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Evo Morales corre el riesgo de convertir Bolivia en otra dictadura como la de Maduro

miércoles 30 de octubre de 2019, 16:00h

Daniel Gómez (ALN).- El opositor Carlos Mesa le dice a Evo Morales que se desproclame presidente. Que hasta que la OEA no audite los resultados, no puede renovar su mandato. Este termina el 22 de enero de 2020. Hoy parte de la comunidad internacional no reconoce el resultado de las últimas elecciones. Ni la OEA, ni la UE, ni EEUU, ni Canadá lo hacen. Así que, si Evo Morales no rectifica, podría colocar a Bolivia como una dictadura. Lo mismo que le ocurrió a Nicolás Maduro, curiosamente, este enero.

La mayoría de la comunidad internacional desconoce el resultado en Bolivia / Twitter: @evoespueblo
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La mayoría de la comunidad internacional desconoce el resultado en Bolivia / Twitter: @evoespueblo

No es el clima de celebración que le hubiera gustado a Evo Morales. En Bolivia protesta la oposición, y los partidarios de Morales le defienden, dejando al país en el desorden. Mientras las democracias del planeta se niegan a reconocer las elecciones con las que Evo Morales se autoproclamó presidente.

La situación inevitablemente recuerda a Venezuela. A aquellas fraudulentas elecciones presidenciales que Nicolás Maduro ganó en mayo de 2018 y que provocaron que más de 60 países desconocieran su mandato en enero de 2019.

Un fraude electoral que mostró al mundo, esta vez de forma evidente, cómo el chavismo puso a las instituciones del Estado a su servicio para aferrarse al poder, a pesar de ser minoría. En Bolivia está pasando algo parecido.

Por todo lo anterior, el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, que es producto de aquel fraude de Maduro, observa con detenimiento lo que está ocurriendo en Bolivia. Así lo pudo saber el diario ALnavío. Y es que el equipo de Guaidó ya sitúa a Evo Morales, siempre y cuando no rectifique, en el club de las dictaduras latinoamericanas de Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel.

Curiosamente las fechas coinciden. El 22 de enero de 2020 finaliza el mandato de Evo Morales, corriendo el riesgo de no ser reconocido en adelante. Y el 23 de enero de 2019 fue cuando Juan Guaidó se juramentó como presidente encargado después de que la comunidad internacional declarara ilegítimo a Maduro.

Dinamita, balas y violencia en Bolivia

Los principales departamentos de Bolivia, Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, son escenario de manifestaciones, revueltas y encontronazos entre opositores y seguidores del Movimiento Al Socialismo (MAS), que es el partido de Morales. La polarización que mostró el recuento electoral se hace evidente, aunque el mandatario se niegue a admitirlo.

Cifras oficiales informan de más de 30 heridos por estos choques. Vídeos en redes sociales muestran a personas de uno y otro bando lanzándose piedras y cócteles molotov. Muestran también cómo seguidores del MAS se toman la justicia por su mano y se lanzan a “desbloquear” las marchas.

“Ustedes conocen que la democracia se ha defendido con dinamita, históricamente, no de ahora, desde la creación de esta matriz de trabajadores, del 52”, dijo el líder de Central Obrera Boliviana, Juan Carlos Huarachi, para defender el uso de explosivos.

El diario boliviano La Razón compartió imágenes de un grupo de ciudadanos “desbloqueando” una manifestación en Cochacamba este martes. Consiguieron su objetivo, pero no contentos con eso, se ensañaron contra un joven que iba en moto hasta dejarlo inconsciente en el suelo. El vehículo tampoco se libró de los violentos, ya que le prendieron fuego.

Otro reporte del diario Los Tiempos informó de la batalla campal ocurrida el lunes en Santa Cruz. Un grupo de seguidores de Morales se lanzó a “desbloquear” una marcha, detonando en encontronazo en el que hubo palos, piedras, petardos e incluso balas. Al menos cinco personas, precisó la Policía, resultaron heridas con arma de fuego.

Sin embargo, la imagen más impactante se vio en La Paz, donde sindicalistas mineros, afines a Morales, marcharon por las calles reventando cartuchos de dinamita para intimidar.

“Ustedes conocen que la democracia se ha defendido con dinamita, históricamente, no de ahora, desde la creación de esta matriz de trabajadores, del 52”, dijo el líder de Central Obrera Boliviana, Juan Carlos Huarachi, para defender el uso de explosivos.

“Hemos recuperado la democracia con dinamita, con marchas en las calles y en las carreteras y hoy estamos haciendo lo propio, vamos a defender, no queremos entrar a la confrontación sino llamamos a la paz social”, agregó.

La batalla política

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Este sindicalista llama a la paz social con explosiones. Curiosa forma de reivindicarse. Quien también llama a la paz social es Evo Morales, mientras alienta a los seguidores del MAS a desbloquear marchas.

Evo Morales también denuncia la violencia. Dice que es instigada por el opositor Carlos Mesa, aunque este ha dejado claro que los paros convocados son pacíficos y que él y su equipo condenan cualquier acto de violencia.

La batalla también se libra en el terreno político. Evo Morales se autoproclamó vencedor de las elecciones tras un recuento que brilló por su falta de transparencia. Tal es así que la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, han expresado sus dudas sobre el proceso, coincidiendo en que lo mejor para el país sería una segunda vuelta.

La OEA pone sobre la mesa la opción de una auditoría del recuento. Una auditoría vinculante que abraza Evo Morales. “Si se prueba el supuesto fraude, eso determina una segunda vuelta. Desde luego que es vinculante, nada más vinculante que ello”, dijo este martes Manuel Canelas, ministro de Comunicación de Morales.

Carlos Mesa también está abierto a la auditoría. Pero advierte en entrevista con el portal Infobae: “Hasta que no haya una auditoría los resultados no pueden ser definitivos”. Es decir, Evo Morales tiene que desproclamarse presidente, porque como dice Mesa, “el mandato de Morales termina de forma absolutamente clara el 22 de enero de 2020”.

Carlos Mesa teme que Evo Morales use el recuento como “trampa” para eternizarse en el poder. Ya bastante polémica fue su participación en estas elecciones.

La Constitución de Bolivia no permitía la reelección de Morales. Entonces el mandatario sometió a referéndum una reforma constitucional para que pudiera presentarse. 51% de los bolivianos votaron que no. Dijeron no a Morales. Pero este no reconoció el resultado y lo reclamó al Tribunal Constitucional, entidad puesta en entredicho por su independencia. Finalmente, este tribunal aprobó la reforma constitucional diciendo que la reelección de un presidente “es un derecho humano”.

Evo Morales culminó el golpe de su eternización en el poder con unas elecciones puestas en duda por todo. Si no rectifica, el 22 de enero de 2020 su destino podría recordar al de Nicolás Maduro.

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