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Zenaida Amador.- Juan Guaidó ha ido abonando el terreno para conectar el malestar social con la protesta política e ir desmoronando las bases sobre las que Maduro sostiene operativamente su régimen en las distintas instituciones públicas, incluyendo la castrense, intentando así que se produzca la salida de Maduro por una vía menos costosa y dolorosa, lo que permitiría avanzar más rápidamente hacia la gobernabilidad del país y hacia una elección libre que abra paso a la restauración del hilo constitucional en Venezuela. La apuesta de Guaidó es al quiebre interno del régimen.

Zenaida Amador (ALN).- La radicalización del régimen de Nicolás Maduro alcanzó un estadio superior este 23 de febrero a pesar de que los ojos del mundo estaban centrados en Venezuela. No sólo bloqueó el acceso al país de la ayuda humanitaria, sino que para hacerlo se valió de colectivos civiles armados y otros grupos de choque con saldo de al menos dos asesinados y 66 heridos. Maduro cerró la puerta a las opciones conciliadoras y, con su respuesta, lanzó un reto a la comunidad internacional.

Pedro Benítez (ALN).- Secuestros de menores de edad, detenciones arbitrarias, razzias en los barrios y ejecuciones extrajudiciales son el coctel represivo con que los brazos policiales que acatan a Nicolás Maduro ponen a raya la protesta popular en Venezuela. Mientras la comunidad internacional busca salidas políticas al drama venezolano, las siniestras Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) ponen en práctica su propia versión de la caravana de la muerte en los barrios más pobres del país.
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Pedro Benítez (ALN).- Nicolás Maduro aún manda pero no gobierna. En cambio, Juan Guaidó comienza a mandar y a gobernar. El primero conserva el control de los aparatos de inteligencia y la policía política, pero no puede tomar medidas de gobierno. El segundo apenas tiene escolta, pero comienza a dar pasos para concretar el gobierno de transición. El centro de gravedad del poder político en Caracas se está moviendo.