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Para Nicolás Maduro y Rusia la guerra ya comenzó en Venezuela

martes 18 de diciembre de 2018, 17:50h

Juan Carlos Zapata (ALN).- De pronto ya no es sólo la ayuda económica por parte de Moscú a Caracas. De repente ya no es sólo el respaldo político por parte de Vladímir Putin a Nicolás Maduro. De pronto ya no es sólo que dos aviones de combate Tu-160 aterricen cerca de Caracas y surquen los espacios del Mar del Caribe venezolano como parte del plan de cooperación militar entre las fuerzas armadas de Rusia y Venezuela. Ahora se habla de una base militar. De una base en la isla de La Orchila, cercana al litoral más próximo a Caracas; una isla que solían usar los presidentes para descanso o entrevistas estratégicas con otros mandatarios. En La Orchila se efectuó la cita entre Anastasio Somoza y Carlos Andrés Pérez cuando este lo quiso convencer de que abandonara el poder en Nicaragua. A La Orchila fue llevado prisionero Hugo Chávez al ser depuesto en abril de 2002, y de La Orchila era rescatado horas después. Entonces, Nicolás Maduro huía. Entonces, ¿una base militar rusa en Venezuela?

Maduro ha reforzado el discurso de la guerra / Foto: AVN
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Maduro ha reforzado el discurso de la guerra / Foto: AVN

De esto se habla en estos días. De esto se ha venido hablando desde hace meses. Inclusive años. Cuando Chávez y Putin se acercaron y estrecharon relaciones. Cuando ambos coincidieron en que los Estados Unidos y EuropaOccidente- eran el enemigo. Putin ha dicho que Occidente no lo reconocerá ni dejará de criticarlo sino cuando Rusia entregue, se entregue, cuando entregue los recursos naturales, cuando disuelva el Ejército, cuando se rinda, pues. Lo mismo decía Chávez, que insistía en que el imperio de los Estados Unidos iba por el petróleo, por la reserva petrolera más grande del planeta. Putin y Chávez, en más aspectos coincidieron. En los métodos antidemocráticos. En la acumulación del poder. En amparar un modelo de Estado corrupto. En Rusia, los oligarcas. En Venezuela, la boliburguesía. Putin y Chávez coincidieron en ser desafiantes. Y ese desafío se mantiene con Putin y se mantiene con Nicolás Maduro. A Putin le cuadra el desafío de Maduro, que encabeza un gobierno que sufre el peso de las sanciones internacionales, igual que el gobierno de Putin, que, pese a todo, sigue en desafío, plantándole batallas a Occidente, de las cuales ha salido victorioso. Putin necesita a Maduro. Sólo en la medida de usarlo como pieza de ese desafío hacia Estados Unidos, en el patio trasero de los Estados Unidos. De allí que Putin se oponga a un cambio de régimen por la fuerza. Y un Maduro débil, con una crisis económica y petrolera aguda, sin divisas, sin acceso al financiamiento, aislado en lo internacional, es una pieza que Putin puede manipular a su antojo. Putin es así. Es el estilo de Putin. Y Maduro se dejará llevar. No tiene otra opción en estos momentos.

La de Putin es una relación heredada por Maduro. Y Maduro y Putin son dos herederos del poder. El uno de Chávez y el otro de Boris Yeltsin. De ambos se creyó que no durarían en el poder. Mientras Putin era casi un desconocido al ascender al poder, en cambio Maduro era el canciller de Chávez y el chavismo. Ambos son crueles. Ambos fanfarrones. Ambos autoritarios

De la última visita que realizara a Putin en Moscú a principios de diciembre, Maduro se ha sentido más reforzado. Como la intervención militar no es cuestión descartada en los Estados Unidos, ni siquiera en la OEA, ni tampoco en algunos países de la región con el fin de echar a Maduro del poder, este ha reforzado el discurso de la guerra con el fin de enviar el mensaje de que no está solo, que cuenta con Rusia, y cuenta con la Fuerza Armada, con la milicia bolivariana, y cuenta con el pueblo, que defenderán el suelo patrio en caso de una agresión, El canciller Jorge Arreaza llegó a decir que los venezolanos darán la madre de todas las batallas.

