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El nuevo mapa electoral de EEUU le complica la reelección a Donald Trump

jueves 22 de noviembre de 2018, 12:00h
Leopoldo Martínez Nucete (ALN).- En las elecciones de EEUU se acaba de registrar un récord. Por primera vez, el total nacional de votos del partido que pasó al control de la Cámara de Representantes es superior al apoyo total recibido por el presidente dos años antes.
La base electoral de Trump no basta para que los republicanos retengan el poder / Foto: WC
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La base electoral de Trump no basta para que los republicanos retengan el poder / Foto: WC

Las ruedas de prensa de Donald Trump, tras difundirse los resultados de las elecciones de mitad de período en EEUU, devinieron en un campo de batalla. El presidente descalificó e insultó a corresponsales de prensa y retiró las credenciales del periodista Jim Acosta, de CNN.

Los abogados de CNN acudieron a la Corte Federal en demanda de la restitución de las credenciales de Acosta, lo cual fue provisionalmente acordado por el juez, que emplazó a la Administración a demostrar en juicio las causas que podrían justificar tal decisión, que no sólo interfiere el ejercicio de la libre prensa sino también el derecho de las audiencias a estar informadas.

Los demócratas obtuvieron cerca de 64 millones de votos, cifra que supera los 62,9 millones obtenidos por Trump… quien ya encajaba un volumen inferior a los 65 millones de votos de Hillary Clinton

Entretanto, mientras se libra un combate en los medios, el prestigioso estadístico Nate Silver acaba de divulgar su análisis de los resultados de las elecciones de mitad de período. La demoledora conclusión: la base electoral de Trump no basta para que los republicanos retengan el poder o crezcan como organización. En este evento electoral se acaba de registrar un récord. Por primera vez, el total nacional de votos del partido que pasó al control de la Cámara de Representantes es superior al apoyo total recibido por el presidente dos años antes. En este caso, los demócratas obtuvieron cerca de 64 millones de votos, cifra que supera los 62,9 millones obtenidos por Trump… quien ya encajaba un volumen inferior a los 65 millones de votos de Hillary Clinton. Para darnos una idea de lo que esto significa, una debacle de esta magnitud sólo había ocurrido en 1970, tras el escándalo de Watergate, que acabó con la Presidencia de Richard Nixon. Dos años antes de estallar este affaire, Nixon había resultado reelecto con 31 millones de votos y el Partido Demócrata logró el control de la Cámara con márgenes como el actual, con casi 30 millones de votos.

Por otra parte, está el asunto de las fuentes de apoyo republicano. El partido de Trump fue derrotado en todos los sectores de la población por grupo étnico. Votó contra Trump y los republicanos 61% de la población indígena, 73% de los latinos, 90% de los afroamericanos y 72% de los asiático-americanos, según los estudios estadísticos más fiables hechos a boca de urna o después de las elecciones. Trump y su partido sólo lograron conquistar la mayoría del voto blanco o caucásico, con el 52% del total, y con una posición muy débil de apoyo entre las mujeres y los jóvenes en particular y, en general, los electores blancos con educación universitaria. Entre los latinos, el promedio nacional sondeado a boca de urna por Latino Decisions, encuestadora de inmenso prestigio, muestra un apoyo del 73%, pero en un sector tradicionalmente republicano, que es el contingente cubano-americano en Miami, donde demócratas y republicanos se repartieron ese segmento del electorado a partes iguales… con un detalle: cuanto más joven el votante de origen cubano, mayor inclinación demócrata. PEW Center y otros estudios demográficos de Brookings Institution proyectan que, para 2045, la población blanca o de etnicidad caucásica será menos del 50% de la población total de los EEUU.Una debacle de esta magnitud sólo le había ocurrido a Richard Nixon / Foto: Wikimedia

