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La criptomoneda de Maduro se mueve entre la obsesión ideológica y la estafa extractiva

domingo 10 de noviembre de 2019, 14:00h
Pedro Benítez (ALN).- ¿Corrupción o ideología? Nicolas Maduro lleva dos años insistiendo en imponer una criptomoneda respaldada en reservas de petróleo no explotadas como alternativa al colapso del bolívar. Ofrece aumentos de sueldo en petros. Subsidios en petros. Créditos y transferencias a los gobernadores (chavistas) en petros. Pero nadie los ve. No ha tenido ningún efecto positivo en la economía venezolana. Parece una fantasía. Pero una fantasía que se toma muy en serio. ¿Qué hay detrás del petro?
¿El Petro es una gran estafa? / Foto: Prensa Maduro
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¿El Petro es una gran estafa? / Foto: Prensa Maduro

Como una obsesión Nicolás Maduro insiste en imponer la criptomoneda que se inventó, el petro, en la vida diaria de los venezolanos. La idea la hizo pública por primera vez en 2017 y la planteó como una genialidad que resolvería todos los problemas de la economía venezolana entonces en caída libre.

Desde ese año cada cierto tiempo regresa con el tema. Contra qué se transa el petro, cómo se cambia, dónde se deposita, qué utilidad práctica tiene, es, por lo visto, una información que manejan muy pocas personas en Venezuela.

Nicolás Maduro ofrece aumentos de suelto en petros. Subsidios en petros. Créditos y transferencias a los gobernadores (chavistas) en petros. Pero nadie los ve.

Desde su creación hay un gran misterio al respecto. Maduro y algunos de sus funcionarios lo presentaron como una nueva criptomoneda respaldada en reservas de petróleo no explotadas del país. A primera vista parecía una oferta destinada a engañar a incautos, tomando en cuenta que un petróleo en el subsuelo vale muy poco, en particular en un país donde su industria petrolera se estaba viniendo abajo.

Otra falsa esperanza. Una estrategia política más, típica del chavismo. Distraer a la opinión pública de los temas realmente importantes y de paso alentar un poco a sus propias bases.

Sin embargo, la mayoría de los economistas y conocedores del tema en Venezuela advirtieron que tal como se estaba planteando el petro era, en realidad, una unidad de cuenta. Pero en sus intervenciones públicas parecía que Maduro no distinguía una cosa de la otra.

Como se vaticinó el petro no tuvo ningún efecto positivo en la economía venezolana. La galopante inflación de 2017 se transformó en hiperinflación en 2018. Con ese resultado la moneda virtual debió pasar a ser un recuerdo fugaz. Pero Maduro no abandona a su criatura.

Ofrece aumentos de suelto en petros. Subsidios en petros. Créditos y transferencias a los gobernadores (chavistas) en petros. Pero nadie los ve.

Parece una fantasía. Pero una fantasía que se toma muy en serio, al extremo de decretar la obligatoriedad por parte de todos los registros y notarías del país de realizar los trámites de ventas y compras en petros. Lo mismo a las personas naturales y empresas, obligadas desde ahora a llevar una doble contabilidad, en bolívares y en petros.

Una complicación adicional para el país que padece de la comunicación por internet más precaria del hemisferio con la probable excepción de Cuba, aparte de los frecuentes apagones del servicio eléctrico y el deterioro al extremo de todas sus infraestructuras.

No obstante, el entusiasmo (o interés) por parte de Maduro ha sido evidente. No hay tema al que dedique más tiempo en sus intervenciones. Con los sistemas públicos de salud y educación colapsados tiene amplio campo para aparentar que le interesan aquellas cosas que angustian más a los venezolanos.

Pero no. Parece que por unas semanas olvida lo del petro, para nuevamente retomarlo como lo acaba de hacer. Por el contrario, ese entusiasmo no lo comparte el resto de la población, ni siquiera para la base chavista donde lo que predomina es una indiferencia al respecto.

De modo que le pregunta que hay que hacerse es: ¿Qué hay detrás de la obsesión de Maduro por el petro?

Caben dos posibilidades:

- Ideología.

- Corrupción.

La primera es una obsesión de tipo ideológica. Maduro realmente cree que esa es una idea genial. Cree que la entiende. Se siente orgulloso de la misma y con poder para imponerla.

No sería extraño que fuera así. Después de todo perder el contacto con la realidad es un mal que afecta a los que tienen tiempo ejerciendo el poder sin límites. Y como ya sabemos, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

En esta posibilidad Maduro es “víctima” de su propio poder y ninguno de sus cortesanos es capaz de decirle que el rey está desnudo.

Ni siquiera el hecho de que el petro no puede ser transado en el mercado internacional le abriría los ojos. Eso pese que cuando anunció la creación de la moneda virtual en diciembre de 2017, aseguró que estaría respaldada por petróleo y oro. Posteriormente firmó un decreto asignando el campo número uno del bloque Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco como base material de la misma.

Luego de casi dos años, que se sepa no les ha pagado a sus aliados rusos o chinos con la moneda virtual.

La segunda posibilidad es que detrás de la insistencia con el petro lo que hay es una gran estafa. Esto tampoco sería de extrañar. También es típico del chavismo. Después de todo, los miembros del régimen actúan como una elite extractiva que no desperdicia oportunidad alguna de esquilmar a los venezolanos.

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Ha ocurrido con la distribución de alimentos por medio de la red Clap, tal como lo han denunciado, y demostrado, con pruebas en la mano varios periodistas venezolanos. Ni ante el hambre de la población se ha detenido la corrupción de recursos públicos bajo Maduro.

Bajo el mandato del expresidente Hugo Chávez se estatizaron dos grandes cadenas de supermercados privados que bautizó como Abastos Bicentenario. Luego, en manos del Estado rápidamente quebró por la corrupción de sus gerentes, según denuncias del propio chavismo. Maduro la clausuró, pero luego transfirió sus locales a un “empresario” amigo del régimen bajo la denominación de Tiendas Clap.

Es decir, una apropiación de capital privado (y público) por parte de miembros de la elite gobernante.

Pues comienza a surgir la sospecha que con el petro se pretenda (o ya se esté) aplicando la misma lógica. Obligar a la población a cambiar sus dólares por la moneda virtual de Maduro.

Como no se ha podido hacer por las buenas, se hará bajo coacción. El régimen necesita dólares. Además, se supone que el petro debe ser uno de esos oscuros y misteriosos mecanismos mediante los cuales Maduro y su grupo evaden las sanciones impuestas por Estados Unidos.

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¿Cuál de las dos opciones es la más cercana a la realidad? La primera tentación es responder que las dos. Pero eso sería subestimar a Nicolás Maduro y el tiempo ha demostrado que su aparente ingenuidad, es eso. Apariencia.

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