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El exZar de PDVSA carga contra Maduro pero no ve el desastre que dejó en la industria petrolera de Venezuela

jueves 07 de mayo de 2020, 09:00h
José Antonio Bautista (ALN).- Estos procesos son lentos. Destruir una corporación energética del calibre que tenía Petróleos de Venezuela, PDVSA, en 1998, no era cosa de hacer de la noche a la mañana, menos con un barril de petróleo vendiéndose en montos superiores a los 100 dólares, una herencia de producción de más de 3,6 millones de barriles diarios y una calificación financiera triple A que permitía un inmensurable endeudamiento.
Rafael Ramírez critica lo mismo que hizo cuando era el poder en PDVSA / Foto: Captura
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Rafael Ramírez critica lo mismo que hizo cuando era el poder en PDVSA / Foto: Captura

Pero la dinamita estaba colocada desde el momento en que se desvirtuó un negocio estrictamente técnico por la demagogia, se sustituyó el conocimiento profesional y técnico por el servilismo político y se pretendió financiar todos los gastos de la nación con los fondos de una empresa ya no manejada profesionalmente, sino a la conveniencia del grupo de mando.

Así fue. Ese es el resumen de lo que pasó en PDVSA con la revolución chavista. Pero ahora el exZar de PDVSA, Rafael Ramírez, en la distancia, desde una trinchera muy remota a la sede de La Campiña en Caracas, ataca. Ataca a la consecuencia de su gestión, aunque sin admitirlo así. Prendió la mecha, salió corriendo y desde lejos acusa a la explosión como un hecho ajeno.

En una de sus últimas intervenciones, para denunciar el “Plan del Gobierno para la entrega de PDVSA” emprendido por Nicolás Maduro, Rafael Ramírez señaló que tuvo acceso a un “documento interno de la Comisión Reestructuradora de PDVSA "Alí Rodríguez Araque" (ARA), que devela, finalmente y de manera indubitable, cuál es el plan del gobierno de Maduro para terminar de liquidar a PDVSA y entregar en forma definitiva el control del petróleo”.

Ramírez ataca a la Comisión Reestructuradora de PDVSA “Alí Rodríguez Araque”. Ataca al Ministro de Petróleo, Tareck El-Aissami, y al nuevo presidente de PDVSA, Asdrúbal Chávez. De este asevera que “no importa que sea incapaz de manejar la empresa y que su paso por el Ministerio de Petróleo haya sido tan inútil como destructivo. Lo que le importa a Maduro, es que es dócil, lo manejan los (hermanos Delcy y Jorge) Rodríguez y hace lo que sea, le gusta el poder”.

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Continua señalando sobre el documento que “aunque está firmado por la Dirección Ejecutiva de Planificación de PDVSA, que dirige Héctor Felizolla, miembro de la comisión reestructuradora ARA, ha sido redactado por los factores económicos que se han enquistado en el gobierno y que terminarán de apropiarse de los activos de la empresa. En el documento se devela la absoluta saña en contra del modelo petrolero vigente, del legado del Presidente Chávez, del carácter nacional, popular y revolucionario de nuestra política petrolera y que le imprimimos a PDVSA. El contenido de este texto es la descripción de la rebatiña de la industria y sus activos, así como, de un despojo contra todo el país”.

Afirma que el objetivo de la reestructuración es “barrer con el chavismo en PDVSA y preparar las condiciones para que su entrega fuera vista como una necesidad”, señalando que ha sido triste y vergonzoso el paso del general Manuel Quevedo por la presidencia de PDVSA, quien arremetió con violencia en contra de los trabajadores y arrasó con la corporación y sus capacidades.

Expresiones como “barrer” esquemas anteriores, creación de nuevas “figuras”, jefes dóciles que se dejan manejar, desconocer las capacidades “técnicas operativas” de trabajadores, “saña en contra del modelo petrolero vigente”, incapacidad de manejar la empresa, arrasar con capacidades o “lucrativos negocios para sus amigos”, rememoran una época. La época de Ramírez. La Era de Chávez.

