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Los papeles secretos de Felipe González revelan su protagonismo en los cambios de Iberoamérica

sábado 13 de julio de 2019, 12:00h
Ysrrael Camero (ALN).- La cercanía política de Felipe González con dirigentes democráticos de América Latina es evidente: Carlos Andrés Pérez, Raúl Alfonsín, Belisario Betancur, Alan García, Julio María Sanguinetti, Fidel Castro, entre otros. La Fundación Felipe González ha puesto a disposición del público documentos fundamentales del archivo de quien fue presidente del gobierno español entre 1982 y 1996.
Felipe González era amigo personal de Carlos Andrés Pérez / Foto: FFG
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Felipe González era amigo personal de Carlos Andrés Pérez / Foto: FFG

La Fundación Felipe González (FFG) ha puesto a disposición del público documentos fundamentales del archivo de quien fue presidente del gobierno español entre 1982 y 1996. Este acervo documental constituye una ventana privilegiada para comprender un período clave, no sólo de la política española, sino también de la política iberoamericana y global.

En el evento “El Presidente sí tiene quien le escriba”, realizado en los Espacios de Telefónica de Madrid el miércoles 10 de julio, se hizo la presentación del portal de las “Cartas al Presidente”(https://cartasalpresidente.org/) donde se publicaron dos colecciones amplias de correspondencia, tanto de ciudadanos comunes, como de líderes políticos, dirigidas a Felipe González.

En la biblioteca presidencial de Felipe González, tanto los investigadores como cualquier persona interesada tendrán acceso a expedientes documentales que incluyen cartas personales, institucionales, discursos, correspondencia política, así como las notas recopiladas durante las reuniones ministeriales del gobierno.

Es imprescindible situar al gobierno de Felipe González en su contexto. La victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982 es considerada un momento de cierre simbólico en el proceso de transición a la democracia en España.

Para comprender la importancia que implica esta publicación es imprescindible situar al gobierno de Felipe González en su contexto. La victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones generales de 1982 es considerada un momento de cierre simbólico en el proceso de transición a la democracia en España.

El traspaso pacífico del gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo a Felipe González fue un momento de poderosa trascendencia para toda una generación de españoles. La transición había sido iniciada desde los sectores reformistas del mismo régimen franquista, pero sólo podía ser completada al probarse la alternabilidad del sistema, es decir, que el gobierno perdía unas elecciones y que los sectores opositores pasaban a convertirse en los nuevos gobernantes.

Felipe González Márquez, joven abogado laboralista y secretario general del PSOE, se convirtió en presidente del gobierno español el 2 de diciembre de 1982. A lo largo de más de 13 años el gobierno socialista fue protagonista de cambios trascendentes en España, pasando por la incorporación a la Unión Europea y a la OTAN, así como por la profundización del cambio democrático de la sociedad española. Democratización y modernización que, desde la política, se extendió también a otros rasgos culturales de los españoles.

Así como las décadas de los 80 y de los 90 representaron la incorporación de España al proyecto integrador europeo, con su correlato de prosperidad, la consolidación de una inédita libertad pública, y la inserción plena de la sociedad hispana en la modernidad democrática, también trajeron consigo cambios trascendentales en el mundo. El fin de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, la desaparición del bloque soviético y la expansión global de la democracia fueron procesos vertiginosos que sorprendieron a los contemporáneos.

El mundo iberoamericano también vivió cambios trascendentales. La década de los 80 estuvo marcada por dos procesos, desde el punto de vista económico es vista como la década perdida, por la crisis de la deuda que arrastró a la región, pero también fue una década marcada por las transiciones a la democracia. Entre 1978 y 1991 el mundo iberoamericano pasó de caracterizarse por el dominio de las dictaduras militares a convertirse en un continente de presidentes electos democráticamente.

González se reunió con el presidente argentino Raúl Alfonsín en 1984 / Foto: FFG

En los 90, tras la consolidación de las democracias a ambos lados del Atlántico, la España democrática, bajo el gobierno del socialista Felipe González, fortalece un vínculo con el hemisferio americano, como expresión privilegiada de la hispanidad.

