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Las estrellas del pop latino también respaldan a Guaidó

sábado 16 de febrero de 2019, 10:00h
Rafael Alba (ALN).- Alejandro Sanz ha conseguido reunir a unas cuantas estrellas en un vídeo crítico con el chavismo que ha dado la vuelta al mundo. Artistas españoles poco activos en política como Niña Pastori, Vanesa Martín y Pablo Alborán han apoyado públicamente a Juan Guaidó.
Alejandro Sanz fue el motor de la idea / Foto: @alejandrosanz
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Alejandro Sanz fue el motor de la idea / Foto: @alejandrosanz

Confirmado: las estrellas del pop latino no le quieren. A él. A Nicolás Maduro. A un tipo que está al tanto y a la última y conoce de la A la Z todas las tendencias que dominan en la actualidad las listas de éxitos mundiales. A él. A un político que se presenta como entregado al ritmo de la noche, vacilón, bailarín y sandunguero, que adora la música, que se muestra partidario de llenar el país de orquestas, canta con frecuencia en las ruedas de prensa y las comparecencias públicas y hasta presume de ser un consumidor musical omnívoro, dispuesto a gozar con todos los estilos disponibles y encantado de conocer y amar una amplia gama de placeres sonoros que incluyen el goce intemporal de la salsa, el son y los ritmos caribeños tradicionales, el rock, el reggaetón, el rap y las nuevas delicias urbanas. Él adora a los músicos y ellos (y ellas) le detestan. O eso parece. Le piden que dimita, le exigen que convoque elecciones presidenciales y se atreven a llenar las redes sociales de mensajes y vídeos conjuntos de apoyo a Juan Guaidó, el hombre que está al frente de la Asamblea Nacional y que ahora es también el presidente legítimo de Venezuela. Por lo menos, según la opinión de un buen puñado de naciones, entre ellas España, EEUU, Canadá, Francia o Alemania. Y que quiere volver a llevar la democracia y la esperanza a un país sometido y arruinado.

Casi nada. Un paisaje devastador, se mire como se mire, para Maduro. Este melómano incondicional, a quien muchos califican de tirano, y que antes de admitir que está contra las cuerdas, se manifiesta dispuesto a examinar concienzudamente el ring. O eso fue lo que le dijo al periodista español Jordi Évole en una entrevista exclusiva, emitida por La Sexta no hace mucho. En la cadena supuestamente situada más a la izquierda de toda la televisión española, donde tampoco se le quiere ya tanto como se le quería. Y, aunque el momento no está para frivolidades en ningún caso, la constatación de esa realidad ha debido suponer una profunda decepción para el actual líder del chavismo venezolano. Porque Maduro teme la influencia que puede tener en la opinión pública internacional el posicionamiento claro y contundente en su contra del que han hecho gala en estos días decisivos muchas de las grandes estrellas musicales que encandilan a la comunidad latina. Y lo peor de todo es que ya no se trata sólo de los sospechosos habituales, de los artistas de derechas de toda la vida, o de aquellos que, a pesar de su supuesto izquierdismo, ya tuvieron diferencias sus diferencias con Hugo Chávez.

Lo de Maduro es más complicado aún. Desde que llegó al poder en abril de 2013 tras el fallecimiento de su mentor, gracias a una ajustada victoria electoral, no sólo ha heredado a los enemigos tradicionales de su antecesor. También ha sumado nuevos críticos, muchos de ellos poco proclives a meterse en berenjenales políticos. Y hasta ha perdido para la causa bolivariana a algún que otro ilustre defensor del movimiento que, tras la evidencia de la represión creciente y la desastrosa gestión económica del régimen actual han optado por cambiar de bando. Y esta militancia activista a favor de la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales en Venezuela de tantas personalidades famosas y populares puede tener serias consecuencias sobre la capacidad que les queda todavía a sus leales para intentar darle la vuelta a la batalla mediática internacional que parecen tener perdida. Y por goleada. Sobre todo porque algunas son muy poco sospechosas de connivencia con el presidente de EEUU, Donald Trump, y supuesto instigador en la sombra de la revuelta, que quiere instaurar un poder provisional en Venezuela que se encargue de convocar unas elecciones libres.

Luis Fonsi y J. Balvin se suman a la protesta

Lo peor, por supuesto, no proviene de las duras palabras emitidas por sus enemigos habituales. Lo mismo que pasa con otros críticos veteranos, como los que comparten la vocación antichavista con un anticastrismo clásico, la cuadra de Miami, que se agrupaba alrededor de Gloria y Emilio Estefán o los viejos rivales de los políticos de izquierdas como el neoyorquino Willie Colón, con quien el nuevo líder chavista ya tuvo un fuerte encontronazo en 2013. No. Estos no molestan. Ni tampoco otros tantos, y tantas, supuestamente vendidos al imperio estadounidense del estilo de Ricky Martin o Carlos Baute, el crooner caraqueño, que lleva tantos años exiliado en España que para muchos partidarios de Maduro no es ya ni siquiera un auténtico venezolano. Tampoco ha sorprendido la beligerancia mostrada por Alejandro Sanz, otro de los archienemigos de Maduro. El cantautor madrileño ya fue vetado en Venezuela en el lejano 2007, tras haber hecho unas declaraciones críticas con Hugo Chávez. Hasta se le llegó a declarar persona non grata. Con esos antecedentes, su campaña estaba descontada. Tanto que el nuevo líder bolivariano no ha tenido reparo en burlarse de su apoyo a la oposición y en decir que el cantante le ha dejado con el corazón partío. Una ironía fácil en la que usa el tema más popular del ídolo latino para mostrar su despreocupación.

