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La infraestructura de EEUU está en crisis mientras Trump pide plata para el muro

jueves 10 de enero de 2019, 16:32h
Leopoldo Martínez Nucete (ALN).- El Gobierno de los EEUU lleva ya 18 días cerrado por la intransigencia de Donald Trump con respecto al muro con México. Mientras tanto, la infraestructura de comunicaciones está en crisis de mantenimiento y desbordada por la urgencia de nuevos proyectos.
Trump tiene paralizado el Gobierno mientras exige la construcción del muro / Foto: @realDonaldTrump
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Trump tiene paralizado el Gobierno mientras exige la construcción del muro / Foto: @realDonaldTrump

El Gobierno de los EEUU lleva ya 18 días cerrado por la intransigencia de Donald Trump. No es la primera vez que esto ocurre, por cierto. Ha pasado otras veces. El cierre más prolongado, de 21 días, fue en el gobierno de Bill Clinton, cuando la mayoría republicana se negaba a aprobar el presupuesto porque le exigía a Clinton recortes irracionales en el gasto de las coberturas sanitarias de Medicaid (para los sectores más vulnerables) y Medicare (para los mayores en situación de retiro).

Ahora, el senador Mitch McConnel, líder de la mayoría republicana en el Senado, se niega a llevar la propuesta al plenario de la Cámara Alta sólo para complacer el antojo del innecesario muro, que como es obvio nunca pagará México. Insólito. Si McConnel lleva la propuesta de nuevo al Senado, quizás se tendría una mayoría calificada en ambas Cámaras y podría pasarse la página sin caer en el chantaje de Trump

La batalla de la opinión pública en aquella oportunidad la ganó Clinton, pero hubo algunos acuerdos en el orden fiscal que le permitieron presentar un plan presupuestario a siete años para llevar el déficit fiscal a cero. En los hechos, Clinton superó las expectativas porque alcanzó un superávit fiscal (el último y uno de los pocos que han conocido los estadounidenses), en medio de un crecimiento económico y de avances importantes en lo social. En aquella confrontación, los republicanos estaban atascados en un empeño: reducir el déficit fiscal, para ellos imposible sin recortes al gasto en salud. Clinton les demostró que era posible reducir el déficit sin sacrificar a los sectores más desfavorecidos. El debate, no obstante, tenía sentido y racionalidad. Y las partes se mostraron dispuestas a admitir opciones.

El cierre del Gobierno, esta vez, se relaciona con la construcción del muro que, según Trump, debe extenderse por toda la frontera sur de los EEUU (y que, según su promesa, sería pagado por México). Una tapia que no sería más que un monumento a la xenofobia. Las mayorías, republicana en el Senado, y demócrata en la Cámara de Representantes, apegadas a la opinión de los expertos y de las propias agencias federales a cargo de la seguridad fronteriza, han presentado opciones para fortalecer esta sin gastar 26.000 millones de dólares en la descabellada idea del magnate presidente.

Mientras tanto, la infraestructura de comunicaciones de EEUU está en crisis de mantenimiento y desbordada por la urgencia de nuevos proyectos: autopistas, trenes, transporte público, puentes, puertos y aeropuertos se han quedado muy detrás de los que tienen países con desarrollo comparable. La planta física de las escuelas públicas también exige nuevas inversiones. Y no digamos el sistema sanitario público... Además, el desafío de las inversiones en energía renovable es quizás una de las mayores oportunidades reales de expansión y crecimiento económico que hoy tienen los EEUU.

Antes de instalarse la nueva mayoría parlamentaria demócrata en la Cámara de Diputados, los 100 senadores, en impresionante consenso bipartidista, aprobaron un proyecto de presupuesto temporal que permitía poner en funcionamiento al Gobierno y dotar de una importante inversión en seguridad fronteriza a las autoridades, sin necesidad del dichoso muro. Trump aseguró que iba vetar la propuesta si llegaba a su despacho y la Cámara, entonces republicana, se detuvo. Al llegar los demócratas, partiendo de aquella propuesta, Nancy Pelosi armó una que cuenta con la mayoría.Mitch McConnell, líder republicano en el Senado, le sigue la corriente a Trump / Foto: @McConnellPress

