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Elecciones en España: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias viven peligrosamente la política

jueves 19 de septiembre de 2019, 09:00h
Ysrrael Camero (ALN).- Luego de varios meses de no-negociaciones y de muchas declaraciones los españoles deben volver a las urnas. En vez de hacer frente a un proceso complejo de negociación lo que hemos presenciado en las últimas semanas ha sido un ejercicio de disputa por la culpa de no llegar a un acuerdo. La disputa ha sido fundamentalmente protagonizada por Pedro Sánchez, presidente en funciones, y por Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos.
La disputa ha sido protagonizada por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias / Foto: Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa
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La disputa ha sido protagonizada por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias / Foto: Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

La maldición de Sísifo, el castigo a Prometeo, o el día de la marmota. Las metáforas abundan para explicar el nuevo retorno a las elecciones generales en España en noviembre de 2019. Las negociaciones para formar gobierno fracasaron. Quienes podían no querían, y quienes querían no podían.

Luego de varios meses de no-negociaciones y de muchas declaraciones los españoles deben volver a las urnas. La realización de estas elecciones generales, las cuartas en cuatro años, se deben al fracaso de Pedro Sánchez y del PSOE, en su cometido de formar gobierno luego de los últimos comicios, donde el Partido Socialista fue el más votado por los españoles, constituyendo la mayor bancada, pero sin constituir mayoría absoluta.

Esa disputa trasluce una parte esencial del problema: la crisis del bipartidismo español no derivó en un sorpasso general, con la sustitución de unas organizaciones nuevas por las antiguas, ni en un escenario de dispersión caótica absoluta, sino en la construcción de una política de bloques. Y la disputa que hemos visto gira alrededor del control efectivo de uno de los bloques: el progresista de izquierdas.

En vez de hacer frente a un proceso complejo de negociación lo que hemos presenciado en las últimas semanas ha sido un ejercicio de disputa por la culpa de no llegar a un acuerdo. La disputa ha sido fundamentalmente protagonizada por Pedro Sánchez, presidente en funciones, y por Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos.

Esa disputa trasluce una parte esencial del problema: la crisis del bipartidismo español no derivó en un sorpasso general, con la sustitución de unas organizaciones nuevas por las antiguas, ni en un escenario de dispersión caótica absoluta, sino en la construcción de una política de bloques. Y la disputa que hemos visto gira alrededor del control efectivo de uno de los bloques: el progresista de izquierdas.

La carrera política de Pedro Sánchez ha demostrado su capacidad para los escenarios de alto riesgo, tiene el temple para vivir peligrosamente en política. La apuesta por unas cuartas elecciones generales conlleva grandes peligros para la posición de Sánchez como presidente y para las posibilidades de un gobierno del PSOE en La Moncloa.

La expectativa de la apuesta

Hay varios factores que juegan a favor de una nueva victoria socialista en noviembre. Primero, la inercia política, cuando se realizan varios procesos electorales con muy poco margen de tiempo entre ellos lo normal es que las tendencias se repitan, no hay grandes saltos entre la voluntad de los españoles en abril, en mayo y en noviembre.

Segundo, ciertas tendencias que reflejan las encuestas lo benefician. La magia de Unidas Podemos ha mermado significativamente, y Pablo Iglesias ha perdido liderazgo y credibilidad dentro del mismo espacio político de las izquierdas, amén de haber desaparecido cualquier rasgo de transversalidad en su propuesta. El retorno del electorado de izquierdas a la opción socialista, como la opción más efectiva para gobernar, sigue siendo una posibilidad real. La economía del voto beneficia al PSOE como el gran aglutinador del electorado de izquierdas y progresista.

Tercero, el PSOE es la opción mejor posicionada en el centro del electorado español. La diferenciación con UP le permite preservar su imagen de moderación progresista y la intransigencia radical de las derechas le deja el espacio libre para moverse en el centro en los temas que son importantes para los españoles.

El riesgo de lo que se viene

Sin embargo, una tormenta se empieza a anunciar. Hay signos de que las elecciones de noviembre pueden ser un caramelo envenenado y que las condiciones pueden variar contra la estrategia de Sánchez y del PSOE.

