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Oriol Junqueras quiere hacer presidente a Sánchez sin ceder el liderazgo del independentismo a Puigdemont

martes 24 de diciembre de 2019, 09:00h
Rafael Alba (ALN).- Las resoluciones del reciente congreso de ERC allanan el camino a que la izquierda independentista catalana facilite la investidura del secretario general del PSOE. Ya hay encuestas que apuntan la posibilidad de que una coalición entre PP, Vox y Ciudadanos llegara al poder si vuelven a repetirse las elecciones.
Junqueras no quiere perder el liderazgo del independentismo ante Puigdemont / Foto: Parlament
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Junqueras no quiere perder el liderazgo del independentismo ante Puigdemont / Foto: Parlament

Si realizáramos un análisis superficial de los acontecimientos que en las últimas horas han afectado a la negociación en curso entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el segmento más pragmático de la izquierda independentista catalana, representada por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), podría parecer que nada ha cambiado. Y que las complicaciones se mantienen, o aumentan, a la hora de prever un calendario factible para que Pedro Sánchez, el presidente en funciones del gobierno de España, sea investido oficialmente tras sus dos victorias electorales consecutivas. Pero tal vez nos estuviéramos equivocando. Se sabe que el secretario general del PSOE necesita la abstención del histórico partido catalán para consolidarse en el poder y que ese extremo no está del todo asegurado hoy. Aunque tampoco puede descartarse. Y hay quien cree que el precio de esa abstención ha vuelto a subir tras conocer que el último dictamen del Tribunal Europeo de Luxemburgo, en el que se afirma que la justicia española decidió casi en fraude de ley el destino fatal al que se enfrenta ahora el líder catalanista Oriol Junqueras. Y también quien piensa lo contrario.

¿Entonces cuál es la posición más acertada a la hora de acercarse a este dilema? Para saberlo, quizá lo más sensato sea alejarse un poco del cuadro para ver la pintura completa. Como recordarán sin duda nuestros amables lectores, Junqueras fue condenado a 13 años de cárcel por sedición, en un juicio en el que se evaluaban los posibles delitos que el entonces vicepresidente de la Generalitat había cometido en su participación estelar en los sucesos del otoño de 2017. Aquellos vertiginosos días en los que desde el gobierno catalán se llegó a proclamar unilateralmente la supuesta independencia de esta autonomía. Pero, hoy sabemos que el jefe de ERC gozaba de inmunidad desde el mismo momento que fue elegido europarlamentario en las pasadas elecciones europeas del mes de mayo. Es decir, justo antes de que el Tribunal Supremo español dictara la sentencia de la que hablábamos antes. Así que se habría juzgado a Junqueras indebidamente, porque antes de sentarle en el banquillo habría sido necesario pedir y obtener del Parlamento Europeo un suplicatorio.

Y justo en ese mismo momento, mientras desde la dirección de ERC se pedía la inmediata libertad de su líder y se anunciaba la congelación de las negociaciones con el PSOE para la investidura de Sánchez, el propio Junqueras afirmaba que esas conversaciones debían mantenerse, a pesar de las últimas vicisitudes judiciales de su propio caso. Unas palabras con mucho peso, porque se producían pocas horas antes de que el partido independentista catalán celebrara un congreso decisivo para el futuro del pacto, en el que la militancia debía dar luz verde a sus dirigentes para continuar con el proceso y llevarlo a buen puerto. Lo que finalmente sucedió y por una inesperada y abrumadora mayoría. Aunque de nuevo haga falta un análisis calmado y profundo para entenderlo porque la visión superficial sólo muestra contradicciones evidentes. Las mismas que desde hace más de un año mantienen en la cuerda floja al entramado institucional de la democracia española, en función de la cambiante estrategia de un independentismo que se resiste a aceptar la derrota y su necesidad de poner el contador a cero y buscar nuevas vías para obtener sus utópicos objetivos.

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Estos son los hechos a los que nos referimos: por un lado, en el discurso de ocho minutos grabado desde la cárcel por Junqueras para el congreso de su partido, el jefe de ERC se muestra orgulloso de haber puesto las urnas el 1 de octubre de 2017 y asegura estar dispuesto a volver a impulsar una declaración de independencia unilateral si es necesario. Pero, por otro, la declaración política que se ha aprobado en el congreso de ERC deja sin trascendencia alguna aquel supuesto referéndum del que entonces se dijo que bastaba como certificado de que los electores catalanes habían emitido un mandato a sus representantes políticos para que declarasen inmediatamente la independencia. Ahora, queda claro que no. Que aquella consulta fue papel mojado, al menos para esta formación de izquierdas, porque su gran objetivo a largo plazo es conseguir un nuevo referéndum, que sí fuera legal y sí permitiera con todas las garantías avanzar hacia la construcción de la deseada República de Cataluña, desgajada del Estado español.

