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La Cruz Roja Internacional sienta en el banquillo a Nicolás Maduro

jueves 11 de abril de 2019, 18:09h

María Rodríguez (ALN).- En Venezuela no hay una guerra declarada y sin embargo necesita la misma ayuda que la Cruz Roja presta a la población que sufre las consecuencias de conflictos armados en Siria, Yemen e Irak. El acuerdo entre el régimen de Nicolás Maduro y el Comité Internacional de la Cruz Roja para ayuda humanitaria no es una victoria de Maduro, como este lo vende. “Es el gran reconocimiento del estrepitoso fracaso de sus políticas”, explica al diario ALnavío la politóloga Erika Rodríguez.

El régimen de Maduro y la Cruz Roja Internacional llegan a un acuerdo / Twitter: @PresidencialVen
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El régimen de Maduro y la Cruz Roja Internacional llegan a un acuerdo / Twitter: @PresidencialVen

Venezuela no pasa por una guerra, ni por una guerra civil. No ha sufrido un tsunami, ni un terremoto con millones de víctimas, ni lluvias torrenciales o sequías que lleven a la población a una crisis humanitaria de tal envergadura. Y sin embargo, necesita la misma ayuda que la Cruz Roja Internacional presta a la población que sufre las consecuencias de conflictos armados. “La crisis en Venezuela está llegando a una situación casi irreversible, casi de guerra. Y cualquier ayuda que pueda llegar, vinculada con organismos internacionales, es buena noticia”, apunta al diario ALnavío Alberto Ares, director del Instituto de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas, de Madrid.

Venezuela necesita esa ayuda humanitaria como la necesita (y la tiene) la población en Siria, Irak y Yemen, que son algunas de las “operaciones clave” que actualmente lleva a cabo el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), según informa la ONG en su página web.

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El CICR asiste tanto a las personas en Siria, que enfrentan condiciones extremadamente difíciles a raíz de la guerra, como a los cientos de miles de refugiados sirios en países vecinos. Distribuye alimentos y otros artículos esenciales, restaura el suministro de agua y brinda apoyo a los servicios médicos.

En Irak, el CICR ayuda a las personas desplazadas, refugiadas y a los civiles en lugares afectados por enfrentamientos. También trabaja en mejorar el acceso al agua potable y a la atención de salud. Visitan a los detenidos y les facilitan el contacto con sus familias. También apoyan los esfuerzos de las autoridades para esclarecer el paradero de los desaparecidos en conflictos anteriores.

En Yemen, los esfuerzos de la ONG están concentrados en salvar vidas a través de la distribución de insumos médicos, capacitación a profesionales de la salud, entrega de alimentos para las personas desplazadas y garantizar la disponibilidad de agua potable.

¿Y en qué lugar queda Venezuela? Para el CICR Venezuela también es una operación clave, y aparece como tal en el listado junto a las crisis en Siria, Irak y Yemen, entre otras. Ahora con más intensidad, después del acuerdo al que llegó la ONG con el régimen de Nicolás Maduro. Este pacto para prestar “atención sanitaria de urgencia a la población venezolana” incluye además capacitación, agua, saneamiento y material sanitario para abastecer a 28 hospitales y ocho centros de atención primaria, según informan desde el CICR. La ONG también anunció que triplicará su presupuesto en Venezuela, pasando de 9 millones de dólares a 24,6 millones de dólares.

Con el acuerdo, Maduro, sin afirmarlo abiertamente, reconoce la realidad: que en Venezuela hay una crisis humanitaria severa. Como la hay en Siria, aunque esta sea por una guerra y en Venezuela por la desidia de un Gobierno. “La Cruz Roja Internacional se centra en desastres naturales, guerras… Que intervenga en Venezuela es una forma de reconocer la gravedad de la situación. Significa que lo que pasa en Venezuela no es una simple hambruna por una seguía. No es algo temporal y pasajero. Es una situación de crisis grave. Y la Cruz Roja es un buen actor para intermediar en ella”, explica a este diario Karina Cáceres, miembro de la Red de Politólogas, un proyecto con el foco en las Ciencias Políticas en Latinoamérica.

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Ya lo expuso Michelle Bachelet, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en el informe oral sobre la situación en Venezuela. Bachelet habló de la “devastadora crisis social y económica”, de las “atroces condiciones económicas” y de una “vasta crisis humanitaria” que empujó a 3 millones de venezolanos a huir del país. También se refirió al primer megapagón. Aún no se habían producido los siguientes. Dijo que esa situación agravaba la crisis y que “simboliza los problemas de infraestructura que afronta el país”.

“Llegamos a un acuerdo, los comités internacionales de la Cruz Roja y el Gobierno Bolivariano, de trabajar para, conjuntamente con los organismos de la Organización de Naciones Unidas, traer a Venezuela todo el apoyo, toda la ayuda de carácter humanitario que pueda traerse”, dijo Maduro en una transmisión televisada.

