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Los políticos radicales de derechas e izquierdas amargan el verano a los músicos en España

martes 13 de agosto de 2019, 09:00h
Rafael Alba (ALN).- Los dirigentes del PP de Madrid aseguran que no contratarán ni a grupos ni a solistas que se muevan en el entorno de Podemos. La izquierda radical vasca obliga al PNV a suspender un concierto de C. Tangana en Bilbao por el contenido machista de sus letras.
PNV suspendió el concierto de C. Tangana por sus letras machistas / YouTube: Vevo
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PNV suspendió el concierto de C. Tangana por sus letras machistas / YouTube: Vevo

Los casos concretos son de sobra conocidos porque han aparecido en todos los medios de comunicación últimamente. Primero afectaron a artistas como Def con Dos, Rozalén o Luis y Pedro Pastor, supuestamente relacionados con agrupaciones políticas de izquierdas. Todos ellos sufrieron cancelaciones de bolos previamente contratados cuando, tras las últimas elecciones celebradas el pasado 26 de mayo, se produjo el relevo en el poder y los cambios de los responsables de los departamentos de Cultura y Espectáculos en muchos ayuntamientos. La llegada del PP y Ciudadanos a los gobiernos locales, siempre con el apoyo indispensable de Vox, provocó este terremoto. Especialmente en Madrid, un consistorio clave con gran poder simbólico, porque tras cuatro años de secano, los conservadores han logrado recuperar el poder en la capital de España y parecen dispuestos a hacer una enmienda a la totalidad a todas las políticas que puso en marcha la responsable anterior, Ya saben ese símbolo del progresismo y sus tendencias suicidas y cainitas que se llama Manuela Carmena.

Desde el Consejo de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid y las concejalías de distrito se han justificado estos cambios en función de la necesidad de despolitizar de una vez por todas las fiestas populares. Si eso era lo que querían los promotores de los vetos, han conseguido justamente lo contrario, por supuesto. Las asociaciones de vecinos se han puesto en pie de guerra y en algunos distritos como Lavapiés o Moncloa-Aravaca, en los que han tenido lugar estas prohibiciones, los activistas de guardia han buscado el apoyo de instituciones de la sociedad civil de tendencia progresista, para que puedan llevarse a cabo los actos vetados gracias a la iniciativa privada. La temperatura ha subido tanto que dos figuras conservadoras del consistorio madrileño, una del PP (Andrea Levy, responsable de Cultura) y otra de Ciudadanos (la vicealcaldesa Begoña Villacís), se han desmarcado de estas decisiones públicamente. Todo lo contrario que los dirigentes del PP de Madrid que en su Twitter oficial han asegurado que no van a contratar a ningún artista que pertenezca al entorno de Podemos. Ya ven: al enemigo ni agua.

Pero cuando el relato parecía perfectamente establecido y creíamos estar ante el regreso de las huestes del oscurantismo neofranquista y de plagas bíblicas y atentados contra la libertad de expresión que creíamos olvidados y superados tras 40 años de democracia, desde el otro lado del arco político alguien se ha preocupado de recordarnos que, en esto de la censura y las purgas culturales, los radicalismos no son responsabilidad únicamente de los grupos conservadores. En Bilbao, los representantes de Podemos y Bildu han conseguido que el PNV, que gobierna el Ayuntamiento, cancele el concierto previsto de C. Tangana, el rey del trap hispano, porque, según su opinión, este artista hace apología del machismo en sus canciones y ‘promueve’ el trato vejatorio hacia la mujer. Lo mismo, por cierto, que se ha dicho desde estos mismos sectores sobre algunos temas escritos por bandas más cercanas a este entorno como Extremoduro, o cantautores con pedigrí izquierdista como el veterano Joaquín Sabina, a los que, de momento, nadie ha querido suspender un bolo por este motivo. Aunque si hayan padecido en ocasiones la persecución de sus presuntos rivales políticos. Más aún. En Cuba, durante muchos años bandas con The Beatles sufrieron censura y prohibiciones porque, según las autoridades, sus canciones hacían apología del capitalismo salvaje.The Beatles también sufrió la censura / Foto: WC

La polarización política es un problema añadido para los músicos

Así que ya lo ven, la izquierda también prohíbe y las cuchillas vuelan bajo, como dice el refrán. La intensidad de la polarización política que se ha instalado en España en los últimos años y la proliferación de grupos radicales de izquierda y derecha con discursos moralistas e intolerantes se ha convertido ya en un grave problema para los músicos, un colectivo laboral precarizado y sometido a múltiples problemas y procesos de desigualdad crecientes que ahora asisten perplejos al crecimiento y la consolidación de este nuevo y poderoso obstáculo para su supervivencia: la llegada a los departamentos de cultura y festejos de las administraciones locales de una división de comisarios políticos que analizan desde un punto de vista ideológico y partidista las letras y la actitud vital de los grupos y solistas que son contratados para actuar en las fiestas populares subvencionadas por los ayuntamientos y comunidades autónomas. Quizá el más importante grupo de empleadores que existe hoy en un sector debilitado, donde cada día resulta más difícil ganarse la vida.

