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El fenómeno Beto O’Rourke pone a temblar a los otros candidatos del Partido Demócrata en EEUU

jueves 21 de marzo de 2019, 16:00h
Leopoldo Martínez Nucete (ALN).- Si hasta hace unos días el elenco de posibles candidatos a las primarias del Partido Demócrata en los Estados Unidos era numeroso, notable por su alta calificación y variado, ahora lo es mucho más con las recientes incorporaciones. A la lista se suman dos nombres que representan las nuevas generaciones: el alcalde de South Bend, Indiana, Pete Buttigieg, y el excongresista Beto O’Rourke, de Texas.
Beto O’Rourke ha irrumpido con tal fuerza que preocupa a Joe Biden / Foto: @BetoORourke
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Beto O’Rourke ha irrumpido con tal fuerza que preocupa a Joe Biden / Foto: @BetoORourke

Esta es la cuarta entrega de la serie que hemos dedicado a entender quiénes son y qué posibilidades de éxito tienen los contendores en la elección interna del Partido Demócrata en EEUU. La semana pasada advertíamos que se escuchan los pasos del gigante Joe Biden, quien asoma sin confirmar con toda su “gravitas” en una justa ya bastante concurrida, dada la representación del liderazgo femenino de las senadoras Kamala Harris (California), Elizabeth Warren (Massachusetts), Kirsten Gillibrand (New York) y Amy Klobuchar (Minnesota); así como de los senadores progresistas Cory Booker (New Jersey) y Bernie Sanders (Vermont); y el grupo de los gobernadores John Hickenlooper (Colorado) y Jay Inslee (Washington).

Robert Francis O’Rourke, de 47 años, es hijo de irlandeses, pero todo el mundo en su natal El Paso lo cree hispano, porque habla perfecto español y es conocido por el popular sobrenombre de Beto, que le endosaron los compañeros de escuela en la mayoritariamente latina ciudad fronteriza de El Paso, Texas, donde devino hispano por adopción que entiende el aporte y trayecto de la familia inmigrante

A esa brillante nómina se une un par de figuras no menos descollantes. El primero, Pete Buttigieg, es joven, su padre inmigrante de Malta y al igual que su madre Anne Montgomery, ambos destacados profesores en la prestigiosa Universidad de Notre Dame. Pete Buttigieg tiene 37 años, pero eso no implica poca experiencia. De hecho, le dijo en estos días a Jake Tapper, quien lo entrevistaba en CNN, que tiene en su haber más trayectoria en la administración pública que Donald Trump y más recorrido activo en el campo militar que todos los presidentes desde George Bush, padre. Es cierto, el joven alcalde, además de egresado magna cum laude de Harvard y Oxford, y exconsultor de la importante firma McKensie, es teniente de la Naval, hoy en la reserva, y estuvo en la zona de combate en Afganistán en 2014, para lo cual tomó un permiso de siete meses mientras ejercía como alcalde de su natal South Bend, cargo para el que fue electo en 2012 y hasta 2018. En 2017 aspiró a la presidencia del Partido Demócrata, pero retiró la candidatura ante la polarización entre el actual presidente, Tom Pérez, y el entonces diputado (ahora fiscal general de Minnesota) Keith Ellison.

Buttigieg es el primer funcionario electo por voto popular abiertamente gay del estado de Indiana. Por su gestión fue reconocido en 2013, junto a Michael Bloomberg, como mejor alcalde de los EEUU. En sus intervenciones y entrevistas, Buttigieg demuestra un magistral manejo de los conceptos más relevantes de las políticas públicas con gran capacidad analítica y argumental. No por nada, The Washington Post lo calificó como el alcalde más interesante del que se haya escuchado en años y un prestigioso columnista de The New York Times tituló una columna preguntándose si estaríamos en presencia del primer presidente gay de los EEUU. Pero la atención que podría concitar la jovial e intelectual como atractiva presencia de Pete Buttigieg es desafiada por la puesta en escena de Beto O’Rourke.Buttigieg es el primer funcionario electo por voto popular abiertamente gay / Foto: @PeteButtigieg

El desafío de Beto O’Rourke

Robert Francis O’Rourke, de 47 años, es hijo de irlandeses, pero todo el mundo en su natal El Paso lo cree hispano, porque habla perfecto español y es conocido por el popular sobrenombre de Beto, diminutivo equivalente al Bob inglés, que le endosaron los compañeros de escuela en la mayoritariamente latina ciudad fronteriza de El Paso, Texas, donde devino hispano por adopción que entiende el aporte y trayecto de la familia inmigrante. Cuenta con las ventajas de la simpatía desbordante, así como su carismática y alta figura. Fue baterista de una banda de rock, joven empresario con éxito y maestro en el manejo de la comunicación política por redes sociales. En 2012 fue electo congresista por El Paso, y en 2018 se enfrentó a Ted Cruz por la senaduría de Texas, perdiéndola por mínimo margen en una elección que mantuvo al país expectante por su significado político. En su rol como congresista y candidato al Senado, O’Rourke elevó su perfil nacional como actor político centrado en el mensaje económico, pero con acento progresista debido a su compromiso con las nuevas fuentes de energía renovable y la lucha por la preservación del medio ambiente y contra el cambio climático. En materia social, es un aguerrido defensor de los derechos del inmigrante, los derechos civiles, el estudio de antecedentes penales y psicológicos para el porte y la tenencia de armas, y la inclusión social a través de una avanzada reforma sanitaria universal, así como la remoción de las barreras financieras para el acceso a la educación superior.

