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Aprenda con este vino de Argentina cómo funcionan el blockchain y las criptomonedas

lunes 16 de abril de 2018, 15:00h
Daniel Gómez (ALN).- Confianza, justicia y verdad. Estos tres conceptos tan difusos son la esencia de las criptomonedas y el blockchain. Tres conceptos que Mike Barrow, informático estadounidense que vive en Argentina, aplica a través de OpenVino, el proyecto que recoge la primera moneda virtual del mundo basada en vino y que Barrow explica a ALnavío en esta entrevista.
Mike Barrow fusionó sus dos pasiones: la informática y el vino / Foto: Costaflores
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Mike Barrow fusionó sus dos pasiones: la informática y el vino / Foto: Costaflores

Lo de entender el blockchain y las criptomonedas es como los idiomas: con un vino siempre es más fácil.

Mike Barrow, de 48 años, es un informático estadounidense que vive en Argentina. En 2004, también se animó con la agricultura y plantó su primer viñedo. Como no quería olvidar su primera pasión las fusionó para presentar una iniciativa insólita: una moneda virtual respaldada por vino (Leer más: Lanzan en Argentina una criptomoneda respaldada por vino).

Una de las cosas que más sorprende de Barrow es lo claro que lo tiene todo. Tal es así que, en esta entrevista con el diarioALnavío, explica el complejo mundo criptográfico a través de su proyecto OpenVino. En él recoge cómo funciona su criptomoneda y mucho más.

“Después de mi trayectoria con los vinos me surgieron tres preguntas: cuál es la calidad de mi producto, a cuánto debería vender la botella y cómo comunico la verdad que hay detrás de mi vino”, apuntó.

A estas tres preguntas logró dar respuesta con el blockchain y las criptomonedas. Con la primera, confirmó la importancia que tienen las tecnologías de datos con el objetivo de determinar la calidad de un producto sin que haga falta un tercero de confianza.

Con la segunda abordó el tema de la justicia. Aquí entra en juego la criptomoneda del vino y su mercado de inversores. Entre amantes del vino y las criptomonedas se fijará cuál es el precio ideal del producto de Barrow.

Por último, está el tema de la verdad, un concepto clave en la tecnología criptográfica y que aborda la tercera pregunta. Aquí se mezcla todo lo demás. La autocertificación, el precio y una última cosa que tiene que ver con la transparencia.

1.- ¿Cómo determinar la calidad del vino?

Lo de fijar el precio de una botella en función de su calidad real es una odisea. Barrow, propietario de Costaflores, una bodega que produce vino orgánico, lo sabe bien. “Cuando presento mi vino hay quienes dicen que es demasiado barato, otros que es demasiado caro. Es un commodity muy peculiar”.

El internet de las cosas funciona en los viñedos de Costaflores / Foto: Costaflores

Para cuantificar y medir cada proceso, Barrow equipó los viñedos y las bodegas con sistemas de inteligencia artificial. Estos sistemas emiten información en tiempo real a una aplicación que él mismo elaboró, la cual documenta todo lo que hace la empresa con el producto.

Al igual que se registran los procesos de elaboración, los sistemas informáticos también miden la facturación. En este caso, cuánto gana Costaflores vendiendo en Argentina, España, India, Canadá y Congo, que son los mercados hacia donde exporta la empresa.

Cada uno de estos mecanismos, desde la recolección de la uva hasta el ejercicio de contabilidad, se ubican de inmediato en la red blockchain de la empresa. El blockchain, como su propio nombre indica, y simplificándolo mucho, es una cadena de bloques en la que a cada bloque le corresponde una base de datos encriptada, sellada y rastreable.

“Así es como podemos promulgar modelos de negocio ético y ecológico en nuestro caso sin recurrir a un tercero de confianza que lo valore. Es una autocertificación de la calidad que además será pública”.

2.- ¿Cuál es el precio justo?

