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Este joven cocinero venezolano en Madrid convierte un saludo en un mensaje político de alto nivel

jueves 05 de marzo de 2020, 13:27h
Juan Carlos Zapata (ALN).- Estaba el embajador de Guaidó en España hablando de consenso cuando le reportaron que un joven venezolano quería saludarlo. Hablaba Antonio Ecarri del consenso con que ha sido elaborado y propuesto el Plan País de Juan Guaidó y el aviso acude como una señal precisa del consenso. El joven poco o casi nada tiene que ver con la participación política: lo mueve la urgencia del cambio, siendo él también víctima del desastre, y por ello está en Madrid, por ello ha migrado, por ello quiere saludar y enterarse. Al fin y al cabo esta es otra forma de consenso y de unidad.
Bartolomeo Imbriaco hizo del saludo a Ecarri un gesto de reafirmación democrática / Foto: ALN
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Bartolomeo Imbriaco hizo del saludo a Ecarri un gesto de reafirmación democrática / Foto: ALN

El embajador Antonio Ecarri tiene edad para saber lo que fue la dictadura de Marcos Pérez Jiménez entre 1948 y 1958. Tiene edad para precisar en qué consistió el Pacto de Punto Fijo. El consenso al que llegaron los partidos más importantes, AD, URD y Copei, con el fin de estabilizar y conducir la democracia representativa, el periodo más largo de paz y progreso que ha vivido Venezuela. Estaba Ecarri comparando que el Plan País también ha nacido del consenso. Y decía ante el auditorio, compuesto en su mayoría por empresarios de España y Venezuela, que el cambio traería un gobierno de consenso que en vez de espantar capitales como lo hace el régimen de Nicolás Maduro, atraerá capitales, captará capitales, la inversión extranjera.

Estaba en eso y le llegó el mensaje. Un joven quería saludarlo. Un joven venezolano que trabaja en la cocina del restaurante del Club Financiero Génova de Madrid, donde se llevaba a cabo la presentación del Plan País. La iniciativa fue del joven. Lo cual reafirma la imagen y el mensaje del gesto. La unidad y el consenso en torno al cambio. Un clamor que parte desde las bases. Un clamor que se siente dentro de Venezuela, y compartido por los millones que integran el éxodo.

Y Bartolomeo Imbriaco es ejemplo del éxodo y al mismo tiempo del consenso. Apenas tiene 22 años. Es cocinero. Lleva un año en el Club Financiero Génova aunque un poco más en Madrid. Venía de estudiar cocina en Caracas. Pero también biología en la Universidad Central de Venezuela. Entrena e imparte clases de fútbol. Se declara profesional gourmet. El embajador lo ametralla a preguntas y Bartolomeo Imbriago cuenta lo que cocina de comida española y explica que por estas fechas es la temporada de platos de caza como el jabalí. De eso aprende.

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Apenas supo que allí estaba un grupo de venezolanos hablando del cambio y de los planes para el futuro, Bartolomeo Imbriaco se empeñó en saber más. Y de paso saludar, haciendo del saludo un gesto de reafirmación, de decir que sigue presente y atento a la causa democrática. En la presentación participaban el embajador Ecarri, el petrolero Juan Szabo, los diputados José Guerra, Mariela Magallanes, Américo de Grazia y Mauligmer Baloa. Los parlamentarios también forman parte del exilio. Son perseguidos políticos.

Tal vez Bartolomeo habrá escuchado de Magallanes que del Plan País se han realizado 5.000 actividades que han concertado a más de medio millón de venezolanos. Habrá escuchado que el Plan País establece un cronograma concreto de acción para las primeras 90 horas, 90 días y 90 semanas.

Le habrá escuchado a José Guerra que Venezuela necesita un programa de reconstrucción con apoyo internacional porque lo que ha ocurrido no es una recesión cualquiera. Habrá escuchado que Hugo Chávez recibió el petróleo en 8 dólares, y cuando lo tuvo a 80, 100 y 120 dólares, se encontró con una mina e hizo lo que hace cualquier minero: la exprimió, de ella sacó los recursos para regalar, y así agotó la mina, y de allí el resultado de estos años.

Esto lo sabe Bartolomeo Imbriaco que es víctima de la situación. De hecho, Guerra soltó estos datos en la presentación: En Venezuela hay 2 millones de niños menores de 5 años que no tienen qué comer. Y los mayores de 60 años corren peligro de muerte por falta de medicinas para enfermedades básicas. Dijo Guerra: La gran farmacia de Venezuela es el Twitter. Que es donde la gente ofrece y demanda medicamentos.

Pero esto va a cambiar, habrá escuchado Bartolomeo Imbriaco. “Esto va a cambiar con los votos”, dijo José Guerra. “La salida es electoral. No hay otra”.

-No vamos a barrer al chavismo -dijo Guerra-. Al chavismo hay que derrotarlo políticamente.

El embajador Ecarri señaló que con el joven se confirma una impresión suya: Que la juventud se empina sobre la tragedia. “Este muchacho no sólo va a ser un gran chef sino que aprende los valores del trabajo, la solidaridad y la humildad. Estamos formando, casi sin darnos cuenta, el hombre nuevo de la democracia y no de la fracasada utopía del comunismo”.
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