Lo que no dice el exZar de PDVSA

Cuando se leen estas afirmaciones bien vale la pena recordar. Pues llama la atención cómo Ramírez, presidente de PDVSA por una década con Hugo Chávez, es, ahora, tan reticente a los cambios y a ciertas políticas, cuestionando situaciones que en su momento fueron tratadas por él con igual o peor desparpajo.

En efecto, a Ramírez le enardece la utilización de figuras inexistentes en el lenguaje y legislación petroleras ("simplificación de la estructura de la empresa", “aguas intermedias”, “Contratos de Producción Compartida”, “Acuerdos de Servicios Conjuntos”), que ciertamente son cuestionables en un análisis objetivo de la situación. Pero Ramírez deja de lado que durante su gestión no solo utilizó, sino que puso en práctica definiciones inapropiadas y procesos totalmente ajenos a la actividad petrolera (misiones, grandes misiones, PDVAL, PDVSA Agrícola, PDVSA TV, por mencionar algunos) y que expropió y deshizo acuerdos válidamente suscritos con transnacionales petroleras, por decir lo menos.

Efectivamente, olvida que desconoció contratos firmados al amparo de la legislación vigente y que, solo por mencionar dos casos, despojó a ExxonMobil y a ConocoPhillips de sus inversiones en Venezuela, lo que a la postre resultó en arbitrajes internaciones que condenaron en miles de millones de dólares a PDVSA y, en consecuencia, en pérdidas para la nación.

De la Cuba de Ramírez a la Rusia de Maduro

Ramírez critica la creación de “una nueva filial, con sede en Rusia, a la que denominan EUROASIA”, afirmando que se trata de “la entrega de la producción”. Pero olvida a PDVSA Cuba, S.A., constituida bajo su gestión, y a los convenios suscritos en tan controversiales condiciones con el gobierno cubano para el suministro de crudo.

También cuestiona la propuesta de "simplificación de la estructura de la empresa", con la cual, señala, “se cerrarán filiales y se desprenderán de una muy buena parte de las empresas, sin decir nada, sobre qué pasará con los trabajadores y empleados, éstos saldrán a un destino incierto”. Pero olvida que en sus 12 años en PDVSA, hubo la proliferación de filiales, subsidiarias y la masificación de empleos no asociados a la producción petrolera.

Expresiones como “barrer” esquemas anteriores, creación de nuevas “figuras”, jefes dóciles que se dejan manejar, desconocer las capacidades “técnicas operativas” de trabajadores, “saña en contra del modelo petrolero vigente”, incapacidad de manejar la empresa, arrasar con capacidades o “lucrativos negocios para sus amigos”, rememoran una época. La época de Ramírez. La Era de Chávez.

Ahora Ramírez defiende a los técnicos y trabajadores de PDVSA. Ahora aparenta ser un dechado de objetividad. Pero Ramírez al criticar la toma de decisiones empresariales por conveniencia política y no técnica, reivindica el concepto de meritocracia, aunque no lo menciona por ese nombre, tantas veces despreciado y ridiculizado por Chávez y su entorno (Ramírez incluido).

Ramírez censura la toma de decisiones por amistad y compadrazgo, reprueba las decisiones no técnicas, desdeña de la politiquería en la empresa, pero no recuerda que fue precisamente bajo esa línea de acción que emprendió contra el equipo técnico heredado de 1998 y que mantenía en ese entonces a la corporación petrolera como un líder mundial: “A nosotros no nos tiembla el pulso. Nosotros sacamos de esta empresa a diecinueve mil quinientos enemigos de este país y estamos dispuestos a seguirlo haciendo, para garantizar que esta empresa esté alineada y corresponda al amor que nuestro pueblo le ha expresado a nuestro Presidente”, vociferó en un discurso al personal de la estatal petrolera en octubre de 2006.

Ramírez parece no recordar ese vivo discurso de octubre de 2006 afirmando a toda voz que PDVSA era roja, rojita, haciendo indubitable alegoría a las razones políticas que prevalecían para ostentar cualquier cargo en dicha empresa, porque en efecto, para poder trabajar en PDVSA durante su mandato había que ser “rojo, rojito”, lo que traduce que poco importaban las capacidades técnicas de los trabajadores sino que se subyugaran a su discurso político.

