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Lula es el amuleto electoral de Fernando Haddad en Twitter

domingo 16 de septiembre de 2018, 12:00h
Alonso Moleiro (ALN).- Hasta hace poco la cuenta de Twitter de Fernando Haddad lo presentaba como el compañero de fórmula de Luiz Inácio Lula da Silva, favorito en las encuestas en los próximos comicios presidenciales brasileños, que tiene definitivamente vetada la participación electoral por estar en prisión. Con Lula fuera de carrera, desechada la apelación judicial, Haddad concretó un apurado cambio de vestuario en su buzón: ahora él es el abanderado, siempre sin dejar de nombrar a su mentor político, que es toda una presencia en su time line. Haddad es un avezado intelectual con obra escrita, exministro de Educación, exalcalde de Sao Paulo, con menos arrastre y una intención de voto que necesita urgentemente aumentar las calorías.
Fernando Haddad es el candidato de repuesto de Lula en Brasil / Foto: @HaddadFernando
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Fernando Haddad es el candidato de repuesto de Lula en Brasil / Foto: @HaddadFernando

El mapa del poder en Brasil, estando muy cerca los comicios presidenciales, no luce demasiado claro. El candidato que tendría más posibilidades de ganar las elecciones, Luiz Inácio Lula da Silva, está tras las rejas, condenado por corrupción, y definitivamente no podrá asumir la encomienda electoral planteada para octubre.

El vacío que deja Lula está llamado a llenarlo Fernando Haddad, hasta ahora su compañero de fórmula para la Vicepresidencia. Exministro de Educación, exalcalde de Sao Paulo, es sobre todo un intelectual, egresado de la academia, que ha ejercido en reflexiones y libros una especie de deconstrucción de la ortodoxia socialista, con menos arrastre y menos vínculos orgánicos con las masas.

Será Haddad el que deba verse las caras con el controvertido ultraderechista Jair Bolsonaro, en la cresta de la ola de las noticias luego del fallido atentado en su contra

Haddad está llamado a heredar el capital político de Lula, tarea para la cual trabaja directamente con el expresidente desde su prisión en Curitiba. Esta ecuación, en principio, no constituye un ejercicio transitivo tan sencillo. Algunos dudan sobre cuán eficiente pueda ser su tránsito en las zonas populares, y cuán blindado pueda estar el compromiso con las bases de su partido.

Será Haddad el que tenga que remontar las extendidas leyendas de corrupción del Partido de los Trabajadores, y el que deba verse las caras con el controvertido ultraderechista Jair Bolsonaro, en la cresta de la ola de las noticias luego del fallido atentado en su contra. De momento, las encuestas le adjudican a Haddad apenas 6% en la intención de voto. El comando de Lula confía en que podrá remontar la cuesta. El veto a Lula deja la orientación emocional del voto en Brasil gravitando en el vacío.

A pesar de la inminencia del fallo judicial, la cuenta de Twitter de Fernando Hadddad seguía presentándolo hasta hace muy poco como el compañero de fórmula de Lula. Sobre ese parámetro, como candidato a vicepresidente, estaba fundamentada su presentación formal y sus fotos, y la mayoría de los enlaces, comparecencias y comentarios.

Las cosas cambiaron en cuestión de horas. Todos parecían estar esperando la señal para activar el cambio de decorado y los últimos tuits de Haddad ya acusan recibo de la novedad. El candidato presidencial del PT es Fernando Haddad, eso sí, siempre sin dejar de nombrar a Lula.

Haddad y el PT han decidido que Lula, cuya polémica figura seguirá siendo revindicada, será una presencia permanente en el desarrollo de esta campaña. La presencia de Lula es imposible de soslayar en los tuits de Haddad. La transición entre una y otra realidad, sin embargo, podría no ser tan estridente: ya antes de que quedara formalizada la salida de carrera del barbado dirigente sindical, Haddad estaba ejerciendo su encomienda de “precandidato vicepresidencial”: besando viejitas, visitando fábricas, mostrando el dedo pulgar, asistiendo a espacios de opinión, prometiendo futuro y ofreciendo un nuevo Brasil. No estamos revelando ningún secreto: las campañas presidenciales sin iguales en todos lados.

Hijo de inmigrantes libaneses cristianos, Fernando Haddad, que sirvió a los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff, tuvo una controvertida experiencia como intendente paulista: inició la gestión con muy buen pie pero concluyó entre muchos contratiempos, y fue derrotado en su intento por reelegirse. Los analistas no están seguros de que pueda compaginar su brillo intelectual con su capacidad para hacer alianzas, evitar celadas, movilizar masas, e imponer su ley a los adversarios, que en definitiva es el mandato de todo dirigente político, mucho más si aspira llegar al poder.

Puede que sea cierto que un rival tan polarizante y estrafalario como Jair Bolsonaro, que es el que secunda a Lula en los sondeos, y que no deja de tener un cúmulo de seguidores, le permita a Haddad abrirse paso para conquistar el Palacio de Planalto. El tiempo, sin embargo, apremia, y Haddad deberá apretar el paso.

Alonso Moleiro

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