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Se interrumpe el giro a la derecha en América Latina

jueves 19 de julio de 2018, 16:00h
Leticia Núñez (ALN).- Latinoamérica se encuentra inmersa en un maratón electoral. 14 comicios presidenciales en dos años. Ya se han completado siete. Y hay varias conclusiones: se refuerza la idea de la heterogeneidad de la política regional, no es el fin de los populismos, tampoco de los hiperliderazgos. Aún falta Brasil este año y otros seis países en 2019, pero si algo queda claro hasta ahora es que el giro a la derecha emprendido con los triunfos de Mauricio Macri en Argentina y Sebastián Piñera en Chile se frena tras lo sucedido en Costa Rica con Carlos Alvarado y, sobre todo, en México con Andrés Manuel López Obrador.
El triunfo de López Obrador refleja que la política mexicana es “anticíclica” / Foto: lopezobrador.org
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El triunfo de López Obrador refleja que la política mexicana es “anticíclica” / Foto: lopezobrador.org

América Latina no se despega de las urnas. La región inició a finales de 2017 un ciclo de alta intensidad electoral: 14 comicios presidenciales en apenas 24 meses. La victoria de Andrés Manuel López Obrador marca el ecuador del maratón electivo. Este año sólo falta por saber quién será el próximo presidente de Brasil. La incógnita se despejará el 7 de octubre. En 2019 llegará el turno de El Salvador, Panamá, Guatemala, Argentina, Bolivia y Uruguay. Toca hacer balance. Provisional, eso sí.

¿Cuáles son las conclusiones hasta el momento? Hay varias. “Una cuestión que se planteaba unos meses atrás es que Latinoamérica estaba frente a un giro a la derecha. Sin embargo, el resultado de las elecciones mexicanas, de Costa Rica y Venezuela –teniendo en cuenta su ilegalidad y escasa transparencia- indica que ese giro dista de ser un hecho”, explica Carlos Malamud, investigador principal del Real Instituto Elcano sobre América Latina, en declaraciones a ALnavío.

En esta línea también se expresa Alfredo Rodríguez, director del Máster en Políticas Públicas de Seguridad en la Universidad Camilo José Cela (Madrid). “Es un bienio decisivo. Donde parecía que habría un giro a la derecha ahora parece que no será tanto”, señala a este diario (Ver más: América Latina vive 2 años “decisivos” con 14 elecciones presidenciales).

“La tolerancia hacia la corrupción existente en el pasado se ha acabado. México es un claro ejemplo”, apunta Malamud

En los tres últimos años fueron electos el empresario Mauricio Macri en Argentina y el exbanquero Pedro Pablo Kuczynski en Perú. Mientras, en Brasil asumió el poder Michel Temer, tras la destitución de la presidenta izquierdista Dilma Rousseff. Después, en diciembre del año pasado, el también empresario Sebastián Piñera se impuso en Chile. A ello se sumó el triunfo del conservador Mario Abdo Benítez en Paraguay el pasado abril y del también conservador Iván Duque en Colombia en mayo.

Sin embargo, la abrumadora victoria de López Obrador en México, la de Carlos Alvarado en Costa Rica (centroizquierda) en abril y la de Nicolás Maduro en Venezuela en mayo (pese a las grandes irregularidades) reflejan un panorama heterogéneo, según los analistas.

En opinión de Alfredo Rodríguez, América Latina “camina en este momento hacia la izquierda. Al menos eso dicen los votantes en los países en los que ha habido elecciones”. No obstante, matiza: “No parece una izquierda radical, salvo en los casos ya conocidos”. Se refiere, por ejemplo, a Venezuela. “Allí no hay giro porque no hay posibilidad de que lo haya. La dictadura de Nicolás Maduro sigue fuerte y no parece tener vuelta atrás por vía democrática”, apunta.

El conservador Iván Duque ganó las elecciones de Colombia / Flickr: Iván Duque

Más conclusiones. “Vemos que los populismos distan mucho de acabarse en la región. Prueba de ello es lo que ocurre en Venezuela, Bolivia, Nicaragua…”, detalla Malamud. A su juicio, tampoco es el fin de los hiperliderazgos: “Ahí tenemos a López Obrador”. Y todo, dice, “en un contexto en el que los discursos de la antipolítica tienen un peso creciente”.

