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Qué tiene que ver la ola anticapitalista con el populismo y el iPhone 7

lunes 09 de diciembre de 2019, 10:00h
Caleb Zuleta (ALN).- ¿Quiénes lideran el anticapitalismo en el siglo XXI? No son los trabajadores sino los intelectuales y los políticos. Inclusive políticos que se ubican en posiciones populistas y de derecha. El profesor Harold James llega a esta conclusión. Harold James es profesor de Historia y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y miembro senior del Centro para la Innovación en Gobernanza Internacional.
El iPhone se lanzó en 2007 / Foto: Pexels
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El iPhone se lanzó en 2007 / Foto: Pexels

Harold James acaba de publicar un artículo en la revista Nueva Sociedad en el que señala que “el nuevo anticapitalismo tiene una correlación directa con la desestabilización financiera y con el acelerado cambio tecnológico”. James afirma: “Estamos atravesando la transformación tecnológica y económica más dramática en la historia de la humanidad. También somos testigos del menor respaldo con el que cuenta el capitalismo en todo el mundo”.

Señala que hay una ola anticapitalista que se une a la ola contra el neoliberalismo y la globalización. Y aunque la “oposición al neoliberalismo surgió originariamente de la izquierda… ha sido adoptada -quizás hasta de manera más vigorosa y rencorosa- por la derecha populista”.

Señala que “una explicación parcial para el nuevo espíritu de la época es que se trata de una reacción predecible ante la desestabilización financiera. De la misma manera que las condiciones monetarias luego de la Primera Guerra Mundial parecían injustas y generaron una reacción feroz, la crisis financiera de 2008 alimentó una creencia generalizada de que el sistema está amañado. Mientras que los gobiernos y los bancos centrales rescataron a grandes instituciones financieras para impedir un colapso de todo el sistema financiero global y una repetición de la Gran Depresión, los millones de personas que perdieron sus hogares y empleos tuvieron que arreglárselas por su cuenta”.

Ahora, aunque “la crisis financiera por sí sola bastó para sembrar las semillas del sentimiento anticapitalista”, ello “coincidió con una transformación tecnológica y social mucho más amplia”.

Aquí es cuándo y cómo se conecta la ola anticapitalista con el cambio tecnológico. El autor afirma que “innovaciones como los teléfonos inteligentes -el iPhone se lanzó en 2007- y las nuevas plataformas de internet han cambiado esencialmente la manera en que la gente se conecta y hace negocios. En muchos sentidos, la nueva modalidad de negocios es la antítesis del capitalismo, porque está basada en pagos opacos y mercados asimétricos y duales. Ahora obtenemos servicios «vendiendo» nuestra información personal. Pero, en realidad, no somos conscientes de que estamos involucrados en una operación de mercado, porque no hay ningún precio de etiqueta que podamos ver: el precio que pagamos es nuestra privacidad y autonomía personal”.

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Es un mundo complejo. Pues al mismo tiempo, dice, el “pensamiento de suma cero se ha vuelto la forma predominante del análisis económico. Esto también, claramente, tiene raíces en la crisis financiera. Pero también ha sido alimentado por las nuevas tecnologías de la información (TI), debido al poder de los efectos de red al interior de los mercados donde predomina el concepto todo para el vencedor”.

Inclusive tiene que ver con las expresiones del nuevo capitalismo que su vez tiene una “geografía específica”. Se llama China, ya que los EEUU se han ido quedando atrás. “El capitalismo siempre ha impulsado el cambio geopolítico, pero ahora que está cada vez más asociado con China -después de haber sido sinónimo de Estados Unidos desde el período de entreguerras en adelante- genera objeciones de fuentes diferentes que en el pasado”.

Señala que “la originalidad del capitalismo reside en su capacidad para producir respuestas orgánicas a la mayoría de los problemas de escasez y asignación de recursos. Los mercados tienden naturalmente a recompensar las ideas que demuestran ser más útiles, y penalizan el comportamiento disfuncional. Pueden producir desenlaces generalizados, cosa que los Estados no pueden hacer, impulsando a grandes cantidades de individuos a adaptar su comportamiento en respuesta a las señales de precios”.

Apunta que “los defensores del capitalismo tienen que descifrar cómo hacer que el sistema sea más inclusivo, para que pueda ganarse otra vez el respaldo de la población”.

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Caleb Zuleta

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