La de Putin es una relación heredada por Maduro. Y Maduro y Putin son dos herederos del poder. El uno de Chávez y el otro de Boris Yeltsin. De ambos se creyó que no durarían en el poder. Mientras Putin era casi un desconocido al ascender al poder, en cambio Maduro era el canciller de Chávez y el chavismo. Ambos son crueles. Ambos fanfarrones. Ambos autoritarios. Ambos tienen la misma escuela del autoritarismo. Putin lleva 18 años en el poder. Y Maduro que tuvo como referencia a Chávez, y tiene como referencia al castrismo en Cuba, también aprende del estilo Putin, del modelo represivo ruso. Y del modelo del monopolio del poder. Y hasta del monopolio de la corrupción, de clanes que conviven y siguen la línea de un jefe.

Como se sabe, el 10 de enero termina el periodo presidencial de Maduro, y este es un hecho político nacional e internacional que implica que el nuevo periodo que pretende iniciar es cuestionado y no reconocido por la mayoría de los países de América Latina y Europa, por Canadá y los Estados Unidos. Se espera una retirada masiva de embajadores para la fecha, en el entendido de que de allí en adelante Maduro no es un presidente legítimo. En vista de ello, el discurso de Maduro ha consistido en denunciar un plan de agresión internacional, encabezado por Colombia, Brasil y los Estados Unidos. De allí que Maduro se muestre desafiante, y de allí la posición de Putin respecto a la ayuda militar y ahora, se supone, la creación de una base militar.

Un Maduro débil es una pieza que Putin puede manipular a su antojo / Foto: @NicolasMaduro

Ya este un tema que había abordado el sitio ruso Sputnik en septiembre de 2018. Señalaba que “La cuestión del emplazamiento de una base militar rusa en Venezuela es un asunto bastante controvertido porque actualmente Moscú tiene dos problemas pendientes: el problema ucraniano y la guerra civil en Siria”. La opinión fue recogida por Sputnik y es del vicedirector del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencia de Rusia, Borís Martínov. Entonces agregaba que “Es poco probable que Estados Unidos lance una intervención a gran escala contra Venezuela. Sin embargo, si esto pasara, esto podría provocar un verdadero incendio en América del Sur y sería muy difícil apagarlo”. El impacto más cercano sería sobre Colombia. Un conflicto desacomodaría la situación colombiana, el proceso de paz se vería en peligro. “Una invasión podría hacer que todo este trabajo haya sido para nada. Si Estados Unidos osa lanzar esta operación, cometería un error enorme”, decía el analista ruso. Quien apuntaba, que “Por el otro lado, si Rusia y Venezuela acordaran el emplazamiento de una base militar en el territorio del país caribeño, esto provocaría un fuerte repudio por parte de Estados Unidos”.

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Avance sin pausa hacia el caos

De septiembre a esta fecha, los señalamientos han ido en ascenso. Hay una escalada de acusaciones. Es lo que el expresidente de Colombia, Ernesto Samper, ha llamado tambores de guerra. Samper ha explicado que cualquier incidente en la frontera puede provocar el conflicto. ¿Y de allí? Todo es impredecible. En una guerra no hay nada controlado. Los hechos pueden salirse de cauce. Eso es lo que también ha explicado el expresidente del Consejo de Seguridad de la ONU, el venezolano Diego Arria. Lo cierto es que los movimientos de Maduro van en dirección de prepararse para la guerra. Lo que Maduro desde ya intenta enviar como mensaje es que la agresión tendrá costos. Que deponer el régimen no va a ser un trámite fácil. De hecho, se cuenta con el respaldo de los grupos insurgentes de Colombia y unidades especiales que ha venido formando la Fuerza Armada en Venezuela, bajo lo que se conoce como el Método Táctico Revolucionario, que consiste en involucrar a toda la población en caso de un conflicto. Chávez creía en una Venezuela inexpugnable. Y hablaba de “la doctrina de la guerra de todo el pueblo”. Solía señalar: “Todos somos soldados”. Y eso es lo que repite hoy el jefe de la Fuerza Armada, el general Vladimir Padrino López, quien ha llevado adelante los contactos y negociaciones de la cooperación militar con Rusia, al punto de que ya es considerado un visitante regular en Moscú. Maduro, por su parte, dijo este lunes que “Es necesario prepararse para defender cada palmo del territorio nacional de los enemigos de la Patria. Si algún día se atrevieran a tocar un solo palmo, la milicia debe salir a defender la tierra sagrada de Bolívar, defendiendo el derecho a la paz, la soberanía y la independencia”. Señaló que “puede ser que alguna fuerza invasora logre entrar, pero lo que debe saber es que no van a salir vivos de aquí, el pueblo los buscará”. Apuntó que “Vamos a defender a nuestra Patria de imperialistas, de oligarcas, de traidores y traidoras. ¡No podrán con nosotros!”.

