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Juan Diego Castro

Leticia Núñez (ALN).- El próximo 1 de abril los costarricenses tienen una nueva cita con las urnas. Elegirán presidente entre dos polos opuestos: el predicador Fabricio Alvarado, con un discurso conservador y a favor de los valores cristianos, y el candidato del oficialismo, Carlos Alvarado, el único que se ha mostrado 100% a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Lejos quedó la amenaza populista de Juan Diego Castro. El Donald Trump costarricense apenas logró 9,4% de los votos.

Leticia Núñez (ALN).- Puede pasar cualquier cosa. Las encuestas, que hace apenas una semana daban como favorito al populista Juan Diego Castro, ahora sitúan en primer lugar al diputado evangélico Fabricio Alvarado. El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a favor del matrimonio igualitario, que Costa Rica debe aplicar, ha dado un vuelco a la campaña copando todo el debate. Pero, sin duda, lo que reina es la indecisión. Más de un tercio de los costarricenses aún no tiene decidido a quién votará. Hay cinco candidatos con opciones de pasar a la segunda vuelta y ninguno supera el 17% de apoyos. Nunca hubo tanta incertidumbre en un país tan próspero.

Redacción (ALN).- El candidato populista Juan Diego Castro ha hecho de la lucha contra la corrupción su principal caballo de batalla y se coloca como favorito en las encuestas de intención de voto. Sin embargo, reina la indecisión. El 34% de los electores no sabe a quién votar en las elecciones presidenciales del próximo 4 de febrero.

Leticia Núñez (ALN).- A menos de dos semanas para los comicios presidenciales en Costa Rica, el populista Juan Diego Castro y Antonio Álvarez Desanti (Partido Liberación Nacional) están empatados, aunque ninguno se acerca al 40% necesario para llevarse el triunfo en la primera vuelta. Juan Carlos Hidalgo, analista sobre América Latina en el Cato Institute, advierte que Castro “es un tipo peligroso para la democracia” y que guarda “muchas similitudes con Trump”. Entre ellas, una relación hostil con la prensa y “un autoritarismo de no soportar las críticas”.

Leticia Núñez (ALN).- Costa Rica celebrará elecciones el próximo 4 de febrero. No hay reelección inmediata, por lo que el mandatario, Luis Guillermo Solís, dejará el cargo en mayo. Juan Diego Castro, del Partido Integración Nacional, parte como favorito. Lo hace al frente de una formación política que no ha logrado diputados desde 1998 y con una retórica populista de derechas. “El país nunca ha tenido un discurso de ese calibre, con una campaña muy inspirada en la actitud de Donald Trump”, advierte Ilka Treminio, directora de Flacso en Costa Rica, a ALnavío.

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Alonso Moleiro (ALN).- El candidato presidencial Juan Diego Castro, apodado ‘el Donald Trump de Costa Rica’, encarna una especie de variante subregional de los fenómenos populistas globales. Con un estilo frontal, cuestiona la corrupción y promete acabar de raíz con la delincuencia y la impunidad. Castro ofrece un gobierno cibernético, que rinda cuentas directas a los ciudadanos, y castigar ejemplarmente los desafueros administrativos. Como suele suceder con estos meteoros carismáticos de citas electorales, tampoco es muy amigo de la prensa.

Leticia Núñez (ALN).- Expertos consultados por ALnavío sostienen que quien resulte ganador en las elecciones del próximo 4 de febrero “no podrá seguir posponiendo las grandes decisiones” que necesita Costa Rica. Asumirá la Presidencia de un país con el desempleo juvenil más elevado de América Latina, con la desigualdad en aumento y “sin recursos”. Según Juan Carlos Hidalgo, analista del Cato Institute: “El gobierno se quedó sin plata”.

Leticia Núñez (ALN).- El país centroamericano celebra elecciones el próximo 4 de febrero bajo la amenaza populista. Juan Diego Castro, del Partido Integración Nacional, lidera las encuestas, aunque lejos de la mayoría suficiente para ganar en primera ronda. Mientras unos le califican como “una cruel realidad”, otros advierten “su reconocida propensión autoritaria”. Y si en algo coinciden la mayoría de los analistas es en que se trata de una candidatura “alarmante” en la democracia más antigua de Latinoamérica.