El texto parece despejar por completo el panorama para Pedro Sánchez porque ERC fija como prioridad conseguir la celebración de un referéndum pactado entre los representantes de Cataluña y el Estado español, a la manera del que se celebró no hace tanto en Escocia, o de los dos precedentes establecidos por Canadá y Quebec. Un escenario que, desde el propio partido, se admite improbable en el contexto político actual y por eso se define como estrategia alternativa, la búsqueda de nuevos apoyos en el entorno catalán y español que hagan posible la configuración de una mayoría social tan amplia como incontestable que fuerce a los políticos españoles a admitir esa consulta de carácter vinculante. Una opción realista que está en línea con las declaraciones públicas de Junqueras, y de otros líderes del partido también encarcelados como la expresidenta del Parlamento catalán Carmen Forcadell, y que propicia mejor que ninguna otra la inmediata vía libre a la investidura del presidente en funciones que, muchos analistas, empezaron a dar por hecha nada más terminar el congreso de ERC.Una coalición PP-Vox-Ciudadanos podría llegar al poder si hay nuevas elecciones / Foto: Vox

Y es cierto que está es ahora la opción más probable. Y no solo porque la patrocine Junqueras. Hay otros elementos de peso. Por ejemplo, el hecho de que la última encuesta oficial publicada por el Centre d’Estudies de Opinió, el famoso CIS catalán, refleje también otra curiosa paradoja. Resulta que a la vez que disminuye el apoyo a la independencia de los catalanes (Ahora los partidarios del no llegan al 47,9% mientras los del sí caen hasta el 43,7%), aumentan las expectativas de voto de los partidos independentistas que de celebrarse ahora unas elecciones autonómicas aumentarían la mayoría absoluta de que disponen. Algo que sería posible, sobre todo, porque ERC vería aumentar su porcentaje de voto, mientras que sus rivales y amigos de Junts per Cat, el partido del expresidente de la Generalitat y presunto delincuente fugado Carles Puigdemont, perderían apoyo. Así que la apuesta por la negociación y el pragmatismo de Junqueras y los suyos parece salirles rentable porque les acerca a un sector de votantes que prioriza la agenda social sobre el proceso independentista. Un segmento que premiaría de inmediato el apoyo de ERC a la formación de un gobierno de izquierdas en España.

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Esta es además, la única opción que permitiría cualquier tipo de mesa de diálogo que pudiera ponerse en marcha a medio plazo. Hay muchas posibilidades, y algunas encuestas que así lo indican ya, como la que acaba de publicarse en El Español, de que una nueva repetición de las elecciones sirviera para que la alianza derechista que forman PP, Vox y Ciudadanos llegara al poder, lo que supondría un gran problema para ERC en este momento. Sobre todo porque la victoria moral de Junqueras sobre el Estado español certificada por el Tribunal de Luxemburgo de la que hablábamos antes ha tenido una derivada inesperada y perversa que contribuye a generar más confusión si cabe al turbio panorama político español presente, porque ha contribuido a resucitar políticamente a Carles Puigdemont, que ya posee una acreditación provisional como europarlamentario y se va a beneficiar de la inmunidad de la que nunca ha podido disfrutar el líder de ERC para intentar dar la vuelta a la actual situación y recuperar el liderazgo del bando independentista que ahora ha perdido y reconducir hacia postulados radicales la estrategia de sus huestes.

La primera consecuencia de esta derivada ha podido apreciarse también en las conclusiones del congreso de ERC a las que ya hemos hecho referencia. En ellas se ha incluido también un tercer escenario en el que se admite la posibilidad de que haya que volver a apostar por un referéndum y una declaración de independencia unilateral en el caso de que fracasen las otras dos opciones. Una puerta de salida que se combina con una nueva radicalización de la puesta en escena que incluye algunas declaraciones radicales de Pere Aragonés, vicepresidente de la Generalitat y segundo de Junquera, que exige a Sánchez, el desmantelamiento total de la presunta represión impulsada desde el gobierno español contra el independentismo catalán, como condición indispensable para que ERC allane el camino de la investidura de Pedro Sánchez.

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Sin embargo, todo parece indicar, que bastará con que la Abogacía del Estado, un cuerpo funcionarial dependiente del gobierno de turno, envíe al Supremo un escrito en el que se apoye una eventual excarcelación provisional de Oriol Junqueras, para que la abstención de ERC se materialice por fin. Al fin y al cabo, una posible libertad provisional del líder independentista catalán está cada vez más cerca, por una simple cuestión de plazos, y todo será más fácil en este y otros aspectos si el inquilino del Palacio de la Moncloa es Pedro Sánchez y su continuidad depende en parte de las buenas relaciones que el PSOE mantenga con la izquierda independentista catalana. Incluso si, como podría suceder, la inesperada vuelta a la primera línea política de Puigdemont, frustra la esperable consolidación de ERC como la opción mayoritaria del electorado independentista. Algo que ya ha pasado un par de veces, por cierto, porque el discurso radical del político fugado y su opción de mantener con vida el improbable sueño de una República de Cataluña inexistente tiene todavía mucho predicamento entre unos electores que parecen resistirse a despertar.

Aunque tal vez ya no tengan más remedio que hacerlo, porque las evidencias sobre los efectos institucionales, económicos y políticos de la parálisis a la que se enfrenta Cataluña por culpa del proceso independentista son cada vez más poderosas. La última conocida por el momento es la estadística que relega a esta región a la segunda plaza en relación con su peso relativo en el PIB español, tras haber sido superada por la Comunidad de Madrid. Algo que venía anunciándose desde hace tiempo pero que acaba de ser confirmado oficialmente. Una humillación que duele más que otras porque supone una victoria indeseada del enemigo histórico. Sin olvidarnos de otro aspecto que aumenta la presión. La sentencia que inhabilita al presidente de la Generalitat, Quim Torra, el hombre de paja de Puigdemont, y que acerca la celebración de unas elecciones anticipadas en Cataluña que aún lo complicarán todo más. Habrá que seguir con atención los próximos acontecimientos y mantenerse alerta. Pero todo parece indicar que hoy Pedro Sánchez tiene más probabilidades de ser investido de las que tenía. O no. Vaya usted a saber.

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