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El reportaje de Sputnik señalaba que “Si excluimos la posibilidad del despliegue de una base militar rusa, Venezuela tendría varias opciones para resistir a una posible invasión. En el peor de los casos, vaticinó el experto ruso, Caracas recurriría a la movilización total de la población y a una guerra de guerrillas. También podría tratar de apelar ante la ONU para atraer la atención mundial. Rusia podría ayudar al gobierno de Maduro de manera política. Moscú podría plantear la cuestión en el Consejo de Seguridad y vetar cualquier decisión que sea dirigida en contra de la soberanía de Venezuela. Pero en este caso es importante entender que Estados Unidos puede sortear las decisiones del Consejo”. Dijo Martínov que “Nadie estaría interesado en que el conflicto tenga un carácter prolongado, ni siquiera Estados Unidos, que siempre apuesta por una guerra rápida. Pero una invasión estadounidense no sería un simple paseo, por eso es poco probable que tome el riesgo de iniciarla”. También explicó que “Es difícil predecir qué pasará en Venezuela en los próximos años, porque incluso el pronóstico de tiempo es más preciso. Puede pasar cualquier cosa”.

Y ese es el punto en estos momentos de guerra verbal. Y de señales concretas como la presencia de los aviones rusos. Aunque el experto lo ponga en duda, los nuevos hechos, las amenazas, y la fecha del 10 de enero, colocan a Moscú y a Caracas en otro escenario. En septiembre, el embajador de Venezuela en Rusia negaba la posibilidad de la base militar. El propio sitio Sputnik así lo reportó: “La posibilidad de instalar una base militar rusa en el territorio de Venezuela no se ha estudiado hasta la fecha, declaró en una entrevista con Sputnik el embajador venezolano en Moscú, Carlos Rafael Faría Tortosa”.

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Pareciera que Maduro busca una épica. Un hecho épico que lo ayude a prolongarse en el poder. Que incluso unifique al chavismo, de donde surgen cada vez más voces que critican la conducción económica, la corrupción, el modelo del rentismo petrolero. Un hecho épico que le devuelva la solidaridad de otros movimientos de izquierda que si bien guardan lealtad hacia lo que representó Chávez, no así hacia el fracaso, y hacia la política y la economía “nefasta” (Pablo Iglesias dixit) que implica Maduro.

El poder madurista ha vendido la especie de estar bajo asedio. De sufrir una guerra económica. De sufrir un cerco internacional. El poder madurista calcula que en enero pueden intensificarse las sanciones contra el gobierno y contra figuras del régimen. Para el poder madurista y chavista, la guerra ya comenzó. Y en tal sentido, tal vez compartan la visión del jefe del Estado Mayor de Putin, el general Valeri Guerásimov, quien escribió: “En el siglo XXI, vemos la tendencia a desdibujar las líneas entre los estados de guerra y paz. Las guerras ya no se declaran, y cuando han comenzado, prosiguen de acuerdo a un patrón desconocido”. Así, señala el general, un Estado próspero puede convertirse, en cuestión de meses y días, “en un escenario de un feroz conflicto armado, convertirse en víctima de una intervención extranjera y hundirse en una red de caos, catástrofe humanitaria y guerra civil”. La crisis humanitaria es un hecho real en Venezuela. Hacia el caos se ha avanzado sin pausa. Sólo faltan la intervención militar extranjera y la guerra civil. Y el problema no se resuelve con una base militar rusa.

Juan Carlos Zapata

Artículos de Juan Carlos Zapata

Periodista, analista político, investigador y escritor venezolano, referente del periodismo latinoamericano y autor de 10 libros.

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