Ahora, Ramírez se desdice y critica. Critica todo lo que no es técnico y profesional.

Ramírez olvida el nepotismo. Olvida quien fue la gerente general de PDVSA La Estancia cuando él era Presidente de Petróleos de Venezuela y además Ministro de Energía y Petróleo; olvida las contrataciones petroleras manejadas por el hermano de ésta quien en ese tiempo era asesor jurídico del citado Ministerio; olvida a la asesora jurídica que representó a PDVSA en varios procesos judiciales en Venezuela y cortes internacionales entre los cuales se cuenta el que litigó y perdió contra ExxonMobil. Olvida quien fue el Director General de Salud de PDVSA durante su gestión. Olvida a su primo, Diego Salazar Carreño, que manejó el negocio de los seguros.

El tiempo de la apertura petrolera

Ramírez critica la nueva estrategia petrolera propuesta por la Comisión Reestructuradora, ARA. La reprocha de tal manera que en comparación con la política conocida como Apertura Petrolera promovida en el segundo gobierno de Rafael Caldera, cuando la presidencia de Petróleos de Venezuela, la ostentaba Luis Giusti, considera a esta más benévola.

Lo cierto es que la Apertura Petrolera, llamada así porque permitió la participación de capital privado en el sector petrolero venezolano, atrajo el interés de las más competitivas empresas petroleras del mundo de desarrollar la explotación comercial de la Faja Petrolífera del Orinoco, en la cual yacen abundantes depósitos de petróleo extra pesado, de muy difícil procesamiento, cuyo aprovechamiento requería de elevadísimas inversiones que el Estado Venezolano no tenía capacidad de emprender.

Recordemos que para la época de la Apertura Petrolera, la cesta venezolana no alcanzaba los 10 dólares por barril. No obstante, la Apertura Petrolera logró captar inversiones extranjeras directas estimadas para fecha (años 90) en 20 mil millones de dólares, sin contar con el desarrollo posterior de campos e infraestructuras que consolidaron los sectores económicos aledaños a tales actividades, ni las ganancias subsiguientes por la producción, ni los impuestos asociados a tales operaciones.

Aunque las autoridades de los últimos 20 años lo nieguen a rabiar, la Apertura Petrolera fue un rotundo éxito, ya que de otro modo no se hubiese podido aprovechar el potencial energético explotado, del cual a pesar de todos los obstáculos y cuestionamientos, aun se obtienen beneficios.

De hecho, durante los años 90 PDVSA ocupó el segundo lugar como empresa petrolera más grande del mundo y en 1996 llegó a ser considerada por la Revista Fortune como la mayor empresa de América Latina, escalafones jamás logrados por la revolución chavista.

El tiempo de la emergencia petrolera

Ahora, la realidad estalla. Las actuales autoridades en materia petrolera admiten que hacen falta inversores, que ni PDVSA ni el Estado y tienen recursos financieros para explotar las ingentes reservas petroleras. Un tesoro que para tener acceso, hace falta destinarle mucho dinero. Las potenciales fuentes de recursos están ahí, cualquier taladro que perfore en la Faja de Orinoco encontrará crudo extra pesado, las cuencas de oriente y occidente son todavía prolíficas, pero para explotarlas harán falta fuertes inversiones y para procesarlas más inversiones todavía. Pero si no se invierte, no se aprovecharán.

La realidad económica siempre se nos revela, tarde o temprano, inclusive a aquellos que se esconden de ella y empeñan en negarla. Independientemente del idioma que adopte, su mensaje es unívoco. No se puede ser productivo sin esfuerzo y disciplina. No se puede ser próspero si se regala más de lo que se produce. No se puede ser productivo sin emprender acciones que obedezcan a razones técnicas.

Ramírez tiene razón. Destruyeron a PDVSA, pero ello se hizo en los 21 años de revolución, 12 de los cuales fueron de su responsabilidad, cuando aplicó la misma receta que ahora critica.

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