España se proyectaba como el puente de unión entre una Europa democrática, próspera y moderna en proceso de integración, y una América Latina en democratización, que luchaba por realizar reformas en el Estado que le permitieran dejar atrás la crisis económica y mejorar su inserción en una economía mundial que se globalizaba a un ritmo acelerado.

La interacción entre los dirigentes políticos a ambos lados del Atlántico puede ser reconstruida, desde la mirada española, a partir de la revisión de los archivos de Felipe González.

América Latina

La cercanía política de Felipe González con dirigentes democráticos de América Latina es evidente en la revisión preliminar de los documentos publicados. La nutrida correspondencia con el presidente radical Raúl Alfonsín nos habla de esta relación, así como del interés del gobierno de González en fortalecer los vínculos políticos y económicos entre España y Argentina. Alfonsín, primer presidente de la recién estrenada democracia argentina, también representaba una esperanza de libertad y cambio para los ciudadanos. Pero la economía argentina no mostraría ser capaz de superar la hiperinflación y el peso de la deuda. La crisis económica arrastraría al gobierno de Alfonsín.

En los 90, tras la consolidación de las democracias a ambos lados del Atlántico, la España democrática, bajo el gobierno de González, fortalece un vínculo con el hemisferio americano, como expresión privilegiada de la hispanidad.

La transición a la democracia en Chile sería la más dilatada del continente. A pesar de no hallar un expediente documental específico referido a los presidentes chilenos, encontramos testimonios de los esfuerzos de la Cancillería española para proteger a los demócratas chilenos perseguidos por la dictadura, al tiempo que acompañaban el impulso democratizador.

Venezuela era distinta, con una democracia que alcanzaba la treintena en 1988 aparecía como un régimen de libertades alimentado por la riqueza petrolera. El vínculo personal y cercano de Felipe González con Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela en dos ocasiones, entre 1974 y 1978, y entre 1989 y 1993, también se puede traslucir de la revisión de la correspondencia entre ambos. La preocupación por la necesidad de un acercamiento entre Europa y América Latina es recurrente, en relación con la Iniciativa para las Américas del gobierno de George H. W. Bush en Estados Unidos. Se le da especial importancia a las relaciones económicas, incluyendo la comercialización de la Orimulsión como una oportunidad para la cooperación entre España y Venezuela.

La preocupación del gobierno de Felipe González por la resolución del conflicto centroamericano y por las iniciativas de paz del Grupo Contadora son temas recurrentes en la correspondencia con George H. W. Bush, con Carlos Andrés Pérez y con Belisario Betancur. Encontrándose presente la cooperación entre la Internacional Socialista y los representantes de la democracia cristiana.

Con el presidente peruano Alan García Pérez también había motivos para una relación cercana. A la cercanía ideológica se incorpora la pertenencia a una misma generación política. La correspondencia abre con una carta de 1986 ratificando los vínculos que unen a ambos dirigentes dentro de la Internacional Socialista.

En la correspondencia con Julio María Sanguinetti, primer presidente de la recién restaurada democracia uruguaya, se percibe la necesidad de establecer una defensa y consolidación de los sistemas democráticos de gobierno y la protección de los derechos y libertades fundamentales.

El expediente de documentos dedicados a la comunicación con Fidel Castro es uno de los más interesantes. Es importante evidenciar varios aspectos, en un contexto en el cual España tenía un gran interés de invertir en Cuba. Felipe González, al tiempo que cultivaba una relación directa con Castro, presentó solicitudes de liberación de presos políticos, tales como Eloy Gutiérrez Menoyo, quien había pasado 20 años de presidio. Gutiérrez Menoyo fue liberado finalmente el 20 de diciembre de 1986, luego de pasar 22 años en prisión, siendo llevado a España.

La victoria del PSOE en 1982 es un cierre simbólico de la transición en España / Foto: FFG

Se encuentra igualmente una larga carta de defensa de la democracia, escrita por Felipe González y dirigida a Fidel Castro, del 3 de octubre de 1990, donde el presidente español defiende al socialismo democrático ante las evidencias del fracaso del comunismo. En esta misiva Felipe González solicita a Fidel que abra paso a la democratización de Cuba. No queda claro si la carta fue finalmente enviada a su destinatario.