Buttigieg es el primer funcionario electo por voto popular abiertamente gay del estado de Indiana. Por su gestión fue reconocido en 2013, junto a Michael Bloomberg, como mejor alcalde de los EEUU. En sus intervenciones y entrevistas, Buttigieg demuestra un magistral manejo de los conceptos más relevantes de las políticas públicas con gran capacidad analítica y argumental

Texas es bastión republicano, pero las cuatro grandes ciudades del estado, Houston, Dallas, San Antonio y Austin, tienen ya alcaldes demócratas. El poder de los republicanos viene dado por el peso del voto en el interior del estado y por la baja participación de las minorías que podrían hacer la diferencia, dada la supresión de electores latinos y afroamericanos. En la campaña, O’Rourke activó el poder de la juventud universitaria y configuró una legión de voluntarios que salió a registrar y movilizar electores usualmente excluidos. Con un poco más de tiempo ese empoderamiento habría llevado a Ted Cruz a conocer la derrota en esa elección tan cerrada en la que Beto perdió por menos del 3%, pero sirvió de portaviones para ampliar la representación tejana a la Cámara de Representantes del estado. La energía de Beto O’Rourke se convirtió en tendencia nacional. La ambición de lograr un senador por Texas atrajo activistas y pequeños donantes “online” de todo el país; y la organización, así como las campañas digitales de Beto, hicieron historia, puesto que construyó una poderosa base de datos que le permitió recaudar más de 80 millones de dólares sin aceptar dinero de los llamados PAC de intereses corporativos.

O’Rourke anunció su candidatura presidencial por las redes sociales y en 24 horas sus emails y mensajes de texto llegaron a millones de estadounidenses. En un solo día su campaña recaudó la cifra récord de 6 millones de dólares. La gente estaba impresionada con el millón de dólares que en ese mismo plazo, hacía unas semanas y por el mismo método, había recaudado Sanders, pero este arranque de Beto fue sencillamente impresionante.

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Joe Biden sigue de primero

El exvicepresidente Joe Biden es, según las encuestas, el líder del grupo aún sin formalizar su candidatura. Pero la fortaleza desplegada por Beto es el elemento más significativo que analistas y asesores de Biden están observando. Los candidatos deben reportar su recaudación y donantes cada tres meses. Beto, con unos pocos días de campaña en marzo, podría estar a la cabeza en recaudación junto con Sanders. Esos números serán estudiados y ponderados por los equipos de Biden, quien al formalizar su aspiración el próximo trimestre tendrá que mostrar una fortaleza equivalente en total recabado y número de donantes, dos parámetros que, junto a las encuestas, miden los analistas para establecer la viabilidad y fortaleza de las opciones de cada candidato. Por otro lado, muchos observadores piensan que la entrada en campaña de Beto puede diluir el apoyo de la juventud y los pequeños donantes que tradicionalmente han favorecido a Sanders, abriéndole mayor campo a Biden y a la senadora Kamala Harris en ciertos estados. También especulan los analistas si ante la disfuncionalidad, escándalo y polarización que ha creado o rodea a Trump, el país preferirá al hombre con las canas de la experiencia de Estado y capacidad de crear consensos bipartidistas por su larga trayectoria en el Senado, o el joven líder que ofrezca la posibilidad de unir desde la base por su frescura y sentido común, así como una ruptura de los moldes que han trancado el juego político en la capital. Y por supuesto, no faltan quienes dicen que podrían buscar una combinación de ambas cosas. Pero todavía es temprano para conclusiones. Ya las encuestas o la data irán confirmando nuevas hipótesis para los consultores.El exvicepresidente Joe Biden es, según las encuestas, el líder del grupo / Foto: @JoeBiden

Por su parte, el Comité Nacional Demócrata (DNC) ha establecido los parámetros que deben cumplir los aspirantes para entrar a los dos primeros debates de las primarias en junio y julio de este año, iniciando una serie que se extenderá hasta la Convención del partido, que tendrá lugar en Milwaukee en junio de 2019. A partir de ese momento, los aspirantes harán recorridos estado por estado, hasta llegar a enero, cuando tendrá lugar la conferencia electoral del estado de Iowa, preludio a la primaria de New Hampshire para comenzar el recorrido de seis meses de conferencias y primarias por todos los estados del país hasta desembocar en la Convención que elegirá con sus delegados al abanderado. Los sondeos por estado irán saliendo poco a poco, ya se conocen los preliminares de Iowa, donde se ubican en este orden: Biden (28%), Sanders (20%) y Harris (12,5%), Warren (10%), con Beto (5%) en un quinto lugar.

El recorrido de las primarias demócratas para arrebatarle la Casa Blanca a un Trump asediado por el escándalo y bajos números de popularidad -que la encuestadora Gallup ubica en 38% de aprobación y 57% de desaprobación a su gestión-, a pesar de los relativos alcances económicos, será apasionante. De momento, ya los demócratas se han anotado una victoria al ofrecerle a los electores un brillante conjunto de posibles abanderados, que expresa la reserva de talento que hay en las filas de esa organización. Eso, en contraste con la torpeza del muchas veces impresentable Donald Trump, no es poca cosa.
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