Primero, el efecto cansancio y la frustración en el electorado progresista puede ser importante. Jóvenes urbanos que apostaron por UP como opción de ruptura y respaldaron a Sánchez y al PSOE por la economía del voto pueden escoger quedarse en casa para unas nuevas elecciones. La desmovilización del voto, convertida en abstención, podría ser mayor entre los españoles progresistas que entre los conservadores. Eso implicaría que podrían desaparecer escaños rojos y violetas en muchas circunscripciones, siendo sustituidos por azules.

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Segundo, la reorganización progresiva en las derechas y el efecto de la economía del voto en el bloque conservador. Hasta ahora el PSOE se había beneficiado de la dispersión de las derechas, divididas entre un PP debilitado por los escándalos de corrupción, con un Ciudadanos indescifrable y volátil como alternativa y con la irrupción de Vox como una alternativa ultra que moviliza más a las izquierdas en contra que al electorado conservador.

Pero este escenario, poco a poco, ha venido cambiando. Las encuestas muestran el progresivo descenso de Ciudadanos, que no está a la altura de las expectativas, ni en las urnas ni en las negociaciones. También hablan del hundimiento de Vox, cuyos votos estuvieron por debajo de los legítimos temores de muchos, pero que se mostraron como mejores negociadores que los naranjas. ¿A dónde se están yendo estos electores? El ciudadano conservador, bien sea el hombre mayor de la España rural como el empresario, maduro o joven, de la gran ciudad, irá a votar. El Partido Popular está mostrando, poco a poco, una tendencia a recuperar su espacio, siendo nuevamente el factor dominante del bloque conservador. La dispersión puede reducirse de manera significativa, incrementando el número de escaños azules, uno a uno, aprovechando la abstención progresista.El PP de Pablo Casado está mostrando una tendencia a recuperar su espacio / Foto: PP

Tercero, el factor catalán puede reactivarse contra Pedro Sánchez. La sentencia definitiva contra los políticos del procés podría convertirse en una papa caliente para Sánchez justamente alrededor del proceso electoral, dificultando cualquier negociación posterior para formar gobierno. La deriva catalana parece ser clara. Dentro del independentismo es la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) la que está aglutinando cada vez más voluntades, y es posible que termine de absorber los restos del mundo convergente. Tras una sentencia condenatoria, ¿estará dispuesto a negociar ERC? El riesgo por el tema catalán es alto.

Cuarto, y no en tono menor, “el invierno ya viene”, recordando a Juego de Tronos. La economía mundial y la europea se están ralentizando. Si el Reino Unido decide proseguir en un Brexit duro el impacto podría derivar en una fuerte recesión en toda Europa. Con una economía enfriándose con rapidez la posibilidad de que el PSOE cumpla sus 300 propuestas de políticas públicas se alejan, ya que requieren de recursos de los que no dispondrá. Sánchez, como doctor en Economía, lo sabe. No quiere terminar como José Luis Rodríguez Zapatero, hundido al pretender negar el impacto de la crisis económica mundial sobre los españoles.

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En síntesis, Pedro Sánchez apostó por unas elecciones generales en noviembre de 2019 para gobernar sin el apoyo de Podemos ni de los independentistas, buscando rozar una mayoría sólida del PSOE.

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Las encuestas hoy señalan que el PSOE volverá a ser la primera fuerza, en votos y en escaños, pero eso no le garantiza capacidad para formar gobierno. Un bipartidismo atenuado parece emerger con la recuperación del PP, que podría dominar el bloque conservador, amenazando incluso con formar su propia coalición Frankenstein en caso de que los números lo permitan. Improbable mas no imposible.

En última instancia quien se encuentre en funciones ejecutivas a fines de año, sea Sánchez, probablemente, o Pablo Casado, difícilmente, estará obligado a hacer frente a una nueva crisis económica mundial. ¿Habrá perdido España la oportunidad de liderar Europa en 2019? The Winter is Coming

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