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Un robot nunca podrá convertirse en Federico García Lorca (pero lo intenta)

miércoles 11 de julio de 2018, 10:00h

Daniel Gómez (ALN).- Marchitará la nieve, el fin pesado / por tal caso, con una lengua sola / duro rato de rastro ensangrentado. ¿Le gustan estos versos? Son de un robot. Pero no se preocupe, su creador, Pablo Gervás, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que las máquinas no quieren robar el trabajo a los poetas. Quieren ayudarlos.

Pablo Gervás quiere que las máquinas "democraticen la poesía" / Foto: Pixabay
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Pablo Gervás quiere que las máquinas "democraticen la poesía" / Foto: Pixabay

Pablo Gervás lleva 20 años enseñando literatura a los robots. A punto de cumplir los 51, este físico español, doctor en informática por el Imperial College de Londres y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, logró que los ordenadores escriban poemas, cuentos y hasta un musical.

Aunque resulte traumático para los literatos, Gervás viene en son de paz. “No queremos que las máquinas escriban la poesía del futuro”, aclaró en un foro que organizó el diario El País en Madrid.

El objetivo de este profesor “es democratizar la poesía”. Que cualquiera pueda escribir un verso al estilo de Federico García Lorca y de Miguel Hernández. Algo así como lo que consiguió Instagram con las fotografías. Ya no hace falta manejar Photoshop para hacer retoques y darles un toque profesional.

“Queremos que todo el mundo tenga acceso a hacer poemas. La literatura es un universo de muchas tareas que interactúan entre sí. Lo que pretendemos es que la máquina haga bien alguna de estas muchas tareas”, apuntó.

Los robots de Gervás

WASP (Wishful Automatic Spanish Poet) es un robot diseñado por Gervás que compone poemas. No tiene forma humana. Es un programa cuyos algoritmos escriben versos en función de palabras claves, normas métricas y rimas propias de la poesía del Siglo de Oro español.

He aquí un ejemplo: “Marchitará la nieve, el fin pesado / por tal caso, con una lengua sola / duro rato de rastro ensangrentado”.

Los robots de Gervás (al centro) escriben cuentos y poemas / Foto: UCM

Estos versos se pueden encontrar en una de las publicaciones científicas del profesor: Un modelo computacional para la generación automática de poesía formal en castellano. Versos que en muchos casos están sin refinar, y que inspiran a cualquiera que se anime a escribir.

El otro robot de este profesor se llama PropperWryter y sabe crear historias. Cuentos basados en la narrativa popular rusa. Gervás analizó las publicaciones del lingüista ruso Vladímir Propp y compuso una máquina basada en sus análisis. Una máquina que genera la secuencia lógica de los acontecimientos de una historia. La trama y las ideas son cosa de los escritores.

Un musical hecho por algoritmos

Mientras Gervás presentaba PropperWryter en una feria, se le acercaron unos señores y le dijeron que si era capaz de escribir el argumento de un musical con ella. El profesor dijo que sí.

Entonces se puso manos a la obra y, con el apoyo de expertos de la Universidad de Cambridge, Queen Mary, Durham y la firma Sony, compusieron Beyond the Fence (Más allá de la valla), el primer musical íntegramente generado por ordenador.

“No queremos que las máquinas escriban la poesía del futuro”

El 22 de febrero la obra se publicó en el Arts Theatre de Londres. “La gente fue a verlo y gustó”, dijo Gervás en el acto. El profesor quedó impresionado con las críticas. Con las buenas y con las malas. De hecho, de una de las malas es de las que más se acuerda.

En un periódico les dijeron que este musical -escrito por algoritmos- tenía los mismos problemas que las obras tradicionales. Gervás aún se ríe de aquello. “Cuando extraes las claves de los musicales antiguos el musical nuevo te va a salir igual a los de antes”, reseñó.

Aquí está la paradoja de la disrupción y la gran esperanza de los escritores. Las máquinas, al menos en este momento, no pueden desbancar a las personas. Los poetas y dramaturgos seguirán siendo de carne y hueso, pero contarán con herramientas que facilitan algunas de sus labores.

Para entender esta revolución, Gervás habló de lavadoras. “¿Quién echa de menos lavar a mano?”, preguntó. Obviamente, nadie añora pringarse de jabón para frotar las manchas de una camiseta. Como si eso lo hiciera más humano que aquellos que ponen la ropa en el tambor de la lavadora. Pues algo similar ocurrirá con las máquinas.

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