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La pasión turca de Nicolás Maduro y Cilia Flores indigna a Venezuela

martes 18 de diciembre de 2018, 12:00h

Daniel Gómez (ALN).- Una jugosa costilla, el show del chef Nusret Gökçe, un cajón de habanos… “Esto es una vez en la vida, ¿verdad?”, le dijo el presidente a su esposa mientas disfrutaban del banquete en el Salt Bae de Estambul. No pudo tener más razón Nicolás Maduro. Venezuela no está para lujos, y así se lo hicieron saber los venezolanos.

Maduro hasta imitó el gesto del chef turco / Foto: Captura Instagram
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Maduro hasta imitó el gesto del chef turco / Foto: Captura Instagram

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, se fundió en un abrazo con su nuevo amigo. Hasta cinco segundos lo retuvo mientras le agradecía el buen trato que le dio. “Nos vemos en Caracas. Pronto. Gracias. Gracias”, le dice el mandatario justo antes de irse, rodeado por un nutrido cuerpo de seguridad.

Maduro hizo escala en Turquía al regresar de China. En Pekín anduvo negociando con el presidente, Xi Jinping, acuerdos financieros y petroleros para auxiliar a Venezuela. Allí la situación es tan límite que ni un trozo de carne se puede conseguir. Escasean las proteínas y abunda el hambre. Hasta 3,7 millones de venezolanos sufren hambre crónica, según las Naciones Unidas.

Salta a la vista que el robusto Maduro no es uno de los venezolanos hambrientos. Aunque hambriento sí que estaba cuando arribó a Estambul. Los vuelos entre Pekín y la capital turca duran como poco ocho horas, y es sabido que la comida en los aviones, aunque estos sean oficiales, no es la mejor de todas.

Para saciar el hambre, Maduro eligió el Salt Bae, un reputado restaurante por sus carnes, pero, sobre todo, por su fundador, el chef turco Nusret Gökçe.

Gökçe, de 35 años, se ha convertido en uno de los cocineros más famosos del mundo por la forma en la que prepara los platos. Es todo un show. Incluso baila con los cuchillos, como si fuera un místico guerrero derviche. No obstante, su gesto más característico, y el que se ha hecho viral en internet, es el de espolvorear la sal.

El chef toma un buen puñado de sal gruesa con los dedos, contrae bíceps, pega la mano al hombro, y como si de un conjuro mágico se tratara, esparce la sal por la carne. Un gesto tan peculiar que incluso han replicado famosos como David Beckham, Rihanna y Diego Armando Maradona.

Maduro en Salt Bae

Ahora Maduro se une al club, y Gökçe tuvo la inocencia de promocionarlo en Instagram. Una publicación de cinco vídeos en la que se ve al presidente disfrutar de lo lindo. En el primer post se ve al chef bailando con los cuchillos mientras preparaba unas costillas. De fondo se oye: “Esto es una vez en la vida, ¿verdad?”.

Era Maduro diciéndoselo a su acompañante, esposa y ‘primera combatiente’, Cilia Flores, absorta en la carne que le acababan de preparar. Cortada en dados. Jugosa. En su punto. Como jamás podría comerla en Venezuela a menos que fuera a casa de un conocido empresario de seguros, quien prepara las costillas con el mismo arte que el chef tuco.

“Esto es una vez en la vida, ¿verdad?”, le dijo el presidente a su esposa mientas disfrutaban del banquete en el Salt Bae

Al presidente se le escuchaba feliz por el tono. Y su felicidad quedó reflejada en el segundo vídeo. Allí salía Maduro, relajado, con habano en mano y lentes. Recibía un regalo de Gökçe: una camiseta blanca con su peculiar gesto con la sal. Un gesto que el presidente luego imitó saboreando el puro, mientras su esposa agradecía a los comensales el regalo.

Lo de enviar puros como regalos es una tradición muy cubana. No sólo porque sea uno de los productos estrellas de la isla. Ni porque el fallecido presidente Fidel Castro casi siempre anduviera con un habano en la boca. En 2014, cuando el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció el deshielo con Cuba, recibió un Montecristo con su nombre desde La Habana entregado por el propio Raúl Castro.

Lo de Maduro recuerda a todo esto. De hecho, en el tercer vídeo, el chef turco muestra un humidificador de puros dedicado al mandatario venezolano con una placa bañada en oro que ponía: Nicolás Maduro.

No faltaban lujos, ni tampoco seguridad. Y es que en el cuarto post se ve el despliegue que acompañó al presidente. Fuerzas especiales turcas, armadas con metralletas y chalecos antibalas, seguramente enviadas por su amigo y gobernante, Recep Tayyip Erdoğan.

Las críticas a Maduro

Hubo un último vídeo. Fue la despedida de dos hombres que se hicieron amigos: Maduro, feliz de su banquete, y el chef. Se abrazaron, se dijeron algo al oído, chocaron las palmas, y el presidente lo invitó a Caracas.

La publicación de Gökçe apenas aguantó unas horas en Instagram. La gente explotó. Los venezolanos explotaron. Les indignó que el presidente de un país donde la gente muere de hambre se diera un banquete con todo tipo de lujos.

Las críticas le llovieron desde todos los flancos. “Ese presidente es un tonto de mierda”, dijo el cantante colombiano J Balvin a su amigo el chef mientras el post seguía subido en Instagram.

El líder de la oposición venezolana Julio Borges fue más diplomático, pero igual de contundente: “Mientras los venezolanos sufren y mueren por hambre, Nicolás Maduro y Cilia disfrutando de uno de los restaurantes más costoso del mundo, todo esto a costa del dinero robado al pueblo venezolano”.

Maduro, quien llegó a Caracas en la noche del lunes, bajó del avión con una maraña de periodistas a la espera. El escándalo del vídeo no pasó por alto, y le preguntaron: “Le envío de aquí un saludo a Nusret. Nos atendió él personalmente, estuvimos conversando, disfrutando con él. Un hombre muy simpático, ama a Venezuela”.

Eso dijo a Maduro. Porque sabe que, pese a las críticas, lo que vivió no podrá repetirlo. No al menos en Venezuela. Apenas hay carne, y apenas hay dinero para pagar un menú que como poco cuesta 270 dólares.

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