Pero quizá esta vez esa pose de presunta indolencia tenga poco de real. En un momento tan delicado para el régimen como el actual los dos vídeos que ha colgado en su cuenta de Twitter Alejandro Sanz sí pueden hacer daño a la nomenklatura del Palacio de Miraflores. El madrileño tiene 19,5 millones de seguidores en esta red social, se encuentra en plena campaña de promoción de su nuevo disco y ha acreditado desde siempre una gran capacidad para introducir mensajes en los medios de comunicación globales. De momento, esas dos piezas audiovisuales de las que hablamos han acumulado 1,1 millones de clicks en muy pocos días y la bola de nieve sigue rodando. Además, el elenco de artistas que se ha sumado a la campaña, a pesar de ser bastante previsible en líneas generales, presenta algunas características curiosas. Para empezar hay que decir que están las dos grandes estrellas latinas del momento. Por supuesto, uno de ellos es el puertorriqueño Luis Fonsi. El tipo de Despacito. Que goza en este momento de un plus de visibilidad añadido en España, por su participación en la edición actualmente en curso de La Voz, un programa de nuevos talentos que se emite en Antena 3, con buenas cifras de audiencia.

Y junto a él aparece también en este vídeo el colombiano J. Balvin el as del reggaetón, adorado por el público estadounidense cuyas canciones han supuesto una suerte de mayoría de edad para el género. Sobre todo por el reconocimiento obtenido entre los críticos de vanguardia. Balvin ya había dedicado alguna canción poco favorable al político venezolano, aunque siempre guardando las distancias. La novedad es que esta vez habla claro y sin necesidad de recurrir a sus juegos de palabras habituales. Tan claro como lo hacen otras dos estrellas que, a pesar de su perfil progresista y su apuesta por la paz y el diálogo entre latinos, que les llevó, por ejemplo, a promover un concierto en Cuba en 2009, cuando aún no había comenzado del todo el deshielo en las relaciones entre Cuba y EEUU que impulsó el presidente Barack Obama se situaron casi desde el principio en el bando de los enemigos del chavismo. Son Juanes y Miguel Bosé. Dos favoritos del público que han acreditado su militancia a favor de la oposición venezolana incluso en los tiempos en que Chávez era un icono para la izquierda latinoamericana.

Residente aclara que no apoya a Maduro

Claro que la dureza de sus declaraciones contrarias a Maduro y favorables al proceso electoral y democrático que defiende Juan Guaidó se ve un tanto atenuada por el hecho de que ninguno de los dos se encuentra ahora en su momento de mayor gloria. Aunque el colombiano se defiende un poco mejor que el español. Bosé parece estar de mala racha. O cuando menos se le acumulan algunas dificultades que le hacen vulnerable. Están sus deudas millonarias con el fisco hispano que, según han publicado varios medios, le sitúan en la lista de los más morosos del país. También la dura separación a la que se ha enfrentado tras las desavenencias con el escultor Nacho Palau, su pareja durante 26 años que ha castigado duramente una imagen pública hasta ahora inmaculada. Sin contar con los rumores que circulan sobre la situación financiera de este singular cantante, que se supone delicada. Un cóctel explosivo que convierten al envejecido divo latino en un blanco fácil para el aparato de propaganda bolivariano.

Pero no todo eran enemigos conocidos de antemano. Ha habido unas cuantas sorpresas desagradables. En los vídeos de Sanz han aparecido también nuevos reclutas de la armada crítica con el régimen chavista con los que nadie contaba hasta ahora. Se trata de personajes muy populares en España que no han destacado nunca por su implicación en asuntos políticos o sociales como el malagueño Pablo Alborán, y las también andaluzas Vanesa Martín y Niña Pastori. Cierto que ninguno de los tres es, por el momento, demasiado conocido en Latinoamérica y ninguno ha adquirido aún la talla necesaria para la idolatría global. Y, sin embargo, su salida del armario les convierte en un grupo muy difícil de manejar para los partidarios de Maduro. Aunque hay cosas mucho peores, por supuesto. En especial, como decíamos antes, esas grandes figuras que siempre defendieron la legitimidad presidencial de Hugo Chávez y que ahora se han pasado al enemigo. Sobre todo dos de ellos. El salsero panameño Rubén Blades y el puertorriqueño Residente, de Calle 13, líderes de la música con compromiso social, símbolos de la izquierda latinoamericana y ahora heraldos que difunden por el mundo entero las maldades del gobierno de Nicolás Maduro.

Blades lleva casi un lustro en la batalla. En 2014 ya protagonizó junto a Silvio Rodríguez un sonado duelo de cantautores progresistas a cuenta de la deriva adoptada en Venezuela con los herederos de Chávez. Por cierto que el cubano es uno de los pocos que se mantiene firme en sus convicciones chavistas. Aunque en esta ocasión, y de momento, ha sido más discreto que otras veces y su voz y su discurso favorable a Maduro no se han escuchado tan alto y tan claro como antaño. Habrá quien le eche de menos. Sin embargo, en medio de esta desafección musical, el líder bolivariano también parece haber encontrado un nuevo amigo. Se trata de Roger Waters, el bajista de Pink Floyd, ahora de gira por Latinoamérica. Waters es un enemigo mortal de Trump y no ha dudado en calificar en Twitter los últimos acontecimientos que han tenido lugar en Venezuela como un “intento de destruir el país para que el 1% de los ricos se quede con su petróleo”. Un comentario, por cierto, que no ha sentado nada bien a la mayor parte de los fans de esta megaestrella entrada en años, muchos de los cuales le piden, por ahora sin éxito, que se informe mejor y que se retracte. Ya veremos.

Rafael Alba

Artículos de Rafael Alba

Artículos sobre música e industria discográfica de Rafael Alba, periodista, músico, compositor, mánager, productor musical y director artístico español.

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