En realidad, tampoco se trata de un fenómeno nuevo del todo. Como ya hemos abordado aquí en algún artículo anterior, todos los profesionales del ramo tienen claro que el color político dominante en las distintas administraciones públicas del país va a ser determinante para las contrataciones que estás realicen. Y cada cuál puede hacer perfectamente sus previsiones sobre lo que va a suceder con su carrera, en especial en los meses de verano, uno de los momentos dulces del tejido laboral del sector del espectáculo, en función de las mayorías que hayan establecido los ciudadanos en las urnas. Sin embargo, está complicaciones, quizá inevitables, por otra parte, con las que siempre ha habido que contar se han amplificado mucho en los últimos tiempos. Con un factor adicional que apenas se había visto hasta ahora, la decisión de los responsables institucionales de las programaciones culturales de cancelar eventos previamente contratados. Una circunstancia que obliga a los artistas afectados a reclamar en los tribunales las indemnizaciones derivadas de estas infracciones administrativas. Procesos largos y, a veces, incierto, que repercuten mucho en el famélico bolsillo de los artistas de clase media.

Como decíamos antes, últimamente, eso ha pasado sobre todo en los ayuntamientos. Los cambios en las mayorías de gobierno han obligado a nuevos los responsables a lidiar con programaciones elaboradas con algunos meses de antelación por los equipos que hasta ese momento se encargaban de hacerlas. Y la buena noticia es que, en general, las alteraciones sobre los carteles previstos y los cambios de última hora que se han efectuado en ellas han sido menos que en muchas otras ocasiones, según nos explican algunas fuentes del sector, con trienios de experiencia en el negocio y buena memoria. Sin embargo, el impacto en la opinión pública de los casos conocidos ha sido mayor que nunca. Por el efecto de las redes sociales, desde luego, y también por los cauces tormentosos por los que fluye hoy el debate político. Un contexto envenenado en el que, de nuevo, importan más lealtades ideológicas que los méritos artísticos o los gustos del público.

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Hay cantantes que se han enfrentado a vetos de izquierdas y derechas

Algunos artistas veteranos se enfrentan a esta situación con cierta tranquilidad. Muchos de ellos saben perfectamente que, lo mismo que dicen los gallegos de las meigas, los vetos y las listas negras, “no existen...pero haberlos los hay”. Y que están perfectamente instalados en los dos extremos del arco político. Tanto en la derecha como en la izquierda. Y los radicalismos han llegado hasta tal punto que hay cantantes, no alineados, aunque de perfil claramente progresista, que han sufrido en sus carnes y en la cantidad de los bolos contratados, el efecto pernicioso de los guardianes de la moral en las dos versiones que proliferan más en la actualidad: la ‘ultracatólica’ y la ‘feministoide’. Es el caso, por ejemplo, de un conocido cantautor, que prefiere no ser nombrado, a quien han vetado en algunos medios por escribir que supuestamente hace apología de la masturbación y en otros por hacer poesía con situaciones que, según dicen algunos grupos feministas, propician la violencia de género y perpetúan la ideología machista.

Obviamente, se trata de un tributo que hay que pagar. A muchos artistas, y algunos buenos periodistas, suele sucederles esto, porque para que hagan bien su trabajo quizá se vean más obligados más de una vez a saltarse las estrictas reglas que les imponen los poderosos comisarios políticos de cualquiera de los bandos en litigio. El que ellos sienten como más propio y el que les resulta más ajeno. A veces, incluso, la polarización ha conseguido dividir en ejércitos ideológicamente enfrentados a artistas que compartían géneros musicales y principios estéticos. Esto ha sucedido especialmente en el rap. Las diferencias y las broncas publicas protagonizadas, entre otros, por C. Tangana, al parecer firme partidario del capitalismo, con Los Chikos del Maíz, una banda supuestamente cercana a Podemos, ilustran estas rivalidades. Aunque en muchos casos, estas diferencias han sido más un argumento de marketing que otra cosa. Ya saben aquello del superhéroe y su archienemigo. The Beatles y The Rolling Stones. Oasis y Blur. El Barça y el Real Madrid.

Además, las características de un sector laboral tan competitivo y complicado como el negocio musical han impedido, al menos hasta ahora, que surja algún tipo de solidaridad entre los músicos que pueda constituir un contrapeso a esta forma de actuar unilateral de las administraciones públicas. Cuando alguien se cae de un cartel otro se beneficia. A veces, como les ha pasado a Luis Pastor y Pedro Pastor, se puede perder un bolo, en este caso el que iban a realizar en Madrid, y a cambio ganar dos, como los que han cerrado gracias a la polémica en Móstoles y Barcelona. Pero algo se mueve también en el sector. Por primera vez, hay músicos que quieren promover una respuesta unitaria ante estos atropellos fundamentados en motivos sectarios e ideológicos. Primero fue Asfalto, una veterana banda de rock que sustituyó a Def con Dos en el bolo suspendido en el barrio madrileño de Tetuán, cuyo líder Julio Castejón vivió uno de los momentos más amargos de su carrera en aquel concierto. Sus justificaciones posteriores demuestran que si se lo hubiera pensado dos veces no habría realizado el bolo. Y ahora Los Fesser, la banda que iba a cubrir el hueco dejado en la programación por la suspensión del espectáculo de Luis y Pedro Pastor. Ellos han decidido no actuar. Y quieren crear un precedente, porque muchos músicos, con independencia de su ideología o del partido al que voten empiezan a estar hartos de que los políticos radicales jueguen con su pan. ¿Cundirá el ejemplo de Los Fesser? Parece difícil, pero no lo descarten. El malestar que se ha extendido en el gremio es enorme y tal vez, sólo tal vez, más pronto que tarde C. Tangana y Los Chikos del Maíz, se encuentren jugando en el mismo equipo. El de la música y los músicos, por supuesto.

Rafael Alba

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Artículos sobre música e industria discográfica de Rafael Alba, periodista, músico, compositor, mánager, productor musical y director artístico español.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    1007 | Vic - 13/08/2019 @ 19:09:32 (GMT)
    C Tangana no toco porque en menos de 20 horas se recogieron miles de firmas.

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