Con el presidente de los Estados Unidos, George H. W. Bush, la documentación es abundante, y aunque es dominante la temática de las relaciones Este-Oeste, la Unión Soviética y la Alianza Atlántica (OTAN), las referencias a América Latina son recurrentes, especialmente en lo que se refiere a la crisis centroamericana. Bush reconoce el rol de puente de España entre América Latina y Europa, dedicando menciones a la promoción de la democracia en la Nicaragua sandinista y en la Panamá de Manuel Noriega, así como la preocupación sobre la violencia en El Salvador.

Como parte del proceso de paz en Centroamérica, el presidente Felipe González acompaña los procesos de negociación para lograr la realización de unas elecciones libres, transparentes y democráticas en Nicaragua en febrero de 1990, mostrando disposición de aportar los medios técnicos para hacerlas posibles. Pero no se limita a la técnica electoral, sino que incorpora la cooperación humanitaria y la ayuda económica de emergencia, que habría de continuar como ayuda económica al gobierno de Violeta Barrios de Chamorro para contribuir a la consolidación de las instituciones democráticas.

Felipe González, en una comunicación al presidente norteamericano del 10 de agosto de 1990, señala que “la situación en Nicaragua está íntimamente ligada a la de los otros países de la región, que necesitan consolidar también sus democracias, alcanzar mayores cotas de respeto a los derechos humanos y mejorar su situación económica”, agregando su especial preocupación sobre la violencia en El Salvador, por lo que daba apoyo al proceso de diálogo del gobierno salvadoreño con el FMLN como único medio para poner fin a la guerra civil.

El vínculo personal y cercano de Felipe González con Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela en dos ocasiones, entre 1974 y 1978, y entre 1989 y 1993, también se puede traslucir de la revisión de la correspondencia entre ambos.

El gobierno de Estados Unidos impulsa que España contribuya a que la Comunidad Europea apoye los esfuerzos de la OEA para promover la democracia en Panamá. En su comunicación el director del Departamento Internacional recomienda a la Secretaría de Presidencia del Gobierno español que el presidente Felipe González consulte directamente al presidente venezolano Carlos Andrés Pérez “quien está teniendo un papel destacado en todas las gestiones en torno a Panamá”. En una nota manuscrita se señala que el Ministerio de Asuntos Exteriores consultaría también con México, Colombia y Ecuador. Muestra también su sorpresa respecto a lo que percibe como una decisión del gobierno estadounidense de romper toda comunicación con Noriega.

Con el presidente Bill Clinton hay también un dilatado repertorio documental. El centro de las preocupaciones parece moverse hacia el conflicto en los Balcanes, así como las crisis en Ruanda o Nigeria, y las relaciones con Turquía. Pero en el tema latinoamericano hay también una traslación, la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN-NAFTA) abre una nueva proyección de Estados Unidos hacia el sur, más marcada por las relaciones económicas y comerciales que por las geopolíticas. La restauración de la democracia a partir de la intervención de una fuerza multinacional en Haití es un tema presente desde mediados de 1994.

Dos importantes vacíos podemos detectar en la documentación publicada. La presencia de los dos grandes gigantes iberoamericanos, México y Brasil, es bastante escasa al realizar una exploración preliminar. Se consiguen expedientes documentales referidos a los presidentes mexicanos Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, y al brasileño Fernando Henrique Cardoso, pero con dificultad supera lo meramente protocolar e institucional.

La mirada que podemos encontrar en este primer acercamiento a los archivos de Felipe González es la cercanía que tenía su gobierno con los procesos de transformación que se estaban realizando en el mundo iberoamericano, impulsando y acompañando los procesos de democratización, así como vinculaba las inversiones españolas con las oportunidades que se abrían en el hemisferio americano.

Muchos documentos para el trabajo de los investigadores. Una época clave en la conformación de nuestros tiempos tiene ahora un extraordinario mirador documental desde los archivos de la Fundación Felipe González.

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