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Edición testing    5 de agosto de 2020

Asdrúbal Chávez

Pedro Benítez (ALN).- El madurismo insiste en sus maniobras de distracción. Umberto Eco señalaba que ante la opinión pública se puede tapar una crisis con otra crisis, un escándalo con otro escándalo. El chavismo ha sido experto en este tipo de estratagemas. La falsa invasión armada de la semana pasada le ha dado la oportunidad distraer la atención del principal problema que paraliza a Venezuela y que Nicolás Maduro se ha mostrado incapaz de resolver: la crisis de la gasolina.

José Antonio Bautista (ALN).- Estos procesos son lentos. Destruir una corporación energética del calibre que tenía Petróleos de Venezuela, PDVSA, en 1998, no era cosa de hacer de la noche a la mañana, menos con un barril de petróleo vendiéndose en montos superiores a los 100 dólares, una herencia de producción de más de 3,6 millones de barriles diarios y una calificación financiera triple A que permitía un inmensurable endeudamiento.

Por Juan Carlos Zapata (ALnavío).-Ese plan petrolero ya estaba en marcha. Desde 2019. Ahora Maduro, Tareck El Aissami y Asdrúbal Chávez quieren darle forma legal, y ampliarlo a otras áreas. En lo operativo ese es el plan que el 10 de diciembre del año pasado adelantó el diario ALNavío y que hasta ese momento le estaba dando resultados a PDVSA. Pero luego llegaron las sanciones. Luego se fue Rosneft. Luego otro capítulo de las sanciones, y esta semana Chevron anunció que se acogía a lo dictado por Estados Unidos: No producir ni comercializar más petróleo en Venezuela.

Zenaida Amador (ALN).- En su urgencia por sostenerse en el poder a cualquier precio Nicolás Maduro lleva meses alejándose de la línea ideológica del chavismo. Esa también es sacrificable. Sin recursos y con un modelo económico fracasado, le ha coqueteado a cualquier opción, incluyendo desandar el camino estatista de la industria petrolera. La PDVSA roja rojita de Chávez parece que pasará a la historia como el registro de un desatino.
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