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Así tuitea Jair Bolsonaro, el último ejemplar de la ultraderecha suramericana

domingo 02 de septiembre de 2018, 12:00h
Alonso Moleiro (ALN).- Jair Bolsonaro, candidato a la Presidencia de Brasil, es amante de las armas y los caballos, obsesionado con la disciplina y defensor de la propiedad. Es, además, uno de los voceros más firmes de la homofobia y no quiere escuchar de minorías raciales. Carga con importantes dosis de rechazo, pero se abre paso dentro de las tormentas por corrupción y el auge incontrolado del hampa. Con Lula da Silva en prisión, tendrá que ser Fernando Haddad, su potencial sustituto, el llamado a contenerlo en la cita del venidero mes de octubre.
Jair Bolsonaro es amante de las armas y los caballos / Foto: @jairbolsonaro
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Jair Bolsonaro es amante de las armas y los caballos / Foto: @jairbolsonaro

Militar retirado, conservador. Diputado por varios lustros. Famoso por sus posturas desdeñosas y racistas hacia las minorías indígenas y los afrobrasileños. Totalmente opuesto a ceder derechos adicionales a las minorías sexuales. Partidario de la tenencia de armas y la autodefensa. Ha justificado procedimientos de la última dictadura militar de Brasil, e incluso la tortura como método en los procedimientos del Estado. Lo acompañan líderes religiosos, muchos de ellos evangélicos, opuestos al aborto y al comunismo. Ha desfilado por varias formaciones políticas, y ahora, con el Partido Social Liberal, es uno de los candidatos a las elecciones presidenciales de Brasil, cuya primera vuelta se celebrará el próximo 7 de octubre. Es Jair Bolsonaro, la variante local de un populista conservador, el último modelo de la extrema derecha en Suramérica, cuyo mensaje encuentra recepción en oídos hastiados de las historias de la corrupción y el auge del hampa.

Es un tuitero comentado y temido, un animal de redes sociales: dispara rápido y acumula seguidores con frases terminantes, comentarios lapidarios y contraacusaciones

Es un tuitero comentado y temido, un animal de redes sociales, y con ellas ha podido engordar su notoriedad: dispara rápido y acumula seguidores con frases terminantes, comentarios lapidarios y contraacusaciones. Con cierta regularidad ironiza sobre el rechazo que inspira su figura y sobre los modales de sus detractores. Con poco más de 4.000 tuits, que al cabo no son muchos, Jair Bolsonaro ya remonta el millón y medio de seguidores.

Bolsonaro navega en el segundo lugar en los sondeos de opinión, detrás del controvertido Luiz Inácio Lula da Silva, actualmente preso por corrupción. Tal circunstancia tiene al horizonte político de este país imbuido en las tinieblas de la incertidumbre. A ellos les sigue, bastante más atrás, la ecologista Marina Silva. El futuro político de Lula, condenado a 12 años de prisión, sigue inmerso en un enorme entredicho. Fernando Haddad, exalcalde de Sao Paulo, puede ser el candidato que tome el testigo por Lula. A él tocaría verse las caras e intentar detener al estrafalario Bolsonaro.

Jair Bolsonaro ha sido confrontado con dureza en los debates electorales de este tiempo, y es detestado por amplias capas de la población, que resienten su mensaje rígido, sexista, homófobo y belicista. Como ha ocurrido en otros contextos, esto no impide que otros tantos de sus compatriotas, propietarios, devotos, religiosos -entre ellos, los evangélicos-, profesionales y capas medias, sobre todo del sur del país, lo acompañen y lo defiendan. Como otros populistas de este corte, Bolsonaro parece que se alimentara de su propia leyenda negra.

Aquí dispara verbalmente al influyente diario O Globo, formulando estas acusaciones:

Aquí Bolsonaro acude a un ardid muy común en los dominios del populismo extremista: negar, con todas sus letras, todo cuanto de él se dice. Exponer en una especie de galería todo y exponerse él como una figura polémica, sobre la cual sólo se extienden conjuras y calumnias.

¿Podrá ser detenido Jair Bolsonaro? ¿Se impondrá entre los brasileños la confusión, la frustración, la ira, la antipolítica? ¿Qué pasaría en el gigante de Suramérica si un líder como él llegara al Palacio de Planalto? De momento, sólo cabe extraer la conclusión de costumbre: en el marco de las libertades públicas, siempre habrá conciencias dispuestas a escuchar cantos de sirena, meteóricos dirigentes que viven del adjetivo y prometen lo imposible.

Alonso Moleiro

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