Hace dos semanas, Mike Barrow terminó de cosechar la uva de 2018. Esta descansa en un tanque a la espera de que termine la fermentación. Cuando este proceso, al que aún le queda una semana, finalice, será posible determinar cuántos litros de vino habrán logrado en este ejercicio. Ahora entra en juego la criptomoneda.

“Cuando sepamos los litros, sabremos cuántas botellas. Digamos que habrá 14.214 botellas. Entonces haremos una ICO [oferta inicial de moneda] a precio de costo para que la gente adquiera sus tokens [derecho digital]. Cada token, una botella”.

“Podemos promulgar modelos de negocio ético y ecológico sin recurrir a un tercero de confianza”

La ICO, programada para el próximo 6 de mayo, se lanzará a precio de costo. Un precio que quedará demostrado gracias a la autocertificación hecha en la red blockchain. El siguiente paso es poner los tokens a la venta en las casas de cambio de criptomonedas. Ahí, apuntó Barrow, se generará un mercado que fijará “el precio óptimo del vino”.

“Por un lado hablo al público cripto, que está especulando con un aumento de precio, y, por otro lado, tengo al público del vino que compra los tokens para bien recibir el vino, o bien para venderlo o cambiarlo por euros. Ellos regularán el precio”, dijo el empresario.

3.- ¿Cuál es la verdad de mi vino?

En el universo de las criptomonedas y el blockchain, verdad es el término clave. Que sean tecnologías ajenas a gobiernos y bancos les permite tener su propia idiosincrasia. Se trata de ir a la esencia, a lo más puro, a la verdad, en este caso, del vino de Mike Barrow.

Ocurre que el mundo del vino es muy subjetivo. Lo primero es la rareza del propio producto. “Se trata de un commodity muy peculiar. La calidad del vino mejora con los años. No sabrá igual el vino que se acaba de embotellar al vino que caerá en el vaso de un restaurante dentro de tres años”.

Mike Barrow apuesta por la uva orgánica para sus vinos / Foto: Costaflores

Por otro lado, hay un asunto de percepción. El que no es experto puede decir que el vino está bueno o está malo. Con el entendido pasa algo parecido.

Con el fin de solventar estos problemas, se han creado aplicaciones al estilo TripAdvisor, que buscan llegar a la verdad contrastando las opiniones de la gente. Aquí hay otro problema: “Vemos que los usuarios sólo opinan cuando están a disgusto. El tiempo de la gente vale mucho y hay que darles algo a cambio para que colaboren”.

Según los cálculos de Barrow, su vino estará en el mercado dentro de tres años. Por tanto, en mayo de 2021, todos los propietarios de tokens tendrán la posibilidad de intercambiar ese derecho digital por una botella. En ese instante, Barrow pedirá a los consumidores una opinión a cambio de un regalo.

“Podrás escanear la etiqueta con tu móvil, esta te llevará a una app en la que introduces datos personales. Te pediré una foto con la botella además de una serie de preguntas para realmente saber si te gusta o no. Después de esta invasión tremenda de tu intimidad, te voy a entregar otro token que te convierte en dueño de lo que hay en la copa, un token que equivale a una acción de la empresa”.

Aquí viene otro de los beneficios del blockchain. Gracias a la cadena de bloques, a los contratos inteligentes que se producen en esta red, el accionista participa directamente con las reglas de gobernanza de la empresa.

“Si hay beneficios puedo concretar qué parte irá destinada a los dividendos, cuál se reinvertirá en la empresa, cuál irá a caridad. Y todo esto, acordarlo a través de un sistema de votación en el que todos los propietarios participen”.

Con la respuesta a estas tres preguntas, se ponen sobre la mesa tres ideales: confianza, justicia y verdad. Los ideales de las criptomonedas que permitieron a Barrow elaborar OpenVino, un proyecto, no otra cosa.

“OpenVino no es una marca ni una plataforma comercial, es un proyecto y quiero que se entienda como tal. Además, es de código abierto, quien quiera inspirarse en él, copiarlo o robarlo que lo haga”, concluyó este informático del vino.

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