En el caso concreto de México, Malamud aporta otra conclusión. “La política mexicana tiene un carácter anticíclico. Tanto en el año 2000, como en 2006 y en 2012, cuando en el resto de Latinoamérica triunfaban opciones de izquierda y centroizquierda, en México triunfaba la derecha. Y ahora, cuando en algunos países sucede lo contrario, en México gana la izquierda”. La victoria de López Obrador confirma, a su juicio, una cierta autonomía frente al resto del continente.

Desconfianza creciente

En el balance de mitad de ciclo hay otro elemento más: el contexto de gran desafección hacia la democracia que reina en la región, como refleja el Latinobarómetro. El respaldo a la democracia registró la quinta caída consecutiva desde 2010, cuando alcanzó un pico de 61%. En 2016, el respaldo fue de 54% y en 2017, de 53%. “La desconfianza es creciente y esto evidentemente incide en el desarrollo del proceso electoral”, dice al respecto Malamud, catedrático de Historia de América.

Después está la corrupción. El caso Odebrecht, según el investigador del Real Instituto Elcano, ha sido la gota que colmó el vaso. “La tolerancia hacia la corrupción existente en el pasado se ha acabado. México es un claro ejemplo. La gente exige a los gobernantes respuestas claras”.

“La tolerancia hacia la corrupción existente en el pasado se ha acabado”/ Foto: EFE

Por su parte, Rodríguez no tiene tan claro que los escándalos hayan afectado a los comicios. “He sido testigo presencial de las tres últimas elecciones en Colombia y la gente pensaba en otra cosa al votar. Pero sí, todos decimos basta ya a la corrupción y, si en este momento no ha sido decisivo, acabará siéndolo”.

Entonces, ¿qué sensación reina?

“América Latina afronta con normalidad los retos del presente. Lo que ocurre en la región no es ajeno a lo que sucede en otras partes del mundo: intenta buscar caminos propios. Se da una crisis de partidos y de instituciones y trata de buscar soluciones a este desafío. La pregunta es si va a poder lograrlo o no”, señala Malamud.

Más allá de quien gane en Brasil en octubre y de lo que suceda en 2019 en los comicios de El Salvador, Panamá, Guatemala, Argentina, Bolivia y Uruguay, los expertos vaticinan que serán procesos igual de intensos que los celebrados hasta ahora. “La intensidad y la incertidumbre están garantizadas. Prueba de ello son los comicios de Brasil. En agosto tendrán que definirse las candidaturas y estaremos en condiciones de ver con más claridad por dónde pueden ir los tiros. Ya en 2019, también viviremos la intensidad en las elecciones de Bolivia y Argentina, además de Uruguay, donde está por ver si el Frente Amplio revalida el mandato o hay alternancia”, indica Malamud.

“Es un bienio decisivo. Donde parecía que habría un giro a la derecha ahora parece que no será tanto”, dice Rodríguez

Preguntado por los casos concretos de Brasil y Argentina, el investigador del Real Instituto Elcano señala que no se puede dar por muerto políticamente a Lula da Silva, favorito en todos los sondeos. Toca esperar hasta agosto para saber si el expresidente, en prisión, podrá ser candidato. Si no, está por ver en qué medida es capaz de transferir el respaldo que tiene a otros candidatos.

Y sobre Macri señala que “es evidente” que la reelección se le ha complicado por la inestabilidad económica y el rescate del Fondo Monetario Internacional, “pero habrá que ver si logra estabilizar la economía y está en condiciones de volver a ganar”. A su favor juega que por ahora que “no hay un candidato alternativo capaz de hacerle sombra”.

¿Y la economía?

El rediseño del mapa político latinoamericano coincide con la encrucijada económica. Según un informe publicado por el Real Instituto Elcano, elaborado por Rogelio Núñez, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), “los gobiernos que salgan de las urnas y los Parlamentos que se conformen deberán afrontar profundas modificaciones y cambios estructurales en la búsqueda de mayor competitividad y productividad para unas economías atrapadas en una doble espiral de debilidad: económica (por la baja expansión del PIB) y política (gobiernos, en la mayoría de los casos, sin un fuerte sustento social y sin voluntad política para impulsar la agenda reformista)”.

En su opinión, el lento crecimiento va camino de transformarse en una “característica estructural”. Por ello, concluye: “Sin reformas que hagan más competitiva y productiva a la región es altamente improbable que se produzca la aceleración siempre esperada (más allá de repuntes concretos), lo cual conduce, en el mejor de los casos, a una América Latina perennemente atrapada en un crecimiento insuficiente, levemente superior a 1% y muy lejano del 5% deseable”. Para 2018, el FMI prevé un crecimiento de 1,6% y de 2,6% para 2019.

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