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En su caída Quim Torra quiere arrastrar al gobierno de Pedro Sánchez

sábado 01 de febrero de 2020, 12:00h
Ysrrael Camero (ALN).- Para Pedro Sánchez desescalar el conflicto catalán pasa por dividir al independentismo, lo que sólo se puede lograr separando a ERC de Carles Puigdemont y su grupo. El establecimiento de la mesa de diálogo es una iniciativa que puede servir para este objetivo. Las elecciones autonómicas deben generar un mapa de fuerzas que certifique ese desplazamiento. Pero ERC no arriesgará sus posibilidades electorales en Cataluña brindándole un respaldo a Sánchez en Madrid durante la campaña autonómica. En su caída Quim Torra pretende arrastrar a Sánchez, y Puigdemont es el responsable.
Quim Torra pretende arrastrar a Sánchez, y Puigdemont es el responsable / Foto: Moncloa
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Quim Torra pretende arrastrar a Sánchez, y Puigdemont es el responsable / Foto: Moncloa

La tensión clave en el momento político actual no es la que separa al PSOE y Podemos del PP y de Vox, sino la confrontación que se desarrolla entre la estrategia desplegada por Pedro Sánchez para desescalar el tema catalán, y la de Carles Puigdemont para seguir con el procés independentista.

La confrontación identitaria entre un catalanismo radicalizado hacia posturas independentistas, y una respuesta españolista intransigente, ha convertido la línea de fractura entre Madrid y Barcelona en un gran abismo. La escalada de enfrentamientos alimentó a las organizaciones más radicales, de un lado y del otro, introduciendo en la sociedad nuevos niveles de polarización. Pero la fractura cruza a la misma población catalana, que se encuentra dividida internamente.

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El fracaso de la vía de confrontación, política y judicial, para reconciliar a Cataluña con el resto de España, es una de las razones detrás de la estrategia de Pedro Sánchez de desescalar el tema catalán, proceso imprescindible para normalizar la vida democrática española, permitiendo el fortalecimiento de posturas más moderadas y centristas, tanto a la izquierda como a la derecha.

Pero esa voluntad se enfrenta, en primer lugar, dentro de Cataluña, con la estrategia de Carles Puigdemont, y de los sectores más intransigentes del independentismo, quienes parecen insistir en seguir escalando el procés, incluso haciéndole pagar el costo a los mismos catalanes. Pero también se encuentra con la resistencia de quienes se han beneficiado políticamente del enfrentamiento social en España.

En medio del enfrentamiento entre Sánchez y Puigdemont se encuentra la relación con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), organización que, perteneciendo al bloque independentista, decidió abstenerse en la votación para permitir el arranque del gobierno de coalición en España.

De esta manera, ERC logró convertirse en punto de equilibrio en Barcelona y en Madrid, sosteniendo el frágil gobierno de Quim Torra en Cataluña, y siendo la abstención imprescindible para que Sánchez permaneciera en Moncloa y Pablo Iglesias llegara a la Vicepresidencia. El puente a cruzar para reconciliar a los catalanes con el resto de los españoles parece pasar por estos republicanos de izquierda catalanistas.

Quim Torra señaló que la coalición de gobierno se encontraba políticamente agotada, y con ella el recorrido de su propia gestión. Por lo que tocaba retirarse y convocar nuevas elecciones autonómicas. Sin embargo, decidió postergar dicha convocatoria hasta la aprobación de los presupuestos.

Pero los equilibrios en política son dinámicos. La abstención de ERC fue negociada a cambio del establecimiento de una mesa de negociación del gobierno español con Cataluña, y a Sánchez le interesa dividir al independentismo para normalizar la vida política catalana, y por ende la española, aumentando la probabilidad de estabilizar su propio gobierno.

La centralidad que ha venido siguiendo esta organización ha tenido un impacto en las encuestas. ERC ha desplazado a los antiguos convergentes de Puigdemont como la primera fuerza dentro del bloque independentista. El presidio interno de Oriol Junqueras contrasta con la lejanía de Carles Puigdemont, entre Waterloo y Bruselas. Crece el perfil de políticos de Esquerra como Pere Aragonés, vicepresident del Govern, como el diputado Gabriel Rufián, representante ante el Congreso en Madrid, o de Roger Torrent, presidente del Parlament.

Las decisiones judiciales o administrativas de las instituciones españolas, desde el mismo Tribunal Supremo, que condenó a los responsables del referéndum del 1º de octubre de 2017, hasta la Junta Electoral Central, que decidió retirar la condición de diputado a Quim Torra, han sido un factor catalizador en la política catalana, que corre en paralelo a la estrategia de los mismos políticos.

Justamente la decisión de retirar el acta de diputado a Torra, luego de que este desacatara la orden de retirar los lazos amarillos, ha colocado en una difícil encrucijada al presidente del Parlament catalán, quien decidió acatarla, procediendo a no contabilizar los votos de Torra en el Legislativo autonómico.

Esta fue la gota que rebasó el vaso de la tensa relación entre JxCat y ERC. El gobierno de coalición de Quim Torra ha tenido mucho tiempo languideciendo, sin capacidad, ni voluntad, de hacer algo distinto al guión recurrente de independencia y República. Torra, segundo de Puigdemont, estaba políticamente desahuciado.

Su desplazamiento del gobierno catalán debía derivar en una convocatoria a elecciones autonómicas. El resultado esperado era una victoria de ERC que llevara a Pere Aragonés, el vicepresidente, a encabezar un nuevo gobierno de la Generalitat.

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Pero Puigdemont no permitiría que la caída de Torra pasara sin generar algún daño, tanto a sus volubles socios de Esquerra como en el nuevo gobierno español. El discurso de Torra, así como la cadena de declaraciones y sucesos vinculados, apuntan a elevar los costos de la nueva relación construida entre el gobierno de coalición español y los dirigentes políticos de ERC.

Quim Torra señaló que la coalición de gobierno se encontraba políticamente agotada, y con ella el recorrido de su propia gestión. Por lo que tocaba retirarse y convocar nuevas elecciones autonómicas. Sin embargo, decidió postergar dicha convocatoria hasta la aprobación de los presupuestos.

Esto llevaría a una dramática coincidencia, que incrementará la presión sobre Aragonés, Rufián y el mismo Sánchez en Madrid: la campaña política catalana coincidirá con la aprobación de los presupuestos generales del Estado, momento en que será imprescindible contar con el apoyo de los diputados catalanes para superar los de Montoro-Rajoy.

Sin la aprobación de los nuevos presupuestos el cumplimiento del programa de coalición entre PSOE y UP se encontraría en grandes dificultades. Tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias están convencidos de la necesidad de avanzar en el cumplimiento de sus promesas durante el primer año, para ganar rápidamente terreno de apoyo social y enfrentar a una oposición intransigente y radicalizada.

Para Sánchez desescalar el conflicto catalán pasa por dividir al independentismo, lo que sólo se puede lograr separando a ERC de Puigdemont y su grupo. El establecimiento de la mesa de diálogo es una iniciativa que puede servir para este objetivo. Las elecciones autonómicas deben generar un mapa de fuerzas que certifique ese desplazamiento. Pero ERC no arriesgará sus posibilidades electorales en Cataluña brindándole un respaldo a Sánchez en Madrid durante la campaña autonómica. En su caída Torra pretende arrastrar a Sánchez, y Puigdemont es el responsable.

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