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Presionar a aliados como España no contribuirá al cambio democrático que Venezuela necesita

sábado 15 de febrero de 2020, 14:00h
Ysrrael Camero (ALN).- La política exterior del gobierno de España la fija Presidencia y se expresa a través del Ministerio de Asuntos Exteriores. A efectos concretos, hay una sucesión significativa de decisiones de política exterior que ratifican el apoyo a Juan Guaidó como Presidente encargado, pero hay acciones y declaraciones que parecen marcar diferencias y disidencias internas, que han levantado preocupación entre los demócratas venezolanos, entre otros aliados internacionales, brindando oportunidades al PP, a Ciudadanos y a Vox, para atacar al gobierno de Sánchez haciendo uso del tema venezolano.
La ministra de Exteriores, Arancha González Laya, recibió a Guaidó en Madrid / Foto: CCN
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La ministra de Exteriores, Arancha González Laya, recibió a Guaidó en Madrid / Foto: CCN

Cuando Juan Guaidó asumió constitucionalmente la Presidencia de la República, en su carácter de presidente de la Asamblea Nacional, se generó la expectativa de una pronta resolución de la crisis, tanto dentro de Venezuela, como en las principales cancillerías de los países democráticos occidentales.

Se constituyó, con gran esfuerzo, una red de apoyo de la comunidad internacional a la Presidencia de Guaidó. Estados Unidos por un lado, en coordinación con el Grupo de Lima, y la Unión Europea por el otro, impulsando la creación del Grupo de Contacto, desarrollaron una política de apoyo a una transición a la democracia en Venezuela.

Este proceso debía desembocar en la realización de unas elecciones presidenciales libres, para subsanar las no reconocidas del 20 de mayo de 2018, pasando por el cese de la usurpación de Nicolás Maduro, y el establecimiento de un gobierno de transición.

La confrontación entre Juan Guaidó, como Presidente encargado y líder unitario de las fuerzas democráticas venezolanas, y Nicolás Maduro, jefe de un régimen autoritario con el control del poder armado y de los restos del Estado venezolano, se ha prolongado más de un año, desde enero de 2019 hasta febrero de 2020.

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Hemos pasado por grandes momentos de movilización popular contra Maduro, por el incremento de la presión internacional con “todas las opciones sobre la mesa”, y por un proceso de negociación infructuoso amparado por los noruegos. Pero Maduro sigue controlando a Venezuela, a pesar de que el presidente Guaidó ha seguido impulsando la ruptura del régimen autoritario.

La dilatación de los tiempos ha tenido efectos en la tesitura del apoyo internacional, impulsando la revisión de las estrategias y tácticas empleadas, de la efectividad de las acciones, las sanciones o la presión diplomática, así como en una reevaluación de la manera en que se han encarado los procesos de negociación. A lo largo de un año también ha venido cambiando la configuración política de los gobiernos. A esto no puede escapar la posición de España.

La deriva de la política española y la crisis venezolana

La política exterior del gobierno de España la fija Presidencia y se expresa a través del Ministerio de Asuntos Exteriores. A efectos concretos, hay una sucesión significativa de decisiones de política exterior que ratifican el apoyo a Juan Guaidó como Presidente encargado, pero hay acciones y declaraciones que parecen marcar diferencias y disidencias internas, que han levantado preocupación entre los demócratas venezolanos, entre otros aliados internacionales, brindando oportunidades al PP, a Ciudadanos y a Vox, para atacar al gobierno de Pedro Sánchez haciendo uso del tema venezolano.

He aquí la sucesión de decisiones concretas de apoyo del gobierno español a la causa de la democracia venezolana. En coherencia con las decisiones de no reconocer la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en 2017, ni el proceso electoral del 20 de mayo de 2018, el gobierno en funciones de Pedro Sánchez, siendo Josep Borrell su canciller, procedió a reconocer a Juan Guaidó como Presidente encargado, en su carácter de presidente de la Asamblea Nacional, el 4 de febrero de 2019.

La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, mostró la disposición de recibir a Guaidó en Madrid, ratificando el apoyo que su gobierno le seguía otorgando. En las instalaciones de la Casa de América, la ministra se reunió con el presidente Guaidó. Las declaraciones públicas del mismo Juan Guaidó, al finalizar su visita a España, hablan justamente de las buenas relaciones que tiene con el gobierno español.

En un momento de confusión, derivado de la denominada Operación Libertad del 30 de abril, el gobierno español ratificó su respaldo a Guaidó, contribuyendo a alinear la posición de la Unión Europea y de muchos aliados internacionales. Inmediatamente, Leopoldo López es acogido en la Embajada de España en Caracas, donde se encuentra refugiado hasta el día de hoy.

Tras el intento fallido de un grupo minoritario de diputados, encabezados por Luis Parra, de juramentar una Junta Directiva paralela el 5 de enero de 2020, el gobierno de Pedro Sánchez volvió a ratificar su apoyo a Juan Guaidó como único presidente de la Asamblea Nacional y, por ende, como Presidente encargado de Venezuela.

