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La diplomacia chavista en Rusia desfalca la Cancillería de Maduro con empresas falsas

viernes 22 de noviembre de 2019, 14:15h
David Placer (ALN).- La embajada de Venezuela en Rusia recurre a trabajadores y empresas falsas para crear gastos inexistentes y saquear las arcas de Cancillería. Las trampas administrativas también incluyen un truco con el IVA: la embajada no declara los importes devueltos por Rusia que, en teoría, deben devolverse a Caracas. El diario ALnavío ha obtenido 36 documentos de gastos amañados que sustentan el desfalco a la Cancillería de Maduro.
La embajada de Venezuela en Moscú saquea las arcas de Cancillería / Foto: WC
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La embajada de Venezuela en Moscú saquea las arcas de Cancillería / Foto: WC

La embajada de Venezuela en Rusia ha creado una maraña de gastos falsos para vaciar las arcas de la Cancillería del régimen de Nicolás Maduro y obtener recursos de forma fraudulenta. Las facturas y comprobantes de servicios amañados sirven para sufragar los gastos de los altos funcionarios desde, al menos, 2015.

La embajada de Venezuela en Moscú, dirigida por Carlos Faría, aplica prácticas irregulares para obtener más recursos de los que les corresponde en su presupuesto, según han denunciado al diario ALnavío fuentes diplomáticas que han aportado documentación y pruebas sobre el mecanismo. La trama se ha fortalecido en los últimos años de restricciones presupuestarias del mandato de Nicolás Maduro. En teoría, la obtención irregular de fondos servía para compensar la falta de ingresos, pero se ha descubierto que también servía para pagar gastos personales de los diplomáticos.

La embajada recurre a empresas fantasma con sellos falsos para justificar ante la Cancillería gastos inexistentes y desviar el dinero a partidas desconocidas. También utiliza documentos irregulares como los pasaportes de funcionarios venezolanos y rusos que han trabajado con anterioridad para la legación para firmar facturas de servicios que nunca se han llevado a cabo, como asesoría cultural, servicios de traducción o gastos de banquetes.

La embajada en Moscú presenta facturas falsas y recibos por servicios nunca realizados a Cancillería para recibir más dinero del que le corresponde. Los servicios administrativos del Ministerio de Relaciones Exteriores, presidido por Jorge Arreaza, avalan los documentos a pesar de que no cuentan con nombre de empresa ni RIF

La trama de gastos fantasmas procede de la época del anterior embajador Vicente Paredes Torrealba, según explican a este diario las mismas fuentes. Pero el diplomático que perfeccionó el mecanismo defraudador -aseguran- fue el exadministrador de la embajada José Gregorio Escalona Briceño, militar y político que ahora ejerce como director de un centro de reparación de helicópteros militares en Acarigua, estado Portuguesa, al occidente del país, después de que fue relevado en su cargo de administrador el año pasado.

Escalona Briceño, que tuvo un importante respaldo político mientras ejerció como administrador de la embajada, salió del puesto con la llegada de Faría. Durante su gestión, los trabajadores recibían instrucciones para maquillar la contabilidad de la sede diplomática para obtener más ingresos de los que le correspondían.

“La práctica irregular fue en aumento con las restricciones presupuestarias que la Cancillería comenzó a aplicar a las embajadas de todo el mundo. El Ministerio de Relaciones Exteriores en Caracas pagaba a la embajada las horas extra de los trabajadores, pero ningún empleado cobraba ese concepto. El dinero iba destinado a cubrir los huecos de la gestión de los altos cargos diplomáticos”, explican fuentes cercanas a la embajada a este diario.

Escalona Briceño le decía a su equipo que las facturas y gastos falsos debían ser elaborados “en grado 33”, pero la plantilla comenzó a darse cuenta que los manejos irregulares eran ampliamente conocidos no sólo por los trabajadores de la embajada, sino también entre proveedores y colaboradores.

El diario ALnavío obtuvo un total de 36 documentos que atestiguan una trama de gastos fantasmas utilizados por el organismo diplomático. Los comprobantes de gasto y facturas que la embajada presentaba ante la Cancillería se elaboraban a mano, muchos de ellos sin nombre de empresas, sin RIF y con sellos falsos, según demuestra la documentación obtenida por este medio.

Algunas de las empresas usadas para cometer el desfalco contra las cuentas de Cancillería son empresas cesadas, es decir, que ya no tienen ninguna actividad en Rusia, de acuerdo con los datos del registro empresarial. Pero los sellos continúan en manos de la sede diplomática, que sigue aplicando el esquema, según las mismas fuentes.

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La mayor parte de las facturas falsas que obtuvo el diario ALnavío fueron selladas a lo largo de 2016. Todos los gastos falsos eran escaneados y enviados a la Cancillería de Venezuela, presidida por Jorge Arreaza. A pesar de las irregularidades evidentes, ningún funcionario del ministerio pidió explicaciones por estos comprobantes de gastos falsificados, según explican fuentes diplomáticas.

El fraude de facturas falsas en la embajada podría ascender a más de un millón y medio de dólares al año, según explican fuentes diplomáticas.

Pero trama no es la única de la red de la diplomacia chavista. Se trata de una táctica corrupta extendida también en otras sedes diplomáticas, según explican las mismas fuentes.

El diario ALnavío contactó hace más de un mes con la embajada de Venezuela en Rusia para contrastar las informaciones y la documentación obtenida y que refleja las irregularidades. No obtuvo ningún tipo de respuesta. Este diario también se puso en contacto con el despacho de la Cancillería dirigida por Arreaza esta semana. Tampoco contestó a las preguntas formuladas.

La embajada venezolana en Rusia cuenta con tres partidas presupuestarias diferenciadas: las actuaciones, las iniciativas y los gastos de funcionamiento. Esta última partida es la única que se gastaba en su totalidad, salvo las horas extra del personal que nunca eran pagadas a pesar de contar con presupuesto para ello.

Pero la partida de iniciativas, reuniones con otros diplomáticos o actos académicos o de divulgación, casi siempre queda intacta. El dinero no se toca y se destina para otros fines. “Cada año se presupuestan como unas 20 iniciativas. Cada iniciativa tiene de presupuesto entre 50.000 y 120.000 rublos (entre 700 y 1.700 euros). No se gastaba nada de esa partida”, explican las fuentes diplomáticas. “Ese dinero va a otra parte”.
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