“Sostuve una productiva reunión de trabajo con Altos Representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja. Ratificamos nuestra disposición de establecer mecanismos de cooperación para la asistencia y apoyo internacional, en pleno respeto del ordenamiento jurídico venezolano”, dijo Maduro en Twitter. Lo quiso vender como un triunfo chavista. Pero no lo es.

“Maduro vende como una victoria algo que sólo es una victoria para los suyos. Desde la lectura internacional esto no es una victoria, es el gran reconocimiento de su fracaso. Porque hay una crisis humanitaria y él la negaba. Se cae todo su discurso. Es el reconocimiento del estrepitoso fracaso de sus políticas”, explica a este diario Erika Rodríguez, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid y también miembro de la Red de Politólogas.

“Cualquier pedido de ayuda no se puede enmarcar como una victoria porque de manera implícita es reconocer que hay una situación de crisis humanitaria grave”, insiste por su parte Cáceres. Y más cuando la crisis humanitaria es la consecuencia de una crisis política, económica y social creada bajo el régimen chavista.

El presidente del CICR, Peter Maurer, que viajó a Venezuela para analizar la situación y se reunió con el régimen de Maduro, detalló en el comunicado que anuncia el acuerdo que “le satisface comprobar que las autoridades están dispuestas a trabajar con nosotros para atender las necesidades humanitarias que hemos identificado de forma consensuada”. Es decir, otro reconocimiento más por parte de Maduro de lo que siempre negó: la crisis humanitaria.

Ahora bien, Cáceres considera que la situación ha llegado a tal nivel de polarización que Maduro “se ha encerrado en su discurso y tiene que vender que es una victoria (el acuerdo con la Cruz Roja) y que él es un actor válido, que consigue ayuda para su gente. Cualquier renuncia a ese discurso podría ser vista como debilidad”.

No politizar lo politizado

Al anunciar el acuerdo, Maduro dijo que el canciller Jorge Arreaza trabaja en negociar un documento “formal” con la Cruz Roja “sin politización de ningún tipo”. Tarde. La ayuda humanitaria ya es un tema político que compete no sólo a la política nacional, también a la internacional. De ahí las reticencias de Maduro.

Para Cáceres, Maduro “se ve buscando una salida, pero tiene que mantener su discurso, rebajándolo, por eso hace esa exigencia de no politización, pero tiene que aceptar que ya está politizado y que esa ayuda es necesaria”.

De politización también habló Naciones Unidas en un informe sobre la crisis venezolana. En el documento la ONU advierte que “la politización de la ayuda humanitaria en el contexto de esta crisis dificulta la entrega de ayuda de acuerdo con los principios de neutralidad, imparcialidad e independencia”, según recoge ABC.

Aquí la mirada también apunta al 23 de febrero, el día D para la entrada de ayuda humanitaria, organizada por Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, y que terminó siendo un fracaso. El régimen de Maduro no dejó pasar los insumos por la frontera con Colombia. “Lo que hizo la oposición no era lo más acertado. Fue una politización directa de la ayuda humanitaria, haberla puesto en la frontera. No estaba distribuida por algún organismo multilateral que es el que tiene que hacer estas gestiones”, critica Rodríguez. Y eso que la intención de Guaidó era loable: primero, asistir a los hospitales, a la gente que tiene en riesgo su vida, después las demás prioridades.

El foco de la Cruz Roja en Venezuela

El Comité Internacional de la Cruz Roja lleva presente en Venezuela desde 1966 y apoya a la población venezolana “prestando asistencia humanitaria de forma neutra, imparcial e independiente”, explica el CICR en un comunicado.

Con este acuerdo, “intensificaremos nuestras actividades en las semanas y los meses próximos. No se trata de dar una asistencia puntual en este momento. Se trata de ayudar a la población venezolana a seguir adelante con sus vidas de forma sostenible”, añaden.

Uno de los puntos fuertes serán los centros médicos. “Los hospitales tienen dificultades para garantizar su abastecimiento de agua, electricidad, medicamentos y para contar con personal suficiente en el lugar. Nuestra cooperación con las instituciones públicas y el apoyo que les daremos serán cruciales para revertir esta tendencia”, insisten.

Al CICR le preocupa particularmente “el alto nivel de violencia armada que afecta a las personas vulnerables y les impide acceder a los servicios básicos”. Por eso, la organización apoya a las comunidades afectadas a través del servicio de primeros auxilios.

Desde comienzos de este año, el CICR, junto con la Cruz Roja Venezolana, ha ayudado a más de 6.000 migrantes a restablecer el contacto con sus familiares a través de llamadas telefónicas. También ha visitado a unos 2.500 detenidos y ha ayudado a centenares de ellos a comunicarse con sus familiares a través del servicio de contacto entre familiares.

María Rodríguez

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