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De qué manera el coronavirus ha hecho más virulenta la xenofobia contra los chinos en el mundo

viernes 28 de febrero de 2020, 09:00h
Caleb Zuleta (ALN).- El coronavirus ha despertado un tipo de rechazo hacia ciudadanos chinos o de origen chino. El fenómeno se registra en todo el mundo. ¿De qué se trata? ¿Es xenofobia? ¿Es racismo? ¿Qué tan profundo y extendido es lo que está pasando? Una experta de origen chino analiza el problema.
El coronavirus ha disparado la xenofobia contra los chinos / Foto: @catarsisbcn
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El coronavirus ha disparado la xenofobia contra los chinos / Foto: @catarsisbcn

¿Si usted se encuentra con un chino en la calle qué hace? Por estos días, la respuesta o conducta usual es apartarse de él. Y todo por culpa del coronavirus. Se ha establecido una identificación directa entre el virus y China, entre el virus y los chinos. El fenómeno incluye imprecaciones en las calles y rechazo en lugares públicos.

Paloma Chen ha escrito un análisis titulado, El coronavirus que “justifica” la sinofobia. Ella señala que “miradas ofensivas, marginación en las escuelas, oficinas de trabajo y transporte público, y preguntas indiscretas”, son de las manifestaciones más comunes en contra de la comunidad china.

Paloma Chen es periodista, nacida en Valencia, España. Sus padres, de origen chino, provienen de Wenzhou, ciudad ubicada en la provincia de Zheijang. Paloma Chen coordina www.tusanaje.org, una plataforma que difunde manifestaciones culturales de descendientes de chinos. El análisis lo ha publicado la revista Nueva Sociedad.

Señala que como consecuencia del fenómeno provocado por el coronavirus, “los «Chinatowns» de todo el mundo tienen más de la mitad de sus establecimientos cerrados; los clientes no se atreven a ir. Niñas y niños sufren burlas crueles y palabras, injustificables de ninguna manera, de desprecio y miedo. «A nuestros propios hijos, en el colegio, les llaman coronavirus», declaraba el 4 de febrero el encargado de Negocios de la Embajada China en España, Yao Fei, y añadía, «pero lo tomamos como bromas de niños». Apuntaba a que eran «casos aislados».

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Dice también que “por todas partes, se mira con recelo a personas con rasgos asiáticos, incluyendo japoneses, coreanos, tailandeses o chinos de segunda o tercera generación”.

Estas expresiones han provocado que “activistas de origen asiático de Europa y América han puesto en marcha diversas campañas de concientización y denuncia, como la de #NoSoyUnVirus, frente a la proliferación de casos de discriminación racial y xenofobia”.

Frente a quienes señalan que tales manifestaciones se explican por alguna “histeria de la hipocondría” advierte que quienes opinan así “olvidan que la prevención es comprensible; las manifestaciones xenófobas, no. Los prejuicios raciales son problemáticos, pero todos los tenemos, por razones biológicas y por la cultura que nos han inculcado”.

Por ello la importancia de la campaña #NoSoyUnVirus. Esta “ha ayudado a muchas personas anónimas a que cuenten abiertamente sus experiencias de discriminación y a que reciban apoyo. Portavoces de la campaña aseguraron sentirse orgullosos de haberlas hecho entender que tenían derecho a quejarse y a defenderse, y que los comentarios y ataques racistas no son normales, o no deberían estar así de normalizados”.

El problema es que, señala, “el coronavirus no ha disparado la xenofobia, sino que ha ayudado a que esta se exprese más virulentamente. El conflicto deviene cuando los prejuicios raciales interiorizados son expresados explícitamente por parte de quien también sustenta el poder: en ese momento se comete un abuso que debe ser denunciado”.

Apunta Paloma Chen que “la xenofobia es un monstruo que todas las sociedades esconden, pero la verdadera tragedia es que sea legitimada por las instituciones de poder, que detenta una élite («blanca» no sólo de color de piel, sino de pensamiento y de producción del discurso), que margina al colectivo chino y al resto de colectivos racializados y de origen migrante. Muchos ciudadanos europeos y estadounidenses blancos siguen viendo a la población china como un ente extraño, extravagante, extranjero (a pesar de su integración pacífica y sus aportaciones económicas y culturales a las sociedades de acogida) e inferior”.

Ya de por sí, explica, en “una sociedad occidental, ser chino no es normal: ser chino es ser una persona racializada, es ser una persona marcada, porque si bien ciertas actitudes o comportamientos se pueden disimular o esconder (los gestos amanerados de los hombres, o los masculinos, de las mujeres, por ejemplo, que son también desviación del estándar normativo), la raza es una piel de la que uno no se puede deshacer”.

Por ello la importancia de la campaña #NoSoyUnVirus. Esta “ha ayudado a muchas personas anónimas a que cuenten abiertamente sus experiencias de discriminación y a que reciban apoyo. Portavoces de la campaña aseguraron sentirse orgullosos de haberlas hecho entender que tenían derecho a quejarse y a defenderse, y que los comentarios y ataques racistas no son normales, o no deberían estar así de normalizados”.

Escribe Paloma Chen que “las respuestas al por qué de los brotes de xenofobia y racismo en todo el mundo contra las personas chinas no están en la peligrosidad del coronavirus y en la necesaria prevención, sino en la imposición de cierta narrativa: un relato monopolizado desde el saber eurocéntrico, que nos ha convertido en individuos ignorantes y perezosos, sin capacidad de discernir quién, cómo y de qué manera se producen los discursos”.

Señala que “Antonio Liu Yang o Yong Li, participantes de la campaña, explicaron que pretenden crear una plataforma antirracista con continuidad, que no trabaje sólo los brotes más explícitos de xenofobia, como el impulsado por el coronavirus, sino que abogue, en un primer paso, en la dirección de la normalización de ser una persona asiática en una sociedad occidental, y más adelante, en el alcance de representación política y poder institucional, pasando por la educación y la promoción del diálogo entre las minorías y las mayorías”.

Puntualiza que “es en esta dinámica de poder establecida entre la sociedad mayoritaria occidental y el colectivo chino racializado y de origen migrante donde se enmarcan los «repentinos» ataques a la comunidad china. En realidad, este no es un discurso nuevo: la enfermedad ha sido una de las variables que las élites y mayorías de todo el mundo (no mayoría, tampoco, en el sentido numérico, sino en el de detentar el poder institucional) han utilizado para aislar a los colectivos vulnerables”.

La periodista también aborda el aspecto alimenticio. En China, el gobierno ha prohibido la dieta a base de animales salvajes. Señala Paloma Chen que “la asociación del coronavirus con el consumo de animales salvajes ha promovido desde Occidente un discurso culpabilizador hacia las víctimas, que son estigmatizadas por desviarse de la norma: del estándar marcado por la civilización blanca respecto a las costumbres alimenticias y los niveles de salubridad, y ha vinculado la enfermedad con una nacionalidad y raza concretas”.

Caleb Zuleta

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