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Así fue la batalla dialéctica que libró el rey de España con el presidente de Cuba

jueves 14 de noviembre de 2019, 16:49h

Daniel Gómez (ALN).- Felipe VI no podía quedarse callado en Cuba. Tenía que reivindicar la democracia. La libertad. Los derechos humanos. Y además hacerlo con sutileza. En juego están los intereses de las empresas españolas, primer inversor en el país, también la relación histórica con La Habana, el deshielo con la Unión Europea… Intereses que también le competen al presidente, Miguel Díaz-Canel. Sabe que Cuba necesita a España, pero también sabe que no podía quedarse callado. Tenía que defender el modelo castrista.

El rey también criticó el bloqueo de EEUU a Cuba / Foto: Casa Real
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El rey también criticó el bloqueo de EEUU a Cuba / Foto: Casa Real

Explica al diario ALnavío una fuente conocedora que las visitas de Estado suelen ser actos protocolarios. En los que todo se mide al detalle. Incluso los discursos. Pero la visita de Felipe VI a La Habana fue diferente.

En una cena en la embajada española en Cuba en la que participó el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, el rey de España alzó la voz para reivindicar la democracia y los derechos humanos.

El rey le dijo a Miguel Díaz-Canel:

“España supo dotarse, en 1978, de una Constitución basada en el pacto, la negociación, e inspirada en el consenso y la reconciliación”.

“De esa Constitución y de nuestra propia historia, los españoles hemos aprendido que es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas, y los intereses de nuestros ciudadanos”.

“La fortaleza que la democracia otorga a sus instituciones es la que permite el progreso y el bienestar de los pueblos y hacer frente a los riesgos y desafíos que inevitablemente surgirán en el camino”.

“Nada queda congelado en el tiempo, y quien se resiste a su paso pierde la oportunidad de colaborar en el diseño de ese futuro que ya está naciendo o, más aún, que ya está aquí”.

“El cambio no traerá consenso y bienestar si no representa la voluntad de la ciudadanía”.

Que el rey de España pronunciara estas palabras en Cuba, un país en el que no existe la democracia ni se respetan los derechos humanos, no estaba en el guion. “Creo que en Cuba no esperaron ese nivel de exigencia por parte del rey”, apunta al diario ALnavío la analista Beatriz Becerra, conocida en Latinoamérica por su trabajo en el Parlamento Europeo como vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos.

“Era un viaje de cortesía por el 500 aniversario de La Habana que ponía en una situación muy difícil al rey y a la reina. Además de cumplir una rigurosa agenda de cuatro días, encontrándose con ciudadanos, comunidad civil y empresarios, Felipe VI habló en nombre de España y trasladó todo lo que tenía que decir. Fue toda una lección de Estado y de altura, demostrando que el representante de España es él”, agrega Becerra.

Las palabras del rey no estaban en el guion. Como tampoco lo estaba la réplica de Díaz-Canel:

“Somos una sociedad que se renueva, evoluciona y avanza preservando al mismo tiempo sus tradiciones y valores y defendiendo sus derechos”.

“Nos guían principios claros de independencia y soberanía con la certeza de que es un camino dirigido hacia un mayor bienestar para nuestro pueblo”.

El presidente cubano tampoco podía quedarse callado. Tenía que defender el modelo castrista. Y hacerlo desde la sutileza y la diplomacia. Hay mucho en juego. Para Cuba y para España. 300 empresas españolas operan en el país. Los gigantes hoteleros como Meliá, Iberostar y Barceló abarcan el 70% de las habitaciones de la isla. También está la deuda. Los 350 millones de euros que La Habana debe a los empresarios españoles. Empresarios que temen quedarse fuera de los grandes proyectos en Cuba por la mala relación gestada en tiempos de José María Aznar. En esa época países como Francia y Canadá le robaron terreno a España acaparando inversiones energéticas y turísticas. Además, en lo político, el gobierno español lidera el deshielo de las relaciones con la Unión Europea, con el objetivo de que se hagan reformas liberalizadoras en La Habana.

El presidente cubano tampoco podía quedarse callado. Tenía que defender el modelo castrista. Y hacerlo desde la sutileza y la diplomacia. Hay mucho en juego. Para Cuba y para España. 300 empresas españolas operan en el país. Los gigantes hoteleros como Meliá, Iberostar y Barceló abarcan el 70% de las habitaciones de la isla. También está la deuda. Los 350 millones de euros que La Habana debe a los empresarios españoles. Empresarios que temen quedarse fuera de los grandes proyectos en Cuba por la mala relación gestada en tiempos de José María Aznar. En esa época países como Francia y Canadá le robaron terreno a España acaparando inversiones energéticas y turísticas. Además, en lo político, el gobierno español lidera el deshielo de las relaciones con la Unión Europea, con el objetivo de que se hagan reformas liberalizadoras en La Habana.

Un choque entre el presidente y el rey podía echar por la borda todo lo anterior. Por eso también hubo buenas palabras.

Anna Ayuso, investigadora principal para América Latina del Centro de Relaciones Internacionales de Barcelona, explica al diario ALnavío que el rey “fue claro” reivindicando la democracia en Cuba y “pidiendo que los cubanos deben decidir por sí mismos”, al tiempo que hizo un llamamiento “a la no injerencia”, en alusión al bloqueo de Estados Unidos a Cuba. Se refiere a frases de Felipe VI como:

“Los cambios en un país no pueden ser impuestos, tienen que nacer de dinámicas internas”.

“En ese proceso de cambio en el que está inmersa Cuba, nosotros, señor presidente, queremos acompañarles; y queremos hacerlo sobre la base del respeto y sobre la base de la propia experiencia”.

Por supuesto, Díaz-Canel agradeció estas últimas palabras de Felipe VI reivindicando “el claro y público respaldo frente a las injustas sanciones que tanto daño nos hacen”.

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