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Edición testing    5 de julio de 2020

Gasolina

José Guerra (ALN).- Un general de la República Bolivariana de Venezuela, después de estudiar en las academias, con postgrado y con 30 años de servicios en la Fuerza Armada Nacional, FAN, devenga un salario, incluyendo bonos, de aproximadamente 3.500.000 bolívares mensuales, equivalentes a 18 dólares. Por su parte, un teniente coronel recibe una remuneración mensual de 3.000.000 de bolívares; es decir 16 dólares. A ello probamente habrá que agregar el beneficio del IPSFA, Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada, el ticket de alimentación y uno que otro crédito que reciba del Banco de la Fuerza Armada. En cualquier caso se trata de una ofensa al honor militar, el hecho de que se haya depauperado el ingreso de los oficiales de la FAN.

Zenaida Amador (ALN).- Parece que sin la posibilidad de seguir haciendo negocios con la gasolina más barata del mundo, como la mantuvo el chavismo por varios lustros como una estrategia política de sostenimiento en el poder, llegó la hora de hacerlos con la escasa gasolina disponible, pero tratando de mantener las economías alternativas desarrolladas al amparo del régimen y que le dan soporte. Nicolás Maduro pone en marcha un plan de “revalorización” de la gasolina en el cual, además de autorizar un drástico aumento del precio, da un paso para que actores privados tomen parte en la distribución y venta de combustibles en contravía de lo que se conoce está establecido en las leyes.

Caleb Zuleta (ALN).- El jefe de la política exterior de la Unión Europea no abriga duda alguna. Josep Borrell señala que el coronavirus ha empeorado la situación en Venezuela y en la región. Apunta que en cualquier momento puede haber un “chispazo”.

Pedro Benítez (ALN).- El madurismo insiste en sus maniobras de distracción. Umberto Eco señalaba que ante la opinión pública se puede tapar una crisis con otra crisis, un escándalo con otro escándalo. El chavismo ha sido experto en este tipo de estratagemas. La falsa invasión armada de la semana pasada le ha dado la oportunidad distraer la atención del principal problema que paraliza a Venezuela y que Nicolás Maduro se ha mostrado incapaz de resolver: la crisis de la gasolina.

Pedro Benítez (ALN).- Icono del populismo chavista. Santo grial de la política venezolana. Tema tabú de todas las campañas presidenciales. Un mito. Sostener en niveles bajos hasta el ridículo el precio de la gasolina fue una de las banderas más importantes para Hugo Chávez. Poco importó que durante los 12 años que estuvo en el poder, el costo de oportunidad que implicaba ese subsidio superara los gastos en salud y educación, y un gigantesco drenaje de recursos para PDVSA. Hoy, con Venezuela paralizada por la falta de gasolina y con la industria petrolera en ruinas, a Nicolás Maduro no le queda otra opción que enterrar una de las últimas banderas del chavismo.

José Guerra.- Upata, 23 de abril de 2020. Este pueblo del Sur de Venezuela está en la calle exigiendo comida. Mucha gente tomó la vía del saqueo de comercios para proveerse de lo que el régimen de Maduro le prometió y no cumplió. El saqueo nunca será un método para resolver los problemas de la falta de comida. En la acción cayó muerto en una de las calles un muchacho de 29 años. Recibió dos disparos en la cabeza. En el asfalto ensangrentado alguien escribió textualmente: “Muerto por hambre”.

Pedro Benítez (ALN).- Los motines del hambre sacuden a la Venezuela profunda. Ese país azotado por la carestía y abandonado a su suerte por el régimen chavista. El detonante del malestar es la manera corrupta y arbitraria como los funcionarios civiles y militares chavistas venden la gasolina y las cajas de los alimentos sociales, Clap. Mientras tanto, desde el centro del poder en Caracas, Nicolás Maduro mira con indiferencia confiado en su control sobre la Fuerza Armada Nacional y apostando a una población resignada. Dispuesto a imponer una “normalidad relativa y vigilada”.

Pedro Benítez (ALN).- Con las mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela sufre la peor escasez de combustible de su historia. Pero parece que Maduro no ve en eso un fracaso sino una oportunidad para reforzar el control sobre la población. Pero esa es una opción. Puertas adentro del régimen se debate y se puja por otra.

Zenaida Amador (ALN).- Los precios del petróleo se hunden y con ellos las últimas posibilidades de que la crisis en Venezuela fuera menos severa de lo esperado incluso antes del brote global del coronavirus. La precariedad es tal que sólo se pueden esperar ingresos petroleros por el orden de los 5.000 millones de dólares para todo el año, con los que será imposible atender los requerimientos básicos del país como la gasolina y los alimentos, que ya no se producen en el territorio. Mientras tanto, los venezolanos movidos por la necesidad desoyen las restricciones de la cuarentena para buscar opciones diarias para sobrevivir, a sabiendas de que sólo se espera un panorama desolador.

Pedro Benítez (ALN).- Una furia está a la vuelta de la esquina en Venezuela y no es precisamente “la bolivariana” con la que amenaza Diosdado Cabello a la oposición. El detonante puede ser el grave desabastecimiento de gasolina que ha paralizado al país. Esa es una crisis en desarrollo más urgente que una posible intervención militar extrajera.

Juan Carlos Zapata (ALN).- La producción petrolera de Venezuela ya está en los mínimos de los mínimos. El precio del petróleo también. Para Petróleos de Venezuela, PDVSA, lo que marque el mercado tampoco es el precio real, porque está obligada a vender con descuentos. La producción hoy no supera los 350.000 barriles diarios. Y no hay gasolina en el país con las reservas de petróleo más grandes del planeta. La falta de gasolina es un problema económico, y también político.

José Guerra (ALN).- Con el país paralizado por la pandemia el consumo se ha reducido drásticamente pero tampoco se pueden movilizar los alimentos desde los centros productores hacia las plazas de consumo y ese va a ser un asunto que concentrará la atención en los próximos días. Preparémonos: la crisis de la gasolina está aquí.

José Guerra (ALN).- La pandemia del coronavirus agarró a Venezuela inmunosuprimida. Es tal el estado de vulnerabilidad y precariedad que los efectos del virus todavía no se han sentido, pero lamentablemente se van a hacer evidentes con los días por venir. Las medidas de resguardo personal y el distanciamiento social, expresado en cuarentenas, tal como se ha aplicado, pueden ayudar a contener la propagación de la enfermedad. Pero crean otros problemas. El más importante es el hambre que amenaza a los venezolanos.

Zenaida Amador.- Que Nicolás Maduro haya acudido al Fondo Monetario Internacional (FMI) para solicitar 5.000 millones de dólares en financiamiento es sólo una muestra de la gravedad del cuadro que enfrenta Venezuela, cuyas dimensiones reales son difíciles de precisar en medio de la opacidad y de la incertidumbre que sume a los venezolanos mientras el Covid-19 se expande por el territorio nacional.

Zenaida Amador (ALN).- La crisis de la economía venezolana entró en una nueva etapa donde la precariedad es la que hace posible sostener en mínimos operativos a sectores fundamentales como el petrolero y el eléctrico, mientras se acentúan las distorsiones que aniquilan la capacidad de compra de la mayoría de los venezolanos y van arrasando con lo que todavía queda en pie del aparato productivo. Es un efecto constrictor que se acentúa sin que se vislumbren en lo inmediato salidas al conflicto político.