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Edición testing    9 de julio de 2020

Lenín Moreno

Daniel Gómez (ALN).- No sólo es la letalidad del coronavirus, ni un pobre sistema de salud, ni lo pronto que atacó el virus a Ecuador. Lo que ocurre en el país, donde la semana pasada había cientos de cadáveres en las calles, es fruto de la desigualdad, la polarización provocada en los 10 años de gobiernos de Rafael Correa y lo debilitado que está el Ejecutivo de Lenín Moreno.

Rogelio Núñez (ALN).- Los gobiernos de Haití, Colombia, Chile y Ecuador que, a diferencia del gobierno de Bolivia, sobrevivieron a los estallidos sociales de finales de 2019, están tratando de volver a recuperar la iniciativa política perdida a raíz de aquellos sucesos.

Daniel Gómez (ALN).- Hoy el oasis de Latinoamérica es Perú. Y parte de la responsabilidad la tiene el presidente, Martín Vizcarra, quien ha sabido gestionar un entorno político complejo marcado por la corrupción. De ahí que su popularidad sea la más alta de todos los países de la región. No pueden decir lo mismo otros mandatarios como Sebastián Piñera, Lenín Moreno, Iván Duque y Jair Bolsonaro. Ni siquiera Andrés Manuel López Obrador, quien llegó al gobierno con altas cuotas de apoyo popular.

Caleb Zuleta (ALN).- Brasil es el país con el más bajo índice de tensión política en América Latina. La más reciente medición de BBVA Research ubica a Brasil en una holgada posición, en un nivel de casi 0,0 de una escala que tiene a 1,0 el pico más alto.

Por Juan Carlos Zapata.- Alberto Fernández está rodeado. Asume la presidencia de Argentina acosado por problemas de alto riesgo interno y por un entorno internacional que le demanda foco y dedicación. El peronista no tiene un camino fácil.

Caleb Zuleta (ALN).- El presidente de Ecuador ratifica que en las protestas de octubre participaron “asalariados maduristas”. Lenín Moreno dice que hay pruebas. Que la Fiscalía tiene las pruebas. Que lo que hicieron esos agentes maduristas, “los desmanes” que causaron, nunca antes se habían visto en el país.

Juan Carlos Zapata (ALN).- Por allí dicen que Dios reparte las cartas. Que a unos les salen cartas malas y convierten esas cartas malas en una jugada buena, y ganan. Que a otros les salen cartas buenas, y hay quienes aseguran la mano con esas cartas buenas, pero que otros en cambio la botan, aun teniendo cartas buenas. Pierden el juego y despilfarran la suerte. En esta encrucijada puede encontrarse Guaidó. En cómo juega las cartas.

Rogelio Núñez (ALN).- Detrás de las protestas, manifestaciones y marchas que recorren América Latina desde hace casi dos meses existe un común deseo y necesidad por parte de la ciudadanía de que la región se desarrolle, crezca, y que lo haga con equidad. Dado que para construir esa equidad hay que partir de un crecimiento y expansión previa, Latinoamérica se halla en el peor de los mundos para conseguir su objetivo: en estos momentos la región no crece -al menos no con la suficiente fuerza- y como consecuencia promover la equidad se convierte en un imposible.

Ysrrael Camero (ALN).- ¿Cuánto hay de distinto y cuánto de común en las protestas que se despliegan hoy en Latinoamérica? ¿Qué las une y qué las separa? ¿Son acaso fruto de dos conspiraciones mundiales que chocan localmente o expresan agendas sociales internas, sectoriales, regionales o nacionales?

Rogelio Núnez (ALN).- El regreso del peronismo a la Casa Rosada con Alberto Fernández como presidente a partir del 10 de diciembre supone asimismo la vuelta de la líder y caudilla del kirchnerismo, Cristina Kirchner, al centro del poder ahora en calidad de vicepresidenta y factótum de la candidatura del mandatario electo. La estela de Cristina Kirchner podría ser seguida por otros como Rafael Correa en Ecuador, Lula da Silva en Brasil, Leonel Fernández en República Dominicana e incluso por el recién defenestrado Evo Morales.

Pedro Benítez (ALN).- Los acontecimientos indican que si el Foro de Sao Paulo tiene un plan este no se está cumpliendo a la perfección como se han ufanado Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Ni perfecto, ni infalible. Por el contrario, la “brisa bolivariana” no se ha llevado (por ahora) ni a Lenín Moreno ni a Sebastián Piñera, sino a Evo Morales.

Pedro Benítez (ALN).- Los dos principales herederos del régimen chavista están contentos por las protestas en Chile y Ecuador. Tienen algo más que un respiro. Pero ellos saben que las cosas no han salido como las planearon. También están sorprendidos y temerosos del efecto contagio que no se detiene en regímenes de izquierda o de derecha. El segundo a bordo del régimen chavista, Diosdado Cabello, transmite euforia en sus intervenciones públicas. Desde su punto de vista no es para menos. La ola de protestas primero en Ecuador y luego en Chile lo tiene en regocijo. Nicolás Maduro por su parte está satisfecho pero es más prudente.

Juan Carlos Zapata (ALN).- Evo Morales insiste en la versión del golpe de Estado. Porque a la oposición siempre hay que marcarla como golpista. Es el libreto de Hugo Chávez y el chavismo. Evo Morales dice que el golpe de Estado está en desarrollo. Y la oposición lo que ha hecho es anunciar la creación de una Coordinadora Democrática con el fin de defender el resultado electoral y apurar una segunda vuelta. Evo Morales acusa a la oposición de vendepatria. No hay diferencia con el lenguaje con el que Hugo Chávez y el poder cubano y Nicolás Maduro descalificaban y siguen descalificando a la oposición en Venezuela.

Caleb Zuleta.- Mario Vargas Llosa siempre tiene una opinión sobre Venezuela. Y no resiste la tentación de hablar sobre lo que él define como un caso triste, un caso trágico. El Premio Nobel mantiene una conexión sentimental con Venezuela. Y le preocupa Venezuela. Por estos días Mario Vargas Llosa no ha dejado de hablar de la crisis de Venezuela. Su nueva novela. Tiempos Recios, le ha servido la oportunidad.

Pedro Benítez (ALN).- La verdad es esta: gobiernos como los de Lenín Moreno, Mauricio Macri e incluso Jair Bolsonaro están cargando con la cuenta de los tres lustros de fiesta populista pagada por el auge de las materias primas que disfrutaron Rafael Correa, la pareja Kirchner y la dupla Lula da Silva-Dilma Rousseff. Estos tuvieron suficientes recursos para financiar toda clase de subsidios a sus clientelas políticas mientras por otro lado sostenían sus respectivas y mutuas redes de corrupción. Ahora alguien tiene que pagar la cuenta y el costo político.