiado.

Atrás ha quedado la época (no tan lejana) de la Cumbre 2005 en Mar del Plata, Argentina, cuando los presidentes Néstor Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez vapulearon en la última sesión al mandatario norteamericano George W. Bush y su propuesta de crear una zona de libre comercio para todas las Américas, mientras que en las calles se efectuaba la “III Cumbre de los Pueblos” o anticumbre, que culmino en un marcha encabezada por Diego Armando Maradona, el ex presidente Chávez y el Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel.

Por entonces los líderes de los gobiernos de la “izquierda progresista” (léase populistas) se desenvolvían a sus anchas en las cumbres continentales, elegían a José Miguel Insulza como secretario general de la OEA derrotando a Estados Unidos y creaban organismos internacionales paralelos como la Celac para excluir explícitamente a ese país y a Canadá, y de paso designar como segundo presidente pro témpore a Raúl Castro, el único gobernante no elegido popularmente del continente.

Hoy el cuadro es otro, no sólo por un cambio de ciclo político, sino porque Venezuela no es nada más que un caso de “quiebre significativo del orden democrático”, y además está exportando parte de la tremenda crisis económica y social a sus vecinos. No se la percibe como a Cuba, como algo lejano y romántico cuyas crisis migratorias se daban en las playas de Florida y por lo tanto eran un asunto de los norteamericanos.

La Venezuela de hoy es una situación inédita con la que los gobiernos y las sociedades de Suramérica están lidiando todos días sin que en el horizonte se vislumbre solución. Es inevitable que a Cuba ya no se la vea ni con la indulgencia, ni con los significativos apoyos de otros tiempos.

En privado los funcionarios cubanos tratan de marcar distancias de sus colegas chavistas, e incluso se permiten criticarlos, aunque siempre con la salvedad de dejar clara su solidaridad con el aliado. Pero espectáculos como los que dan en Lima sólo revelan que si no son el mismo gobierno, al menos actúan de idéntica manera.

Todo es una señal premonitoria de cómo Maduro, su régimen y Venezuela se convertirán en un lastre político para Cuba que perturbará el proceso de sucesión interna.

Pedro Benítez

Artículos de Pedro Benítez

Periodista, escritor, historiador y politólogo venezolano. Profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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