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Esta es la ruta de España para reconocer a Guaidó como presidente de Venezuela

lunes 28 de enero de 2019, 18:00h

María Rodríguez (ALN).- ¿Por qué el Gobierno de España dilata tanto el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela? ¿Por qué primero esperaron el comunicado conjunto de la Unión Europea y días después llegó el ultimátum de Pedro Sánchez? ¿A qué responde esta estrategia? Expertos consultados por ALnavío responden. También recuerdan que la posibilidad de que Nicolás Maduro convoque elecciones urgentes como le pide Sánchez es nula. Por tanto, que España reconozca a Guaidó ya es sólo cuestión de días.

España reconocerá a Guaidó previsiblemente el sábado / Twitter: @jguaido
España reconocerá a Guaidó previsiblemente el sábado / Twitter: @jguaido

La crisis en Venezuela ya es un tema de política nacional en España. Que el gobierno de Pedro Sánchez todavía no haya reconocido formalmente a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela (lo hará previsiblemente este sábado) aviva las críticas del Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Sánchez se defiende. Acusa a la oposición española de “no tener escrúpulos” y de “utilizar el dolor del pueblo venezolano para atacar a un Gobierno [el de Sánchez] que pide elecciones democráticas y libres en Venezuela”. Lo afirmó en un mitin en Valencia, al tiempo que dijo que Nicolás Maduro es “todo lo opuesto” a la izquierda.

El próximo sábado se cumplirán los 8 días de plazo que dio el gobierno de Sánchez a Maduro para que convoque elecciones. Si no, España reconocerá a Guaidó como presidente encargado de Venezuela. Pero ¿por qué se dilata tanto el reconocimiento de Guaidó? ¿Por qué primero esperaron el comunicado conjunto de la Unión Europea y días después llegó el ultimátum? ¿A qué responde esta ruta del gobierno de Sánchez?

La crisis en Venezuela ya es un tema de política nacional en España

Para José María Marco, profesor de Historia de las Ideas Políticas en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, el gobierno de Pedro Sánchez, y especialmente el propio Sánchez, están viviendo “una presión muy grande por parte de la opinión pública” y eso puede influir en cómo se está comportando el Ejecutivo. Marco sostiene, en declaraciones al diario ALnavío, que “no hay unanimidad” en el Gobierno en la postura sobre Venezuela.

Y suma algo más: el peso de los aliados en el gobierno de Sánchez, especialmente de Podemos e Izquierda Unida, que califican de “golpe de Estado” la proclamación de Guaidó. “Al final el gobierno de Sánchez es muy ideológico” y no quieren dar pasos en falso, apunta Marco.

Comparte esta última idea Alfonso Usía, analista político. Sánchez “está intentando paralizar una resolución (reconocimiento) por la hipoteca que tiene con Podemos. El ultimátum es absurdo. No le va a servir de nada”, subraya Usía a este diario.

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Al margen de la política nacional española, lo cierto es que el ultimátum de España le mete más presión a Maduro. Y algo más. Porque el gobierno de Sánchez lanzó así una nueva línea que aún no se había planteado la comunidad internacional: la convocatoria urgente de elecciones. Un ultimátum al que se han unido Francia, Alemania y Gran Bretaña. Maduro lo rechaza.

Pero la cruzada abierta del gobierno de Sánchez con Maduro empezó hace meses, cuando el ministro de Asuntos Exteriores de España, Josep Borrell, dijo que el mandato legítimo de Maduro acababa el 10 de enero de 2018. Una postura a la que posteriormente se sumó la Unión Europea y el resto de la comunidad internacional.

“El 10 de enero se le acaba ese mandato, y empieza un mandato en base a unas elecciones que no reconocemos. Nosotros no reconocemos gobiernos, reconocemos Estados. Pero sí, hay un problema político, porque este señor [Maduro] a partir del 10 de enero no es un representante político”, dijo el ministro a OK Diario en octubre de 2018.

Borrell le dio un giro a la línea de actuación de la UE cuando tomó la cartera de Exteriores en junio. Sin renunciar al esquema de sanciones con el que se venía manejando Bruselas, impuso lo que llamó “la solución política”. A eso remitió a ALnavío cuando conversó con el ministro en diciembre.

Llegó el 10 de enero y España cumplió con su palabra. No envió representación diplomática a Caracas para la toma de posesión de Maduro. Tampoco ningún gobierno de la Unión Europea lo hizo. Estaba claro que España y Europa seguían la línea de Borrell contra Maduro.

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Tras la detención exprés de Guaidó por el servicio de inteligencia de Maduro, el ministro español instó a “estar vigilantes”. Insistió en que el gobierno de Sánchez “siempre ha dicho que hay que combinar la presión, la sanción con el intento de facilitar la comunicación entre Gobierno y oposición”.

Por ello, lo previsible era una reacción más rápida de España cuando Guaidó juró como presidente encargado de Venezuela el 23 de enero. “Pero optaron con actuar con cierta prudencia, amparados en la Unión Europea. No era la postura que se esperaba, por los lazos entre Venezuela y España y especialmente porque Francia y Alemania se manifestaron como países [al margen de lo que dijese la UE]. En cambio, España esperó. Insisto, se esperaba un mayor cariño democrático para con Venezuela y no una postura tan racional”. Así lo ve Jorge Santiago Barnés, director del Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política de la Universidad Camilo José Cela, en declaraciones a este diario.

España miró a Europa

La realidad, como saben, resultó diferente. Tras la jura de Guaidó, la primera reacción del gobierno de Sánchez fue mirar a Europa. Borrell demandó en Twitter “preservar la unidad de acción de la UE ante la crisis institucional en Venezuela. Estamos trabajando para tomar una decisión juntos con la rapidez necesaria”. Poco después compartió en redes sociales el comunicado de Federica Mogherini, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidenta de la Comisión Europea.

Mogherini, pidió “encarecidamente el inicio de un proceso político inmediato que conduzca a elecciones libres y creíbles”. Recalcó que “la UE apoya plenamente a la Asamblea Nacional, como la institución elegida democráticamente”. Pero ningún reconocimiento expreso a Guaidó como presidente interino de Venezuela.

La presión de la opinión pública y los partidos del centro derecha de España se fue avivando. No se sabe si tuvo o no que ver, pero dos días después de la jura Sánchez conversó telefónicamente con Guaidó desde el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). Guaidó le habló de “la lucha de toda Venezuela para lograr un Gobierno de transición y tener elecciones libres”. Y dijo que Sánchez “me confirmó su total respaldo”.

El presidente español le preguntó por sus planteamientos y le expresó el apoyo de la Unión Europea a la Asamblea Nacional de Venezuela, cuya legitimidad considera “indiscutible”, tal como explicaron fuentes del Gobierno citadas por EFE. Pero nada de reconocimiento expreso. El gobierno de Sánchez dejó esa cuestión para el viernes. En la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, Borrell lanzó el bombazo, el ultimátum a Maduro. El sábado el presidente Sánchez precisó que la cuenta atrás para que Maduro convocase elecciones era de 8 días. El tiempo apremia. La posibilidad de que Maduro haga caso al ultimátum es nula. Por tanto, que España reconozca a Guaidó ya es sólo cuestión de días.

María Rodríguez

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