Ahora, el senador Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, se niega a llevarla al plenario de la Cámara Alta sólo para complacer el antojo del innecesario muro, que como es obvio nunca pagará México. Insólito. Si McConnell lleva la propuesta de nuevo al Senado, quizás se tendría una mayoría calificada en ambas Cámaras y podría pasarse la página sin caer en el chantaje de Trump. ¿Por qué no lo hace? La muralla de Trump tiene calado en un sector importante de la base republicana, mal informada ante la manipulación de la narrativa antiinmigrantes. Si bien la gran mayoría del país culpa a Trump (y a los republicanos) del cierre del Gobierno, y está en desacuerdo con el muro, el electorado conservador se divide con tendencia favorable en torno a la demagógica retórica de Trump. McConnell le sigue la corriente, porque esa postura afecta a senadores y congresistas que, como él, dependen de ese electorado republicano radicalizado para las elecciones parlamentarias en dos años.

Recordando al Ku Klux Klan

Entre tanto, ¿qué implica el cierre del Gobierno? Algunos servicios esenciales siguen funcionando, pero otras agencias vitales están cerradas. Los funcionarios, más de 700.000 trabajadores, no han podido cobrar los sueldos en Navidad y principio del año; y, en la medida que escale el cierre por falta de autoridad para el gasto fiscal, se afectan otros servicios gubernamentales. El impacto va mucho más allá de parques nacionales, museos y despachos como educación o desarrollo urbano; por ejemplo, la agencia de promoción de la pequeña y mediana empresa tiene, desde el último trimestre de 2018, más de 30.000 millones de dólares en garantías y financiamientos que no podrán liquidarse hasta que el Gobierno reasuma las operaciones, porque el personal está en la nómina sin cobertura salarial.

La SEC (Comisión Federal de Valores) no puede operar y, por tanto, cientos de millones en emisiones de papeles comerciales, bonos y acciones esperan para ser emitidos. Si bien la operatividad de los aeropuertos todavía no está afectada, el personal de la agencia federal a cargo de aeronáutica civil no puede avanzar en asuntos como la autorización de nuevas rutas, de lo cual depende la operatividad en los planes de negocios de las líneas aéreas. En fin, son muchos y muy críticos los impactos. Por eso, algunos republicanos que no se atreven a confrontar a Trump, han sugerido un acuerdo temporal con el fin de reabrir el Gobierno y dejar la cuestión del muro para la discusión presupuestaria definitiva. Eso tampoco ha encontrado receptividad en el antojadizo Trump, quien, por el contrario, ayer en su alocución por TV amenazó con mantener cerrado el Gobierno y declarar la “emergencia nacional” para comenzar su muro sin autorización del Congreso.

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Los constitucionalistas señalan que eso sería una extralimitación del presidente, violatoria de la legalidad y la constitucionalidad. Pero él insiste, en tono amenazante, a pesar de que no hay ninguna emergencia nacional. El lector podría preguntarse al leer sobre esta postura (de pasar olímpicamente por encima del Poder Legislativo), ¿no será que, por un error del taller de redacción de esta nota, se coló un párrafo referido al régimen autoritario de Nicolás Maduro en Venezuela? Pues no. Estamos hablando de los EEUU y de Donald Trump. Y lo que es peor, en un gigantesco ejercicio de demagogia y apelando a los electores de estados donde se concentra la industria del acero, Trump dijo que no sólo podría decretar la emergencia nacional para levantar el muro, sino que ahora había decidido construirlo no de concreto… ¡sino de acero!

La joven diputada Alexandria Ocasio-Cortez, a quien citamos cada vez que con gran tino pone los puntos sobre las íes, tuiteó recordando el oprobioso y oscuro texto del manifiesto del Ku Klux Klan (emanado de la nefasta Convención de 1924), que dice: “Debemos evitar que llegue el inmigrante, construyendo un muro de acero tan alto como el cielo que proteja la frontera de nuestro país”. Cómo no pensar que es de esa fuente de donde bebe Trump. ¿Acaso es coincidencia? En verdad, no lo parece.

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