Luego de constituirse el gobierno de coalición del PSOE con Podemos, con ocasión de estar realizando el presidente Juan Guaidó una gira internacional, la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, mostró la disposición de recibirlo en Madrid, ratificando el apoyo que su gobierno le seguía otorgando. En las instalaciones de la Casa de América, la ministra se reunió con el presidente Guaidó. Las declaraciones públicas del mismo Juan Guaidó, al finalizar su visita a España, hablan justamente de las buenas relaciones que tiene con el gobierno español.

Esta es la línea oficial, la posición institucional del gobierno de España y, de hecho, la postura que más beneficia la resolución democrática de la crisis venezolana y más fortalece la posición de Juan Guaidó y de los sectores que luchan por la democracia en Venezuela.

Sin embargo, el revuelo por la intromisión de Pablo Iglesias en su entrevista, por el encuentro entre el ministro José Luis Ábalos y Delcy Rodríguez, y finalmente, el debate por el “desliz” del presidente Sánchez en la sesión de control, al referirse al presidente Guaidó como “líder de la oposición”, ha enervado a las redes sociales, y ha sido usado por todos los sectores que se oponen al gobierno español para atacarlo con vehemencia.

Juan Guaidó es Presidente encargado de Venezuela, en su carácter de presidente de la Asamblea Nacional, porque así lo consagra la Constitución, pero también es el principal líder de la oposición a un régimen autoritario que usurpa el poder efectivo en Venezuela. Generar un debate semántico respecto a la naturaleza de las dos denominaciones no ayuda a resolver la crisis venezolana. Es un debate que usa un sector de la política española para atacar al gobierno. Y no debemos sumarnos a ese coro.Josep Borrell marcó la línea de reconocimiento a Guaidó en España y en la UE / Foto: CCN

Nos encontramos frente a un riesgo. Convertir la causa venezolana en una cruzada partisana, mezclarla en la polarización de las políticas internas de los países aliados, resta más de lo que suma, y debilita la imprescindible presión internacional. El clima político español se encuentra muy polarizado y vehemente, cualquier desliz del gobierno es atacado de manera inmediata, y en términos hiperbólicos por una oposición implacable y negada a cualquier tipo de mediación. Ese es el clima político de la España actual. Es una dinámica que no beneficia a una causa que debe ser transversal, como lo es la libertad del pueblo venezolano para volver a ser dueño de su destino.

Tal como se define por la nueva estructura del Ministerio de Asuntos Exteriores, la política exterior de España se dirige a la defensa del multilateralismo, con una proyección más europeísta, enfocada en la cooperación y el comercio, restando visibilidad a sus acciones en Iberoamérica y el Caribe. Se corre el riesgo que la situación venezolana pierda relevancia para la diplomacia española.

O se resuelve la crisis desde dentro, o el apoyo externo se debilitará

No se puede negar que la no resolución de la crisis venezolana en los tiempos esperados tiene que derivar en un debate en las distintas cancillerías. Se han generado dudas respecto a la efectividad de la estrategia asumida. La insistencia en la realización de unas elecciones libres en 2020 se hace perentoria justamente porque el tiempo para el cambio en el presente período de la Asamblea Nacional se está agotando. Eso lo tiene en sus manos el presidente Juan Guaidó, su equipo, los diputados demócratas, los partidos y movimientos que lo acompañan, y lo saben las cancillerías de los aliados, tanto duros como blandos.

La política exterior es un espejo derivado de la política interna. La polarización entre demócratas y republicanos, la cercanía de la campaña por la reelección, y la necesidad de ganar en Florida, son un factor que se articula con el tipo de apoyo que Donald Trump le da a Guaidó y a la causa venezolana. El impacto que los migrantes venezolanos generan en toda la zona andina es clave para comprender las posiciones del Grupo de Lima. La política de destrucción contra Lula de Silva y contra el PT, enmarca la posición de Jair Bolsonaro respecto a Venezuela.

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En el caso de la preservación de la presente política de apoyo a Guaidó por parte de España existe una doble presión:

Primero, aquella que deriva de la existencia de una coalición con Podemos.

Y segundo, la que deriva de los mismos sectores técnicos de la administración, frente a la falta de efectividad de la política exterior desarrollada durante 2019.

En la medida en que nos acerquemos al 5 de enero de 2021 la coalición internacional de apoyo a Juan Guaidó puede tender a debilitarse, a menos que se den cambios internos en Venezuela, bien en la correlación de fuerzas, en el funcionamiento del poder o en la realización de unas elecciones que logren lo uno, o lo otro.

En conclusión, tiene que haber algún tipo de resolución este año, o el presente ciclo de oportunidad se agotará, dejando a Venezuela más empobrecida y oprimida, cargando con una nueva experiencia de frustración y desesperanza. Pero esta resolución depende mucho más de lo que suceda dentro de Venezuela que del apoyo que nos brinden desde fuera, sea Bogotá, sea Madrid, o sea Washington.

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