La estrategia de Trump y sus acólitos en el Partido Republicano (porque hay muy potentes voces contra este proceso) tiene, definitivamente, patas cortas. Para muestra algunos datos: las derrotas de los candidatos demócratas a gobernador y senador en Florida fueron milimétricas (en medio de un último caudal de votos que, por cuestión de plazos legales otorgados al condado de Broward, no pudo ser debidamente contado), pero aún así, los republicanos pierden los dos escaños de Miami antes en sus manos. Las victorias en muchos estados, como Georgia e Indiana, fueron precedidas de cuestionables procesos de purga al registro electoral. En los estados de la llamada Nueva Inglaterra (noreste del país), los republicanos quedaron sin un solo diputado. En el bastión demócrata de California, el partido republicano quedó sin un solo diputado en el condado de Orange, que es donde le quedaba una sólida base electoral. Cuando se estudia el caso de California se entiende hacia dónde marcha el Partido Republicano. En el 2002 la delegación de diputados republicanos era de 20 y ahora es de sólo ocho representantes, la demócrata creció de 33 a 45; incluso, la lucha por el senador de California fue entre dos demócratas que, sumados, lograron más del 85% de los sufragios. Frente a esto la estrategia republicana en las últimas tres décadas ha consistido en el “Gerrymandering” por todo el país de los estados bajo su control, pero incluso ante esa realidad y en medio de una economía todavía en crecimiento, ni esa ventaja institucional pudo evitar el control demócrata, a niveles históricos, de la Cámara de Representantes.

Lo que está en juego

Por su parte, el giro de Nevada y Arizona hacia la columna demócrata, así como la consolidación del poder de dicho partido en los estados de Pensilvania, Michigan y Wisconsin, incluyendo en los tres a los gobernadores, candidatos al Senado y las mayorías legislativas, tanto a nivel estadal como en las delegaciones de representantes al Congreso, dibujan un mapa nada auspicioso para la reelección de Trump.

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Pero Trump no baja la guardia. Insiste en su guión de categorizar a la prensa libre como enemiga del pueblo. Dice que su triunfo en el Senado es histórico, cuando en realidad ya los republicanos tenían el control de la Cámara Alta y no habían perdido en lugares como Arizona un senador en 23 años; o no se había dado el fenómeno de que los dos senadores de Nevada y el gobierno regional estuviesen al mismo tiempo en manos demócratas. Trump insiste en su discurso pensando que moviliza a sus electores pero no advierte el costo. Y dentro de su burbuja cree que debe acallar o reducir a la libre prensa.

El partido de Trump fue derrotado en todos los sectores de la población por grupo étnico. Votó en contra 61% de la población indígena, 73% de los latinos, 90% de los afroamericanos y 72% de los asiático-americanos

Ante ese escenario, el almirante retirado William McRaven -héroe nacional entre muchas cosas porque comandó la histórica misión que capturó y puso fin a la vida de Osama Bin Laden- dijo esta semana, en conferencia ante los estudiantes de la Universidad de Texas, que el discurso divisivo y los ataques a la libre prensa por parte de Trump eran la mayor amenaza contra la Constitución y las instituciones que había conocido en su dilatada carrera como militar y servidor público. La respuesta de Trump en entrevista conferida a Fox fue arremeter contra el almirante, acusarlo sin base de estar parcializado por Barack Obama y Clinton y cuestionar su desempeño en la lucha contra Al-Qaeda, “porque pudo haber atrapado mucho antes a Bin Laden”. El público lo escuchaba perplejo. Cada día parece haber más republicanos planteándose si será necesario oponer un contendor a Trump dentro del partido, y derrotarlo en una primaria en 2020. Sin embargo, las encuestas en ese terreno indican que todavía una mayoría de los electores inscritos en el Partido Republicano quiere que Trump se reelija, pese a contar con 60% de rechazo en el promedio nacional.

Una cosa está clara: Trump está haciendo mucho daño al devenir de su partido y a la institucionalidad nacional; y lo más lamentable es que en ese propósito no está solo dentro del ámbito republicano. Lo secundan quienes, aún teniendo una percepción cabal y crítica del perjuicio que podría causar el actual ocupante de la Casa Blanca, no se deslindan de una persona y una estrategia que los aíslan de la realidad. Está en juego mucho más que la disidencia del propio Partido Republicano, incluso más que el país, puesto en riesgo en peleas sin sentido; lo que se expone es la seguridad del planeta, dada la relevancia de los Estados Unidos en el orbe. Después de los comicios, ha quedado pendiente una elección individual, un plebiscito interno, en el que cada republicano deberá confrontarse con su conciencia.

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